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Padrastros de la Patria

Publicado: Domingo, 22 de julio de 2018  |  8:28 am
Gustavo García Vélez

¿Qué Pablo Morillo pasó por las armas a muchos de esos “señoritos criollos”? Pues sí. Y por eso los convirtió en mártires. Pero lo que no se dice es que casi todos trataron de congraciarse con el nuevo amo, después de la época de “La Patria Boba”.

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Todos aprendimos, desde nuestra primaria, el cuento del florero de Llorente del 20 de julio de 1810. Que dizque le pidieron en préstamo a un español de ese apellido esa porcelana, para adornar la mesa en un agasajo. Y que este se negó y entonces los solicitantes lo agredieron. Pero que todo fue premeditado y buscado como pretexto para alborotar al pueblo en ese día de mercado en Santa Fe, porque se pretendía pedir un cabildo abierto para protestar por el mal trato a los criollos -hijos de españoles- por parte del gobierno de Madrid.

Y que fue el momento para que se luciera uno de esos “españoles de segunda mano”, José Acevedo y Gómez, a quien después se le calificó como el tribuno del pueblo por haberse echado tamaño discurso en el que dijo: “si dejáis pasar estos momentos de efervescencia y calor, mañana seréis tratados como insurgentes. Mirad los grillos y las cadenas que os esperan”. Luego se firmó un acta, dizque de independencia... pero en la que juraron seguir apoyando a Fernando Séptimo, rey de España. Todo este galimatías nos lo inocularon desde nuestra temprana infancia, cuando todavía no teníamos ningún asomo de carácter crítico.

Pero lo que nunca nos informaron, ni siquiera durante el bachillerato, fue que las cosas realmente sucedieron de  distintas maneras. Indalecio Liévano Aguirre (quien después se desempeñó como canciller en el gobierno de López Michelsen) escribió un libro que se llama “Los Grandes Conflictos Sociales y Económicos de Nuestra Historia”, en el que nos enseñó la verdadera memoria de Colombia. Allí figura José María Carbonel -“el chispero”- como el auténtico líder popular de ese 20 de julio de 1810, el que llevó a la plebe hasta la plaza trayéndola de los barrios populares... para que los “señoritos criollos” se lucieran como oradores, encaramados en los balcones. Esto no lo sabía Colombia hasta los primeros años de la década de 1960, cuando este libro fue publicado por capítulos en la revista “Semana” y Carbonel mereció entonces su estatua.

No fueron, pues, nuestros padres de la patria esos que nos enseñaron en la primaria. A duras penas alcanzan a ser padrastros. Y estos cuentos se repiten siempre en la historia de nuestro país. Por ejemplo: la figura de Antonio Nariño no alcanza en los textos oficiales la estatura que realmente tuvo. Fue él el precursor de nuestra independencia, enfrentado al poder de la metrópoli y allá, en las cárceles de Cádiz, pasó muchos años de su vida, regresando a su patria enfermo para asumir temporalmente la vicepresidencia ofrecida por Bolívar, muriendo poco después. Tampoco a José María Córdova lo colocan en donde debiera estar.

Esa parece ser la constante de los precursores, de los pioneros: que no alcanzan a ver la tierra prometida, por la que lucharon y a la que entrevieron. Los casos de Moisés y San Juan Bautista (a los que considero personajes históricos... “salvo mejor opinión en contrario”) son paradigmáticos. Como también los de Rousseau y Voltaire, fallecidos en el mismo año -1778-, porque tampoco disfrutaron del hecho de que sus enseñanzas fueron plasmadas en la Revolución Francesa de 1789.

Y años antes del tal “alarido” de nuestra independencia en 1810, a finales del siglo 18 se había producido la revolución de los comuneros en Santander, verdadero levantamiento popular en protesta por los altos impuestos (y no por la búsqueda de chanfainas para los lagartos santafereños), de la que tampoco nos hablaron -o al menos, no nos echaron el cuento completo- y solamente con el libro de Germán Arciniegas nos vinimos a empapar. La manipulación del virrey y la traición de Berbeo, quien apareció inicialmente como compañero de Galán en el alzamiento... para después entregarlo a las autoridades españolas. 

