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El primer paso

Publicado: Domingo, 10 de septiembre de 2017  |  11:16 pm
Gustavo García Vélez

Cartago no será una metrópoli, esa no es su vocación. Tenemos que ser los guías, los que indiquemos cual es el futuro de esta parte de Colombia. Señalemos caminos, pero con grandes propósitos, con metas ambiciosas aunque alcanzables… y no solo tapando huecos.

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Terminó la visita del Papa Francisco a Colombia, dejando una estela casi de conmoción social, no solo por lo que dijo, sino porque quedó demostrado cuál es el verdadero sentimiento de la gran mayoría de los colombianos con respecto a su figura y a su ejemplo. La prueba son los millones de fieles congregados en todas las ciudades que visitó, en las calles esperando verlo fugazmente a su paso, pero especialmente también en las misas campales.

Nos quedó sonando en los oidos, con la fuerza de la palabra dicha como es y en donde es, aquello de “dar el primer paso y no dejar que nos roben la esperanza y la alegría”, de “ir a lo esencial, renovarse, involucrarse, ser creativos, no quedarnos en las meras quejas”. Pero también, que “el diablo entra por el bolsillo”, que es necesaria una buena poda, que hay religiosos que han creído que por el mero hecho de serlo suben de categoría social (y tal vez por eso entraron al seminario o al convento); y otros que ponen “cara de estampita”, posando de santurrones. A mí siempre me han gustado los sacerdotes “polo a tierra”, que hasta se burlan amistosamente de mí… y yo de ellos. Recuerdo con mucho afecto a Monseñor Alfonso Rojas Rodríguez, que está descansando en la paz del Señor. Su “negro humor cartagüeño”, tan tradicional, tan ancestral entre nosotros, me causó más de una carcajada.

Y fueron especialmente las cadenas de televisión nacionales, la pública pero también las privadas, las que permitieron con su cubrimiento total que no nos perdiéramos ni una sola de las palabras, ni un mero gesto de este embajador de la fe. Hasta con transmisiones desde la cabina del vuelo papal, no solo en el viaje desde Roma a través del océano, sino inclusive en los desplazamientos aéreos a las ciudades que visitó y con cámaras instaladas prácticamente en cada esquina por la que pasaba la caravana del Papa, estuvimos perfecta y completamente informados, sin necesidad de que otros nos contaran esta historia… ni pensaran por nosotros. Especialmente, fue una verdadera cátedra del mejor periodismo televisivo el trabajo de la cadena pública, que por largos minutos dejaba oir el sonido de fondo para que escucháramos lo que gritaba la gente, sin limitarnos a las opiniones de los “sabios” que pretenden pensar por el, para ellos, inepto vulgo y hasta por el respetable público. En síntesis: solo faltó que todas las cadenas nos lo mostraran en piyama… o entrando al baño en calzoncillos. Yo, que soy poco adicto a la televisión y solo prendo el aparato (ya un verdadero dinosaurio, por lo desueto, palabra que no aparece en el diccionario Larousse, pero que significa anticuado) en las horas de la noche para oir algunos noticieros, prácticamente me acuartelé en mi apartamento todos los días de la visita de Francisco.

Y claro, queda la conclusión obvia: ¿qué hacemos los laicos para poner en práctica estas enseñanzas? Mi respuesta es que actuemos con esas mismas premisas en el sitio en el que nos tocó vivir. Que demos todos ese primer paso y lleguemos a lo esencial, que nos renovemos, que nos involucremos, que seamos creativos y no quedarnos quejando (como politólogos de cafetería o de banca de parque, que pululan y son un verdadero fastidio) por lo que pasa en nuestra ciudad.   

En este orden de ideas, toca acudir a lo que en la lógica, en la dialéctica, se llama “petición de principio” y que tiene dos explicaciones, que parecen contradictorias entre sí. Una de ellas (la que me parece exacta) es la de que, para una discusión seria y productiva, es absolutamente necesario que el objeto del análisis sea bien identificado por todos los que intervienen en ese diálogo. La otra, que no me parece correcta, es que esa petición de principio es un vicio que se da en la dialéctica, cuando se pretende dar como cierto lo que se trata de probar. Creo que es más bien el remedio profiláctico para evitar que eso pase, que no haya equivocaciones.

