Martes, 14 de agosto de 2018
Temas de hoy
  • Corrupción
  • Hurto calificado
  • Amenazas
  • Líderes sociales
  • Protección del medio ambiente


Nuestra antigua Provincia

Publicado: Domingo, 15 de abril de 2018  |  9:12 am
Gustavo García Vélez

Leer documentos antiguos es como entrar al túnel del tiempo, para saber cómo eran las cosas antes de que nosotros existiéramos. Estos conocimientos nos ayudan a entender lo que fuimos, explican lo que somos... y lo que podemos llegar a ser.

Comparte

El educador cartagüeño Heliodoro Peña Piñeiro, a sus 46 años, fue el autor del texto escolar titulado “Geografía e Historia de la Provincia del Quindío – Departamento del Cauca”, publicado en Popayán en 1892 por la Imprenta Departamental. Contiene las monografías de todos los municipios que en ese entonces hacían parte de nuestra Provincia, de la cual era capital Cartago. Sobra decir que los actuales departamentos no existían, porque solo fueron creados en la reforma territorial del presidente Rafael Reyes, ya a comienzos del siglo 20.

Este inmenso territorio iba desde el municipio La Victoria (que comprendía al que hoy es Zarzal, con límite en el río La Paila) y hasta Villamaría, que también pertenecía al departamento del Cauca. Manizales, en la otra margen del río Chinchiná, hacía parte de Antioquia. Por eso he bautizado a mi ciudad, Cartago, como “La Mamá del Centro-Occidente Colombiano”.

Leer documentos antiguos es algo así como entrar al túnel del tiempo, para saber cómo eran las cosas antes de que nosotros existiéramos. Estos conocimientos nos ayudan a entender lo que fuimos, explican lo que somos...y lo que podemos llegar a ser. Ortega y Gasset decía que: “El pasado no está ahí y no se ha tomado el trabajo de pasar para que lo ignoremos, sino para que lo integremos. Como dejemos algo de él fuera, estamos perdidos”.

Es, pues, este libro para escolares, la fuente en donde aprendieron los abuelos la historia y la geografía de esta parte de Colombia. Y figuran allí, no solo los nacimientos de todos nuestros municipios, sino sus datos estadísticos -las distancias están en leguas y varas, medidas heredadas de los españoles, antes de la implementación del sistema métrico decimal- recopilados personalmente por Don Heliodoro.

Contiene, además, el texto completo de la carta de venta del muy extenso terreno en el que hoy está Cartago, que otorgan los esposos Miguel Ortés y María De la Yuste a favor de Baltasar Pantoja, firmada el 02 de mayo de 1592. Y la relación de los lotes de ese mismo que, en 1701, le fueron comprados por 106 cartagüeños a Tomasa Izquierdo, viuda de Tomás Antón De Rojas, luego de la traslación en 1691 del lugar de su fundación original, en donde queda Pereira.

Fue este su muy responsable trabajo de campo, que contribuyó a conocer más y mejor a nuestra entonces Provincia del Quindío, cuando el actual departamento que ostenta ese nombre ni siquiera había sido creado y su capital, Armenia, estaba apenas recién fundada (1889). Y Pereira tenía solo 29 años, porque apareció a la vida pública a partir de 1863 por la voluntad de varios cartagüeños, encabezados por el cura Remigio Antonio Cañarte y Figueroa (sobrino nieto de quien fuera el último Alférez Real de Cartago, el señor doctor don Joan Joseph Ruiz De Salamando y Franco-Nieto) y don Jesús María Hormaza Niño, además de un numeroso grupo de colonos antioqueños pobres, que ya se habían asentado en esos terrenos creyéndolos baldíos.

Esas tierras en realidad eran propiedad de otro hijo de Cartago, el doctor José Francisco Pereyra Martínez, quien fue representante a la Cámara y senador, ministro del Interior y de Justicia y de Relaciones Exteriores, presidente de la Corte Suprema de Justicia, Consejero de Estado, profesor universitario y postulado como candidato presidencial, honor que no aceptó. Como quien dice... “casi nadie”.   

Además de Cartago -con los caseríos de Santa Ana, Gutiérrez (hoy extinguido, entre los ríos Cauca y Otún), Zaragoza y La Paz, actual Cerritos; y de Filandia, que era su corregimiento-, el orden en que aparecen los municipios en este libro, los cuales tenían la denominación de distritos, es el siguiente: Pereira con su corregimiento Segovia (actual Marsella); Santa Rosa de Cabal; San Francisco (hoy Chinchiná) y su corregimiento Palestina; María (Villamaría); Salento con sus corregimientos Circasia, Calarcá y Armenia; Victoria y el corregimiento Obando (hasta 1850 fue al revés); La Unión; Toro -casi tan antiguo como Cartago- con Ansermanuevo que era su corregimiento, además de los caseríos Hatillo, Bohío, Bayano, Punta y Virginia. Relaciona también a Condina (en ese tiempo ya desaparecido) y Furatena, el actual Alcalá.  

