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El pez muere por la boca

Publicado: Domingo, 10 de diciembre de 2017  |  10:03 am
Alejandro Samper

Deberían existir más normas para proteger y preparar a los periodistas. E iniciar una lucha tan vehemente como la de evitar la contaminación de los mares, para atacar los contenidos de mierda.

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Por uno de esos grupos familiares de WhatsApp me llegó un video en el que unos pescadores le hacen una autopsia a un dorado, y de su estómago sacan cuatro tapas (de diferentes tamaños), pedazos de plástico y hasta un cepillo gastado. “Para que vean qué mal está el mundo”, dice quien hurga las entrañas del pescado.

Impacta, de primerazo, ver toda esa basura que están tragando las especies marinas por culpa nuestra. Sin embargo, me pareció un poco raro, sospechoso, el video. De entrada, el animal ya estaba abierto y su tripa rasgada cuando comenzaron a grabar por lo que no me da garantía de que todo ese plástico se lo haya tragado el pez. Puede ser que sí hayan encontrado una tapa plástica, pero por el afán de impactar y dejar un mensaje “ambientalista”, los pescadores lo rellenaron con más desechos. Puede ser. Tal vez nunca nos enteremos.
Además, otra cosa que me dio mala espina fue que quien grabó la escena ya sabía de antemano el contenido de la basura. El video comienza diciendo que del estómago se asoma “un ojo de buey” (una semilla), pero resulta siendo una tapa marrón, y al final de despanzurrar el pez se topa con el ojo de buey que ya había anunciado.

Al igual que ese dorado, nosotros nos paseamos por este mundo tragando cuanta porquería nos encontramos. Algunos más que otros. Y solo nos damos cuenta de lo que llevamos por dentro cuando nos abrimos - como el vientre de ese pescado - ante otros en una conversación, en una cita o, en el peor de los casos, una entrevista para medios de comunicación.

Y cuando vemos el contenido nos preguntamos ¿cómo se puede tener tanta basura adentro?

Me pasa cuando veo al presidente estadounidense Donald Trump. O cuando escucho los argumentos de la senadora María Fernanda Cabal. O las posturas del exprocurador Alejandro Ordóñez. O a ese pariente que cree en la pseudociencia y teorías conspirativas. O a ese farandulero que ha hecho de la frivolidad su estilo de vida. O esa mujer que se ha hecho no sé cuántas cirugías para quedar como una caricatura mal hecha de Angelina Jolie.

Entonces uno esculca y se entera de cosas como que el pasado 3 de diciembre despidieron a toda la sala de redacción del periódico LA Weekly. Lo hicieron cuando la mayoría de sus periodistas se encontraban en la entrega de premios de periodismo de Los Ángeles (California, EE.UU.), en los cuales el medio impreso estaba nominado en al menos 20 categorías, entre ellos Periodista del año y Mejor reportaje.

Al periódico angelino lo compró Semanal, un consorcio de inversionistas conformado en su mayoría por empresarios mega millonarios y abogados. Como cabeza del medio pusieron a un sujeto sin experiencia en periodismo, más interesado en su apariencia y vanidad que en las noticias.

Una de las primeras órdenes de Semanal es que de ahora en adelante el LA Weekly será escrito por colaboradores. Por gente que trabaje a destajo y al mejor postor. Por personas que generen tendencias en las redes sociales. Por gente que esté más interesada en mercadear información que en generar contenidos. Que creen videos que se puedan repartir fácilmente en cadenas de WhatsApp. Lo último que quieren es la búsqueda de la veracidad y que se cuestione al poder, principios fundamentales del periodismo.

Pero el LA Weekly es tan solo una víctima más de lo que está ocurriendo con los medios de comunicación en el mundo. Desde hace un par de años los vienen comprando oscuras corporaciones con el fin de manipular y dar información tergiversada a la gente. Que miren para otro lado mientras que los poderosos hacen de las suyas. Sobre este tema, la plataforma Netflix tiene el documental Nobody speak, que a los que hemos trabajado en periódicos nos deja con los pelos de punta.

El mundo de las noticias, como nuestros mares, está lleno de desechos. Está en las academias, universidades y dueños de los medios de comunicación el evitar esta contaminación. Deberían existir más normas para proteger y preparar a los periodistas. E iniciar una lucha tan vehemente como la de evitar la contaminación de los mares, para atacar los contenidos de mierda. Sería un primer paso para evitar que, como ese pez dorado del video, traguemos tanta basura.

Alejandro Samper | Diario La Patria

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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