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¿Por qué el ‘Sí’?

Publicado: Domingo, 02 de octubre de 2016  |  12:37 am
Gustavo Duncan

Es cierto que continuarán las Bacrim y el ELN, pero para el Estado será más fácil neutralizar estos grupos si puede liberar los recursos militares y policivos que destina a combatir a las Farc.

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Las encuestas muestran que el ‘sí’ no debería tener mayor problema para imponerse. El presagio es bueno pero ojalá el margen de victoria no sea muy grande. Una derrota aplastante del ‘no’ además de legitimar los acuerdos en la sociedad, que es lo que se desea, podría llevar a las Farc a creer que ya han cumplido su proceso de reinserción en la legalidad.

Para que su participación en política sea legítima antes es necesario que de manera convincente cuenten la verdad, se sometan a la justicia transicional y reparen a las víctimas. De otro modo la polarización que en la actualidad vive el país puede llegar a niveles todavía más críticos, en que los acuerdos normales entre fuerzas antagónicas tan necesarios en una democracia sean inviables.

Pero más allá del porcentaje que obtengan el ‘sí’ y el ‘no’, es importante señalar por qué el país necesita doblar la página y resolver el asunto de la paz con las Farc. Sobre todo, insistir que lo que el país gana con la paz justifica de lejos los aspectos inconvenientes de los acuerdos y que los riesgos implícitos son prácticamente los mismos que habría sin ellos.

Las ventajas en términos de disminución de la violencia y de victimización de civiles con la salida de las Farc del escenario ya se pueden apreciar con el cese bilateral pactado con el gobierno. Es cierto que continuarán las Bacrim y el ELN, pero para el Estado será más fácil neutralizar estos grupos si puede liberar los recursos militares y policivos que destina a combatir a las Farc.

Tampoco es cierto que la participación en política de las Farc como partido y movimiento legal incremente el riesgo de implantación en Colombia de un régimen populista como el de Venezuela y las demás experiencias de izquierda latinoamericanas. Que ‘Timochenko’ o ‘Iván Márquez’ ganen una elección presidencial es prácticamente imposible. El riesgo es que la ganen políticos como Petro o Iván Cepeda, pero la probabilidad que eso suceda no depende de la desmovilización de las Farc. Podría ocurrir el 2018 aun si gana el ‘no’.

El riesgo de un populismo castro-chavista depende de otras variables como una crisis económica, una división de las elites políticas tradicionales y de algo que ya padecemos mucho, el desborde de la corrupción. Si la gente siente que el sistema tradicional no ofrece alternativas y si observa el cinismo con que la clase dirigente maneja los recursos del estado podría eventualmente optar por un Petro o por un Cepeda. Pero, de nuevo, nada de eso será consecuencia de que las Farc hagan política en la legalidad. De hecho, los guerrilleros desmovilizados serían un lastre para sus campañas presidenciales.

La cacería de brujas por la justicia que con razón se quejan los empresarios y otros sectores del país tampoco es consecuencia de la negociación con las Farc. Ya a empresas como Postobón y Argos se les ha sindicado de perpetradores del paramilitarismo con pruebas inocuas. Esos mismos operadores judiciales, con o sin Jurisdicción Especial para la Paz, perseverarán en su misión de llevar a los grandes capitalistas ante un tribunal por razones de dogma, con todos los riesgos que implica su cruzada para la inversión y el crecimiento económico.

En el fondo, lo que puede apreciarse es que el país no le debe temer al ‘sí’ sino a su incapacidad de afrontar unos problemas que la guerra contra las Farc no ha dejado dimensionar su gravedad.

Gustavo Duncan / El País

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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