Precisamente, en el oficio remisorio enviado al director-propietario de esta página web, abogado Luis Alberto Marín, con el texto de mi artículo de la semana pasada y con el que retomé -después de un año sabático- esta vocación de comentarista público, le expresé lo siguiente:

Me parece que, dadas las últimas y dolorosas noticias de los últimos días, es ya obligatorio que los cartagüeños “nos paremos en las de atrás”. Por eso -y para eso- es menester que empecemos por solicitar una petición de principio, como se dice en la dialéctica, para evitar las contradicciones y poner así los puntos sobre todas las íes. Y hablo de nuestra historia. Es que estamos permitiendo no solo que la manoseen, que la tergiversen, sino que hasta se la roben. Eso sucede con el reciente libro de un pereirano, de cuyo nombre ni me acuerdo, que utilizó la fecha de nuestra fundación (9 de agosto de 1540) dizque para hacerle “la carta astral” a Pereira, fundada por cartagüeños el 30 de agosto de 1863, o sea, 323 años después. Y concluyó que los astros son favorables con esta frase: “En Cartago no hay forasteros… todos somos pereiranos”. Que tal el raponazo. Y parece que aprovecha las fotografías que se hizo tomar en el Centro de Historia de Cartago junto a la plana mayor de esa institución -la guardiana de nuestra historia-, en la presentación de otro de sus mamotretos, para hacerle creer a sus lectores que tiene la bendición, el “nihil obstat” de los cartagüeños. Ahora, tres aparecidos intentan cambiar parte de nuestra historia. Este es el tema del artículo que te envío para que, si lo consideras conveniente, lo publiques en tu página web.

La invitación es, pues, a que para empezar, nos pongamos de acuerdo en lo que fue y es Cartago. Yo la llamé en otro escrito “La Mamá del Centro-Occidente Colombiano”, porque en su otrora inmenso territorio fueron fundadas todas las ciudades de esta parte del país, con la excepción de Toro, que es casi tan antigua como la nuestra. Ese sello, esa impronta, ya no la borra nadie, ni siquiera los que intentan robarnos buena parte de nuestra historia, creyendo tontamente que también es la de ellos. Ese es nuestro orgullo: la autoridad materna para orientar la búsqueda del futuro. Cartago no será una metrópoli, esa no es su vocación. Tenemos que ser los guías, los que indiquemos cual es el futuro de esta parte de Colombia. Y, con esa premisa, señalemos caminos, pero con grandes propósitos, con metas ambiciosas aunque alcanzables… y no solo tapando huecos. Que, con esperanza y alegría, “nos paremos en las de atrás” y comencemos por hacer la poda de tanto politiquerito de baja estofa que anda por ahí, queriendo subir de categoría social y creyendo que la calidad de dirigente la dan unos votos comprados con dineros sucios. Por esos bolsillos entró el diablo a Cartago. Y que lo digan los jueces que los están juzgando. Claro que estos hipócritas, sepulcros blanqueados, ponen cara de inocentes, “caritas de estampita”.

Queda ahí esta sugerencia. ¿Quiénes se le miden a dar este primer paso en beneficio de Cartago, que somos todos los prójimos que aquí vivimos? Creo que, como se lo dije al director de esta página web, dados los dolorosos hechos de los últimos días es ya una obligación de los cartagüeños, sobre todo de los que no estamos untados de esa… “mierda de gato”.

Coletilla 1: Que excelente imagen la de cientos de celulares en primer plano, abarcando toda la pantalla del televisor, con la figura que los atrae como un poderoso imán al fondo. No demorarán los “creativos” de las agencias de publicidad en volverla una “cuña” de alguna marca de celulares.

Coletilla 2: ¿En que estrategia electoral estarán pensando ahora los cizañeros? Porque con esta visita papal se quedaron sin argumentos. Se les comenzó a derrumbar el castillo de naipes con el que intentaron volver al poder.

Gustavo García Vélez | CiudadRegion

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.