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PAP… PAP… PAP…

Publicado: Domingo, 12 de noviembre de 2017  |  1:11 am
Gustavo García Vélez

En nuestro caso, acueducto para varios municipios bajando agua pura de la serranía de “Los Paraguas”, tratamientos de basuras, garantizar la presencia y permanencia de un hospital de tercer nivel, universidad pública equidistante -qué tal en Toro-, vías terciarias, bancos de maquinarias, etc.

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A escasas cuatro cuadras al norte de la, en otros tiempos, denominada como la “Calle Real” de Cartago, ha comenzado a producirse un hecho trascendental y que comprueba, una vez más, que “la historia se muerde la cola”. En efecto, en esta misma página web está la noticia de que los señores gobernadores de Caldas, Quindío y Risaralda han iniciado el proceso para la creación de la Región Administrativa y de Planeación (R.A.P.), que será otra más de las ya constituidas en este país. Hace apenas unas semanas, en Barranquilla se consolidó la Región Caribe, que también está regulada por la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial -L.O.O.T.-, la número 1454 de 2011 y que fue sancionada por el señor Presidente de la República, doctor Juan Manuel Santos, en ese año y en Cartagena.

Comprueba este hecho que el ordenamiento territorial de Colombia se nos vino encima y, en nuestro caso, eso es más que evidente. Allí no más (a 400 metros de estas largas calles cartagüeñas), al otro lado del río “De la Vieja”, el Viejo Caldas vuelve a unirse después de su fragmentación en la década de los años 60´s del siglo pasado, para constituirse no en departamento, sino en la que muy seguramente será bautizada como Región del Eje Cafetero, nombre que ya tiene aceptación histórica.

Y nosotros... solamente de simples espectadores de algo que nos debiera motivar a sacudirnos, no solo por la escasa distancia en que se está produciendo ese hecho histórico, sino porque sus consecuencias nos van a afectar. Las RAP tienen la posibilidad de participar en la distribución de las regalías de la nación para la solución de problemas regionales. Y por no hacer parte de ninguno de esos tres departamentos, nos va a tocar quedarnos... mirando pa´l zarzo.

El Valle del Cauca seguramente liderará la conformación de la Región Pacífico. Pero, también seguramente, a nosotros nos tocarán -como siempre- solo las migajas de lo que se traguen los caleños. Así ha sido prácticamente desde la Conquista y la Colonia. No es sino recordar que al fundador de Cartago, Don Jorge Robledo (después ascendido al grado de Mariscal) lo mandó a ejecutar el fundador de Cali, Sebastián de Belalcázar, porque quiso zafársele de su coyunda y ser el gobernador de lo que él conquistó con su propio esfuerzo y que comprende -precisamente- lo que hoy son los tres departamentos que manifiestan su voluntad de marchar unidos en la búsqueda del mejor de los futuros.

Es esta una de las falencias que tiene la Constitución de 1991. Las Regiones pueden ser creadas por la unión de dos o más departamentos, se supone que completos (una reforma constitucional podría añadir “o partes de ellos”), aunque sus límites tengan más afinidad con otros vecinos, como es nuestro caso: los 18 municipios norteños tienen mucha más relación con el Eje Cafetero que con el resto del Valle del Cauca, comenzando por Cartago. Diariamente, hay un desfile de estudiantes a las universidades pereiranas y hasta a las de Armenia y Manizales. Y de allá para acá, también el intercambio es permanente. Muchos de los oriundos de esas ciudades residen en Cartago, sea porque aquí los costos de arrendamientos y servicios públicos son más económicos; o por el clima que tenemos permanentemente y que es inclusive recomendado para las personas de la tercera edad.

Pero la Constitución de 1991 también trae la posibilidad de crear las P.A.P. -Provincias Administrativas y de Planificación-, que se pueden constituir con dos o más municipios contiguos de un mismo departamento. Mediante una ordenanza, aprobada por la Asamblea Departamental y que puede tener iniciativa en los alcaldes municipales, los gobernadores o un 10% de ciudadanos que componen el censo electoral en los respectivos municipios que decidan conformar la Provincia y con la autorización de los concejos municipales, podemos ser eso: una Provincia para la prestación de servicios públicos, ejecución de obras y de proyectos de desarrollo integral y la gestión del medio ambiente. Y posteriormente, con la reforma constitucional aquí sugerida, ordenar que las Regiones se constituyan por asociaciones entre Provincias. Así podríamos pertenecer a la Región del Eje Cafetero.

El Norte del Valle, en donde se han dado sucesivos conatos de creación de un nuevo departamento, deberá ser la Provincia Piloto, el prototipo de esta nueva concepción de nuestro ordenamiento territorial. La primera prueba de su gran vocación autonómica es la de haber sido, en la época precolombina y en la Conquista, el asiento de una cultura indígena -la quimbaya-, diferente a las del resto del Valle del Cauca. El hecho de haber pertenecido lo que hoy es el Norte del Valle a la jurisdicción de la Real Audiencia de Santa Fé de Bogotá, mientras el centro y el sur lo fueron de la Audiencia de Quito. Y, muy especialmente, la de ser hoy el asiento de una muy fuerte colonización antioqueña, fundadora de la mayoría de sus municipios -los de ladera-, que la diferencia del resto del departamento al que pertenece y que refuerza la muy sólida identidad dada, a través de cuatro siglos, por los descendientes de esos indígenas y de esos españoles.

Y si a esas provincias se les entregan recursos por transferencias de las regalías de la nación, otro futuro nos esperaría, porque serían empleados en solucionar agudos problemas intermunicipales. En nuestro caso, acueducto para varios municipios bajando agua pura de la Serranía de “Los Paraguas”, tratamientos de basuras, garantizar la presencia y permanencia de un hospital de tercer nivel, universidad pública equidistante -qué tal en Toro-, vías terciarias, bancos de maquinarias, etc. Además, se haría más difícil la corrupción, que hoy campea monda y lironda con esos mismos recursos, porque son entregados a cada municipio en particular. Y si a esas transferencias nacionales se les suman las departamentales, ordenando que tanto los presupuestos como los planes de desarrollo de los departamentos sean presentados, discutidos y aprobados por provincias, se fortalecería así, aún más, el proceso de descentralización política, administrativa y fiscal, que hoy aparece inexplicablemente frenado. Serían las juntas directivas provinciales -en donde tendrían voz y voto los alcaldes y concejales de cada provincia- los que decidirían cuáles son las obras intermunicipales a construir y que problemas comunes se resolverían con estos recursos.

¿Cuál alcalde de los 18 norteños se le mide a convocar una gran conferencia-foro sobre este tema? El invitado especial podría ser el ex ministro Jaime Castro quien, con toda justicia y razón, es llamado “el padre de la descentralización en Colombia”. Y podríamos estar, también, acompañados del ministro del Interior, para que escuche a todos los alcaldes, concejales, gremios, entidades cívicas y líderes comunales y sociales que asistan a ese encuentro. (Desde el bachillerato y más en la universidad, he sido enemigo de las conferencias magistrales y siempre “patalié” para que hubiera foro. Hay que escuchar a la gente).

De contera, podríamos convertir con este acto a nuestra futura provincia (Quimbaya ó Robledo) como la pionera en este proceso, lo que nos daría toda la autoridad para reclamar que sea el prototipo, la Provincia Piloto para toda la nación, el laboratorio en donde se pruebe y se compruebe la bondad de todas estas reformas. Y, claro, cuenten conmigo… “pa´las que sea”. Ojalá les quede sonando a todos este Pap... Pap... Pap... como una onomatopeya amorosa, como el palpitar del renovado corazón norteño. Amén.

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.