En aquella fecha, fuera de Cartago el más poblado era Pereira con 10.000 habitantes. Santa Rosa tenía 8.000, San Francisco 5.000, María 5.000, Salento 4.000 (su corregimiento Armenia 1.000), Victoria 2.000 (la cabecera de Obando 1.500), La Unión 2.000, Toro 3.000. Estos distritos, además de sus cabeceras comprendían los caseríos antes mencionados, con un promedio de 1.000 habitantes. Pero Filandia contaba con 4.000 y Segovia 3.000. La población total de esta nuestra antigua Provincia era de 71.000 habitantes.  

Santa Rosa de Cabal fue la primera población fundada por antioqueños (1844) en el territorio que se llamaba Provincia del Quindío, capital Cartago. Vino luego una verdadera avalancha de colonos, promovida no solo por el excesivo número de habitantes que ya tenía Antioquia -cuyos terrenos nunca fueron muy fértiles y el hambre ya se sentía-, sino porque había propietarios de inmensas extensiones de tierra, con títulos expedidos por la corona española desde la época de la Colonia.

Es el caso de la Concesión otorgada a un súbdito de apellido Aranzazu, a cuyos herederos les convenía esa inmigración que valorizaba sus terrenos con las mejoras que se daban con las siembras y, precisamente, con las fundaciones de esas poblaciones. Pereira creció tan rápido por eso: la segunda oleada de paisas inmigrantes llegó ya financiada por acaudalados inversionistas, que vieron la posibilidad de adquirir terrenos por estos lares.

Don Heliodoro termina su “Geografía e Historia de la Provincia del Quindío-Departamento del Cauca” con esta esperanzadora sentencia: “(...) Por lo general las poblaciones de la Provincia del Quindío, cuya posición geográfica es ventajosa, cuentan con elementos favorables de progreso que tendrán más tarde o más temprano su desarrollo gradual bajo el amparo de instituciones benéficas y a la sombra de la paz, que es la precursora de todo bien”.

No olvidemos que este texto de estudio para estudiantes en los establecimientos públicos y privados, fue publicado en 1892, cuando nuestra república había sufrido ya varias décadas de guerras civiles... y se preparaba para la más sangrienta: la de los Mil Días, con la que entramos al siglo 20. Esas “instituciones benéficas” de las que habla Don Heliodoro, hoy podrían ser -paradójicamente- la reaparición institucional de las antiguas Provincias en toda Colombia, como lo propuso Carlos Lleras Restrepo... y convertir a la nuestra (con otro nombre: ¿Quimbaya-Robledo?) en el prototipo para todo el país. Porque lo merecemos: Cartago fue “la mamá del centro-occidente colombiano”... como lo hemos recordado con este libro de un cartagüeño ejemplar.

Coletilla 1: Oí por RCN-Radio que es tanta la preocupación por el uso que los niños le dan a sus celulares, que en Corea relanzarán para ellos el antiguo, sin internet y solamente para llamadas y fotografías. Y que “what´s up” prohibirá en Europa el uso de esta aplicación para menores de 16 años. Es que tienen ya una vida casi exclusivamente virtual, alejada de la realidad de sus entornos. Viven pegados a ese aparato, en el que en la gran mayoría de las veces solo encuentran temas que ni siquiera entienden. Así se impedirá, digo yo, que cunda el mal de este siglo: el síndrome “celu-bobo”. Es preferible... que sigan con “Condorito”. Y también es una buena noticia para adultos a los que no nos interesan el “feisbú”, ni el “guasá”, ni el “tuiterio”.  

Coletilla 2: Los conductores de vehículos (hasta motos) ya demuestran respeto por los peatones en las cebras de los separadores del Parque de Bolívar de Cartago. Me dicen que en ciudades vecinas todavía manda el irrespeto por los que caminan. O sea, que aquí no es solo por la vigencia del nuevo Código Nacional de Policía... sino por sentido de pertenencia. Que buen síntoma. Pero ¿cuándo cumplirán con su deber las autoridades encargadas de controlar el ruido? Porque es ya una agresión el casi permanente desfile de automotores con altavoces a todo volumen, promocionando cualquier pendejada.

Coletilla 3: Como es apenas obvio, dejo aquí consignado mi desconcierto por lo sucedido con periodistas en Ecuador. Y qué ejemplar la reacción de los ciudadanos de allá, que no están saturados (ni anestesiados) como nosotros, por estos repudiables actos.

Gustavo García Vélez | CiudadRegion.com

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

Anuncio
Anuncio