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Nuestro padre rió

Publicado: Domingo, 06 de noviembre de 2016  |  9:07 am
Gustavo García Vélez

¿Nuestro padre río? ¿Nuestro padre rió? Pues sí, eso fue. Rió nuestro padre, el río (“¿conque no tienen agua?”). Se burló de todos pero, como el caballero borracho, no se olvida de serlo y vuelve a ponerse en su punto… después de haberle cantado la tabla al que se le atraviese.

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Se rebotó “La Vieja” y buscó su antiguo cauce. Se volvió travieso por las caricias recibidas de las aguas lluvias y, sin tener en cuenta su fuerza, se salió de madre el padre río. Padre irresponsable, que atenta contra el bienestar de su familia.

Nunca había estado yo en el punto extremo del noroccidente de mi ciudad. Desde allí, la majestuosa imagen del río crecido me produjo un sentimiento indescriptible y unos deseos de establecer, ahí mismo, un “poeteadero”, un lugar donde pudiera también retozar -sin vergüenzas, sin penas pero sin vanas glorias- esa musa esquiva, que no se entiende con doña Razón. Y al fondo, los pisos postreros de los pocos edificios altos que han brotado en Cartago y que son como unas ganas de crecer. Es una visión distinta, porque también es diferente el punto de vista. Antes todos los días el río quedaba por delante, cuando venía de Pereira, de las clases de “natación” en la Facultad de Derecho. Pero ahora, estando en Cartago, también aparece por delante y eso me causa una sensación de extravío, de desorientación. Es como si, parado en ella, viera a mi propia tierra desde la otra orilla -la derecha, la pereirana-, que no es la opuesta, sino, sencillamente, la otra línea paralela de esa costura peretagueña que es nuestro común padre, nuestro río “De La Vieja”, que reparte inundaciones a diestra y siniestra, como firmando extemporáneamente el Acta de Integración y como si quisiera recordar -en su idioma- el compromiso pactado por sus hijos, aunque sea con un poco de castigo.

Padre río que busca su viejo cauce -dando ejemplo a sus críos, asentados en ambas orillas-, señalando la vieja ruta, que no es tan nueva como algunos creen. Viejo río, que con su rumor de fuerza tranquila y juguetona, repite en lengua fluvial el discurso del alcalde de Pereira -el señor discurso del señor alcalde- el día de Puente Bolívar. Sí señor, la nueva ruta es la vieja ruta. Como quien dice, un cambio de ruta, un buen giro como el del río en la esquina antes desconocida.

Me vuelve ahora ese acoso fastidioso de misiá Razón, que no alcahuetea -como las musas- las palabras ambiguas, ni los textos ociosos, oscuros para el profano, para aquel que es un neófito en los “poeteaderos”. ¿Nuestro padre río? ¿Nuestro padre rió? Pues sí, eso fue. Rió nuestro padre, el río (“¿Conque no tienen agua?”). Se burló de todos pero, como el caballero borracho, no se olvida de serlo y vuelve a ponerse en su punto…pero después de haberle cantado la tabla al que se le atraviese. Como el borracho caballero que se orina en un andén, tal cual lo hizo el Maestro San Sinéxtilo Kórtex (ese loco amigo que, sobrio o no, le canta la leta leta al que sea), en nuestra correría lluviosa por esa amenazante acera izquierda de “La Vieja”, casi marcando jurisdicciones y asentando títulos de propiedad donde nunca habíamos estado, en esa baranda de nuestra cuna que no conocíamos. Ese Loco Cuerdo que responde al deseo burlón del paisano: “Hasta luego, que se mojen”, con un certero: “Adiós, ¡que se inunden!” (Dos sedientos jugando con agua).

Bueno, qué risa. Con tal que no sea esa la cuota inicial de las casas en los barrios noroccidentales de esta tierra, donde hasta las piedras piensan, los burros hablan y el río…ríe.

(Aun cuando sea hoy, martes de Peretago… y de inundaciones) ¡Qué desborde, Germán!

(Publicado, por los días de una de las tantas inundaciones provocadas por nuestro río “De la Vieja”, en el diario “La Tarde” de Pereira, el 06 de noviembre de 1984 (hace 32 años exactos), en la columna “Peretago” que el autor tenía en ese entonces en dicho medio de comunicación social. También recuerda que el jefe de redacción de ese diario se llamaba Germán. En este invierno de noviembre de 2016, este escrito puede servir de reflexión -y hasta de prevención- para los residentes en la margen izquierda de nuestro río, que tienen todavía la “espada de Damócles” en sus cuellos, esperando la próxima inundada. Pero, especialmente, para las autoridades, que tienen la obligación de solucionar este muy grave problema. Y, a propósito de San Sinéxtilo Kórtex… ¿alguien sabe en dónde está? Porque no se ha vuelto a ver recorriendo, con su paso cansino, estas largas calles cartagüeñas. Los lectores pueden colocarle la tilde a rio… en la vocal que quieran).

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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