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Progresistas puritanos

Publicado: Domingo, 29 de abril de 2018  |  10:27 am
Gustavo Duncan

El progresismo encarna una serie de valores muy necesarios en la sociedad actual. La excesiva idealización del individualismo liberal puede llevar a graves injusticias, en que la prevalencia de los intereses de unos pocos sobre el bien colectivo conduce a un malestar social generalizado.

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En una investigación sobre narrativas del conflicto, una colega aseveró: “Lo que predomina en Colombia es un progresismo puritano”. A lo que mi colega hacía alusión era a la visión ampliamente difundida entre muchos sectores progresistas de poseer la razón, por encima de cualquier tipo de argumento o evidencia, por el solo hecho de la superioridad moral de la aproximación al asunto en cuestión.

El progresismo encarna una serie de valores muy necesarios en la sociedad actual. La excesiva idealización del individualismo liberal puede llevar a graves injusticias, en que la prevalencia de los intereses de unos pocos sobre el bien colectivo conduce a un malestar social generalizado.

Por eso, temas como la lucha contra la desigualdad, el respeto de los derechos de las minorías, la solidaridad y fraternidad con grupos en desventajas, la tolerancia hacia los más diversos comportamientos, etc., de alguna manera contrarrestan lo que podría ser un individualismo sin consideración ni compasión.

Hasta allí todo bien. El problema es cuando las causas que se defienden traspasan el umbral de la propia tolerancia y respeto que reclaman, al punto de afectar los derechos y los intereses legítimos de los individuos. 

A manera de los cristianos puritanos que reprimían y excluían de la comunidad cualquier tendencia contraria a sus valores morales, los progresistas cuando desvirtúan cualquier otro tipo de moralidad terminan por adoptar las mismas formas de los proyectos conservadores que cuestionan. De hecho, nada más conservador en el largo plazo que los progresistas puritanos.

El nuevo umbral de conservadurismo se alcanza cuando una serie de ideas, o principios básicos, comienzan a operar como dogmas que dan forma a cualquier postura sobre asuntos sociales, sin importar los hechos y las consecuencias de lo que se propone. Es decir, una postura en particular que esté sintonizada con unas concepciones e ideas básicas de la sociedad se defenderá contra toda evidencia y razón, así afecte principios elementales como la defensa de quienes están en desventaja.

Un ejemplo concreto de este puritanismo progresista lo ofrece el reciente premio del comité danés de la esperanza recibido por ‘Santrich’ en Copenhague. El colectivo que otorgó el premio de US$8200 tuvo en mente la idea caricaturizada de un país dividido entre una oligarquía oprobiosa que explota y despoja a los pobres de la riqueza nacional y un ejército guerrillero que reivindica a los pobres oprimidos. En ningún momento repararon en la complejidad del conflicto colombiano que obliga a considerar muchos más actores y divisiones sociales. Pero, sobre todo, no consideraron que las Farc si algún sector oprimió fue precisamente a la población rural más pobre del país. Los hechos no importan, lo importante es que todo encaje dentro de la visión idealizada de la sociedad.

Otro ejemplo es el radicalismo que han adoptado varias corrientes feministas contra la pornografía y el trabajo sexual. Al enceguecerse y culpar al género masculino de todo, no tienen en cuenta que muchas mujeres se realizan profesionalmente y están felices con sus ingresos en una forma de trabajo libre, como cualquier otro, en que lejos están de sentirse oprimidas. Serían las primeras en oponerse a la prohibición del trabajo sexual.

Por el bien de la libertad, hoy más que nunca se necesita moderar a estos nuevos puritanos.

Gustavo Duncan | El País

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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