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El nuevo poeteadero

Publicado: Domingo, 10 de julio de 2016  |  12:40 am
Gustavo García Vélez

Algunos de mis artículos publicados en esta página web, no han perdido actualidad, no obstante que fueron escritos hace años y se convierten, por eso mismo, como en fotografías instantáneas de un momento en la vida de Cartago (…) Este de hoy muestra otro de los muchos intentos para que los “intelectuales” -si es que los hay en Cartago… que lo dudo- nos descresten con su estro poético.

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Anoche y delante de unas imágenes que, como íconos del mejor de los cartagüeñismos, recibieron a los invitados, la “Galería Vídeo Arte 444” inauguró sus jueves culturales que, con el novelero nombre de moda de “conversatorios”, quieren mantener sus propietarios. Porque la moda es la moda y los viernes culturales... ya se llaman jueves.

Esas imágenes que vi y de las que les hablo, son sendas reproducciones. Una, de la Casa del Virrey tal como la conocimos todos los cartagüeños, antes de que otra novelería, absurda y aceptada como una violación entre dormidos, nos borrara todos los recuerdos de infancia a quienes, en la Casa del Virrey -con el ladrillo a la vista y sin empañetar- aprendimos a amarla.

La otra, una bella reproducción de nuestra Catedral, con una inexplicable corona de bombillos multicolores a sus pies, entre los que brillaba, por su ausencia, el rojo, tal vez como una traición del subconsciente de los avezados maestros de la ceremonia; o como un semáforo que, después del amarillo de las últimas administraciones municipales, le diera el verde nuevamente al color azul; o que alertara sobre otro posible atentado cultural, esta vez a cualquier afán de maquillarle la cara a la Virgen del Carmen. Porque casos se han visto; y la empañetada y pintada de blanco de la Casa del Virrey, sin siquiera consultarle a los cartagüeños -como si ese monumento público todavía hiciera parte de la sucesión intestada del patrimonio particular de los Marisancena-, es el botón que sirve para cualquier muestra.

El motivo de la inauguración de anoche fue la presentación en nuestra sociedad del libro de algunos de los cientos de poemas cometidos por el doctor Aldemar Medina Rodríguez, que él quiso titular con el anacrónico nombre de “Los Poemas del Amor Constante”, en esta época de adulterios, divorcios y vueltas a casar. Y digo que anacrónico, no por ésto, sino porque todo como que es relativo, después de mister Albert Einstein.

Pero, es que las paradojas -difíciles de digerir por este pobre lego que les habla en la escasa hora y media que duró el tertuliadero- comenzaron con la música de jazz, de Louis Armstrong, Duke Ellington y Ella Fitzgerald, que recibió a los contertulios, como también la moderna instalación de video, ambas cosas con las que los anfitriones tal vez quisieron exorcizar a los duendes de esa casa vetusta, muy representativa del Cartago que fue.

Allí se encontraban -y se encontraron - gentes de todos los pelambres. Desde el señor Secretario de Educación quien, con su voluminosa presencia, representó a toda la administración municipal y avaló el nuevo poeteadero, hasta varios desconocidos que en toda ceremonia están, pasando, como no, por un congresista que fue y otro que aspira a serlo. No creo que estuvieran en plan de vetos, ni de votos. Con decir que hasta el señor Personero estaba allí, tal vez vigilando para que el otro funcionario público no cometiera alguna intervención indebida en.…. poética.

Yo confieso que, después de tantos años de letargo espiritual en Cartago; luego de décadas de sedentarismo cultural en esta urbe, lo de anoche fue algo así como una calistenia, un ejercicio de calentamiento en el que, claro, se escucharon uno que otro traquido, varios chirridos, igualiticos a los que, como cosa muy natural, se presentan en los casos en que alguien trata de corregir su enmohecimiento, su anquilosamiento, la atrofia de sus músculos en un gimnasio.

