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El nuevo acuerdo

Publicado: Domingo, 20 de noviembre de 2016  |  9:14 am
Gustavo Duncan

Es falso que el nuevo acuerdo solo contenga cambios cosméticos y que las preocupaciones de fondo de los del ‘no’ hayan sido tomadas a la ligera.

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En contra de los malos presagios y la incertidumbre que nos llevó a muchos a votar por el ‘sí’, pese a ser conscientes que el acuerdo original tenía muchos inconvenientes, el triunfo del ‘no’ ha demostrado que era posible una renegociación que imprimiera mayor legitimidad al proceso. Sobre todo porque es falso que el nuevo acuerdo solo contenga cambios cosméticos y que las preocupaciones de fondo de los del ‘no’ hayan sido tomadas a la ligera.

Para las víctimas de las Farc fue un paso gigante que, además de restringir las condiciones de ubicación de los jefes de la guerrilla, los nuevos términos exijan un inventario con todos sus bienes y patrimonios y que sean utilizados como parte de la reparación. Hay una gran diferencia entre ser reparado por el Estado y ser reparado directamente por el victimario. Esta diferencia tiene que ver con la predisposición a perdonar ante una actitud distinta por las Farc.

También se logró depurar muchos de los mecanismos y procedimientos judiciales para evitar cacerías de brujas por operarios de la Justicia. Se le puso controles a la unidad especial adjunta a la Fiscalía que iba a perseguir al paramilitarismo y se revirtió el nombramiento de Alexandra Valencia como directora, quien ya había acusado sin mayores pruebas a empresas como Postobón de ser perpetradoras del paramilitarismo. Se exigió que los testimonios estuvieran sustentados en material probatorio adicional y se extendió el tema de terceros responsables a otros actores del conflicto distinto a los paramilitares, una premisa mínima de igualdad en la aplicación de justicia.

Al tiempo que se les dio mayores garantías a los empresarios e inversionistas del campo no se tocaron concesiones justas a los sectores en mayor desventaja del campesinado. El fondo de tierras con 3 millones de hectáreas y la titularización de 7 millones de hectáreas permanecieron dentro del nuevo acuerdo. Eso, junto a las exigencias de programas de sustitución de cultivos, quizá sea el legado social más importante de lo pactado.

En lo que no ocurrieron cambios fue en la elegibilidad política de los mandos de las Farc. Para ellos el asunto de la participación en las elecciones es una cuestión de dignidad y de principios. Al margen de si tienen razón o no, el argumento que se fueron a la guerra y luego se decidieron por la paz por razones políticas es coherente con la renuencia a ceder en este punto.

No son los anteriores todos los cambios y limitaciones del nuevo acuerdo, pero sí los más sustantivos. La pregunta es ahora si el uribismo, ¿aceptará los nuevos términos y se podrá proceder a la fase de implementación? No todo depende de los cambios introducidos y el malestar por el punto de la participación política. Como se tramite en el campo simbólico la aceptación del nuevo acuerdo con los del ‘no’ también importa. Y allí Santos comenzó muy mal, incumplió su promesa de presentarle los acuerdos antes que al resto de la sociedad. Ese desafío exige a los del ‘no’ una posición más dura para no quedar como débiles dado que, para bien o para mal, este pulso de fuerza entraña enormes efectos en las elecciones presidenciales de 2018.

Ojalá algún sector encuentre una fórmula que permita a los representantes del ‘no’, en particular al uribismo, exigir cambios que lo dejen bien parado frente al desplante de Santos pero que no sean insalvables ni posterguen mucho las negociaciones.

Gustavo Duncan / Sigue en Twitter @gusduncan

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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