¿Qué Pablo Morillo pasó por las armas a muchos de esos “señoritos criollos” del 20 de julio? Pues sí. Y por eso los convirtió en mártires. Pero lo que no se dice es que casi todos trataron de congraciarse con el nuevo amo, después de la época de “La Patria Boba” a la que habían conducido a Colombia, por sus errores y, sobre todo, sus egoísmos. La imagen de las familias más linajudas de Santa Fé esperando la llegada del “pacificador”, engalanados y ansiosos, es tragicómica: este les “mamó gallo”... pues entró solo y sin uniforme. Los dejó esperándolo.

Ahora que hay “nuevos amos” al frente de los destinos de Colombia, es bueno reconocer que existen desde ya mentes lúcidas y críticas... que no dejan que la historia la escriban solamente los triunfadores. En los medios de comunicación y lo que llaman las redes sociales, ya aparecen sólidas opiniones de destacados comunicadores sociales, columnistas de opinión (entre ellos varias, muchas mujeres) que están dando guías de lo que realmente pasa y, en especial, del talante de quienes asumen el poder. Dejemos constancia, por hoy, de estos dos.

El escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal es una de las personas más enteradas de las cosas en este país. Y no solo de las públicas... que también de unas “deliciosas” intimidades (le oí algunas en la reciente tertulia con él en Cartago... pero no estoy autorizado para contarlas). En su residencia en Tuluá recibe la visita permanente de los más variados y hasta disímiles personajes de la vida colombiana, con los cuales intercambia opiniones. Y sus conceptos son no solamente escuchados sino además apreciados. Es que él, como buen novelista, le ve siempre el lado oculto a ciertas “verdades”. Después de su injusta salida de “La Luciérnaga” de Caracol, se inventó una página que reparte vía internet, a la que bautizó con el nombre más afín a su temperamento: “El Jodario”.

En uno de los más recientes, analiza con esa sorna suya la presentación del presidente electo y su fórmula vicepresidencial en la entrega, por parte de la Registraduría, del documento que lo acredita como el nuevo primer mandatario de los colombianos. Dice Gardeazábal: “Llegó con Martha Lucía para esa ceremonia mañé de recibir una credencial de mandatarios electos y que resultó tan grande como una sábana. En vez de mostrarla enrolladita, con la dignidad que concede el rango presidencial, se la mostraron a todos los asistentes como si todavía fueran un par de bachilleres recién graduados (...)”. Qué radiografía tan clara del talante de este par de dirigentes. Y no sería nada preocupante que parezcan unos tontos... si no se supiera quien es “el rector”.

Gloria H., columnista del diario “El País” de Cali, dijo en su columna del martes 17 de julio, refiriéndose a un programa que transmite en un medio de comunicación social un arrodillado uribista: “(...) Conecta con su grupo político, el Centro Democrático e invita a los integrantes de la mesa de trabajo a interrogarlos. Al otro lado de la línea pueden estar Uribe, Paloma Valencia, María del Rosario Guerra. Sin embargo, por salud mental desistí de ese requerimiento: con estos personajes es imposible el diálogo. Más fácil escucha una pared. ¡Si ni siquiera el papa Francisco pudo lograr que oyeran! La manera perversa como desvían las preguntas, su monotemático asunto de no ver ni un solo elemento positivo en el país actual, hace imposible la comunicación. ¿Cómo dialogar entonces con ellos? Pero a 20 días de finalizar el gobierno de Juan Manuel Santos sí queda en el tintero una pregunta que me hubiera gustado hacerles (mediría la dimensión de su corazón). ¿Existe algo por agradecerle al presidente Santos después de 8 años de gobierno? (...)”.

Pues mientras Gloria H. escribía esto y el presidente Santos pedía “moderación y unidad” en su discurso de instalación de las sesiones del nuevo congreso este 20 de julio... el patrón del nuevo mandatario difundió decenas de tuiteres criticando por enésima vez al actual gobierno, sentado al igual que sus borregos, mientras los demás congresistas aplaudían a Santos de pie. (Y qué horror: un facho reconocido como el tal José Obdulio dizque también por tuiter acusó a los soldados del batallón “Guardia Presidencial”... de ser los verdaderos causantes de los atronadores aplausos que se oyeron durante el discurso presidencial. Qué tal eso: este remendado con los hilos de su primo Pablo Escobar, dándoselas de Catón criollo).

Gustavo García Vélez | CiudadRegion

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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