La vigorosa voz del poeta Medina Rodríguez -con el sonido de fondo del vino que el mesero estaba escanciando... al fondo- nos dio a conocer su interpretación de varios de esos poemas cometidos por él. La tapia, las vigas y los ladrillos a la vista, fueron también testigos, al lado de los monitores de televisión, de esa vitalidad asombrosa, mental y física, con la que Aldemar nos tiene ya acostumbrados, pues su misma vida, toda su vida, se refleja en sus poemas; pero más, mucho más, creo yo, en las novelas inéditas que, cuando salgan a la calle, serán como un obligado y asustador punto de referencia para conocer el pasado reciente de Cartago (ese que ni los seudo-historiadores -que por estos lares se han copiado unos a otros- se han ocupado, ni siquiera preocupado, por parir.)

Un amigo de infancia, que anoche allí también estuvo y con el que en nuestra niñez jugábamos “al tipo” en nuestras casas; que me invitó a su cumpleaños número 12, al que, claro -como muy buen hijo de mis padres y excelente alumno de Adelfita Campo García y de Don Miguel Villegas Páramo-, correspondí en debida forma, con la invitación al mío; ese amigo de infancia, digo, con ojos casi suplicantes me pidió nombres de varios de los presentes, con el argumento, tal vez muy propio, de que yo conozco de antiguos y de nuevos cartagüeños y el sólo los de viejo cuño.

Muy a mi pesar tuve que abstenerme de responderle a mi amiguito de la niñez (a quien, como a los espejos -debo confesarlo-, no me gusta mucho mirarlo porque cada día me parece más viejo) por la potísima razón de que yo también como que ya no distingo a los cartagüeños de nuevo cuño…. así sean secretarios de despacho.

Pero no me aguanto las ganas, para terminar, de leerles par sonetos, de esos que el señor Personero llamó anoche “aldemarinos”. Son éstos que, a pesar de sus nombres - “Me dieron al revés” y “Loco volante”-, nada, pero que nada ole, tienen que ver con un accidente vehicular; ni mucho menos, con el esperado -muy esperado- nombramiento del nuevo Secretario de Tránsito Municipal. Por el contrario, son una muestra de la excelente factura con la que Aldemar Medina Rodríguez nos cuenta su paso por esta vida. Y hay que decir que la suya, es como una novela... pero sin novelerías.

(Algunos de mis artículos publicados en esta página web, no han perdido actualidad, no obstante que fueron escritos hace años y se convierten, por eso mismo, como en fotografías instantáneas de un momento en la vida de Cartago. Por ejemplo: los “memes” -que no son de aquí- siguen de limosneros en estas largas calles y uno esperaría que algún caritativo y muy sensible propietario de un almacén de ropa los vista… o se los lleve para su latifundio y les ceda un buen lote para que vivan allá. Y la ostentosa malversación de los dineros del fisco en la construcción de lo que llamé “el muro de las lamentaciones”, sigue sin castigo y los corruptos… “como si nada”, paseándose tranquilamente por ahí. Y este de hoy muestra otro de los muchos intentos para que los “intelectuales” -si es que los hay en Cartago… que lo dudo- nos descresten con su estro poético. Pero, por lo visto, parece que no, que solo ha sido “arrechera de tábano” y esas hormonas no han podido convertir a la frenética oruga en una luminosa crisálida. Por eso, ya es común el dicho de que “en Cartago pasa de todo… y no pasa nada”. El anterior escrito -que también hará parte de su libro “¡Que venga un virrey!”- fue leído por su autor, a través de la emisora “Ondas del Valle”, el viernes 14 de diciembre de 2001, en su habitual espacio de los lunes, martes y miércoles del noticiero de las 07:00 a.m., incluyendo los dos sonetos anunciados. Es bueno decir, en honor de la verdad, que el mencionado “sitio cultural” … sólo duró unos pocos meses; y que Medina Rodríguez -q.e.p.d.- fue un excelente sonetista, pero un muy cansón y aburridor prosista, con su exuberancia de adjetivos.)

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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