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Provincias en posconflicto

Publicado: Domingo, 25 de septiembre de 2016  |  1:21 am
Gustavo García Vélez

Si es allí en donde la presencia de los actos de gobierno brillan por su ausencia… ¿no requieren esas porciones de nuestro país un tratamiento diferencial, que ayude en la solución de esas necesidades? ¿Por qué se detuvo la marcha de esa descentralización, cuando las circunstancias pedían -y lo siguen pidiendo- a gritos lo contrario?

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No obstante que el apoyo ha caído el 20% en los dos últimos meses y la oposición ha aumentado un 15%, todas las encuestas publicadas hasta el viernes pasado prevén que ganará el “sí” en el plebiscito del 2 de octubre y con mayoría suficiente sobre el “no”. También, que el umbral será sobrepasado con los votos necesarios para que ese mecanismo de participación ciudadana sea declarado válido.

Y hay que recordar que, desde la aprobación de la ley que reglamentó el uso de esos mecanismos (plebiscito, referéndum, cabildo abierto, revocatoria de mandato, entre otros), ninguno ha surtido los efectos esperados -y deseados- dada la alta cifra de votos que se requieren. Por eso, en estos 30 años largos de su vigencia, solamente una vez -creo que en Bello, Antioquia- los ciudadanos pudieron revocarle el mandato a un alcalde.

También fue por eso que, para este plebiscito, una ley rebajó sustancialmente ese umbral, porque de lo contrario es casi seguro que no obtendría los votos requeridos inicialmente. Es, pues, una excepción a la norma general, que también debería ser reformada, porque los topes necesarios son muy altos, razón por la cual esa ley de participación ciudadana ha fracasado en todo el país. (En Cartago, a través de la emisora de la Cooperativa de Cafetaleros, difundimos los contenidos y posibles alcances de esta ley cuando solo era un proyecto; y, ya aprobada, se efectuó una jornada de capacitación sobre ella en todos los municipios de la jurisdicción de esa entidad, con su pleno apoyo logístico y la presencia de estudiantes, agricultores, concejales, amas de casa y las autoridades locales.)

Y la prueba de que, sin esa reforma de última hora -y solamente para este caso específico- el plebiscito también fracasaría, es la cifra de todas las encuestadoras acerca de la altísima abstención que se va a registrar y que supera el 50%.

La explicación puede estar no solo en que los centros más poblados -capitales y ciudades intermedias- no sufrieron los embates de la guerrilla, como en las zonas rurales y periféricas y por eso la “indiferencia egoísta” puede ser la norma; sino porque (como lo expresé en artículo anterior) los ciudadanos estamos “mamados”, jartos, de esa cantaleta y aún no entendemos el porqué se demoraron 4 larguísimos años en culminar las discusiones acerca de 6 temas; y, ninguno de ellos, de cambio radical, sustancial y profundo sobre el modelo económico que rige a Colombia, ni de modificación de nuestra Constitución Nacional. En el entender de muchos, este proceso se “magnificó”, se infló… y ojalá no quede convertido en solo una “pompa”.

Y es precisamente en esa periferia, en las zonas de nuestro país que no hacen parte de los centralismos de las capitales de los departamentos -y más bien los sufren, porque son víctimas de ellos-, en las que están ubicadas las Provincias. Algunas, subsistiendo todavía (como en el oriente del país) a pesar de que ese concepto administrativo fue erróneamente erradicado de nuestra Constitución y nuestras leyes, desde comienzos del siglo 20 y hasta la vigencia de la actual Carta Magna, la de 1991, que ya permite su creación. O su “reaparición institucional”, como la calificó el doctor Carlos Lleras Restrepo en su semanario “Nueva Frontera”, después de las elecciones de abril de 1984.

Cuando en la década de 1980 se comenzó el proceso de descentralización -política, administrativa y fiscal- en todo el país, el argumento principal expuesto para ese cambio fue el de que la paz de Colombia ya no soportaba más la serie interminable de paros cívicos en esas periferias, por causa del centralismo bogotano, por la ausencia del Estado en la solución de los problemas de salud, educación, techo, trabajo, vías terciarias, etc. Un muy largo etcétera, que fue por 50 años el caldo de cultivo de la guerrilla.

Entonces, si es allí en donde la presencia de los actos de gobierno brillan por su ausencia… ¿no requieren esas porciones de nuestro país un tratamiento diferencial, que ayude en la solución de esas necesidades? ¿Por qué se detuvo la marcha de esa descentralización, cuando las circunstancias pedían -y lo siguen pidiendo- a gritos lo contrario: una profundización, un radical empuje al mismo proceso que busca entregarle el destino de la tierra que pisan a sus mismos habitantes?

Desde esta página web (que, según su director, tiene 3 mil lectores diarios, o sea, 21 mil cada semana) quiero reiterar en nombre de todos los norteños que la quieran compartir, la propuesta expuesta recientemente aquí mismo (y en otros medios de comunicación desde hace años). Es esta: la creación obligatoria de Provincias en los departamentos  que lo ameriten, no solo por su extensión territorial, sino -principalmente- por el número de sus habitantes. Y su conversión en círculos para la elección de los Representantes a la Cámara. Lógicamente, deberán ser dotadas de recursos suficientes para resolver problemas intermunicipales, que es su esencia, el “leitmotiv” para su creación.

Esto sería abrir definitivamente espacios políticos a todos los ciudadanos que no viven en las capitales… y no solo a las farc. Dos de esos congresistas como mínimo por cada Provincia y uno o varios más de acuerdo con la población de las más habitadas, daría a la cámara baja del Congreso de la República más representatividad -y más legitimidad- de la Colombia del posconflicto.

Quede, pues, como constancia nuestra “Propuesta Norteña”. Y que, en contraprestación, los 18 municipios que integrarían la futura Provincia Quimbaya-Robledo (nuestra P.Q.R., como también lo sugerí en otro artículo), sean tratados como las partes de la que debería ser la Provincia Piloto, el prototipo para todo el país, el laboratorio en donde se prueben -y se comprueben- los nuevos impulsos descentralizadores. Que así sea. Y que esta propuesta se convierta en algo así como nuestro “Plebiscito Norteño”.

Coletilla: ¿Qué tal que, en la firma del pacto del Frente Nacional entre Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez Castro (en Sitges y Benidorm, España), para acabar con la guerra entre liberales y conservadores… se hubiera acordado una “reparación a las víctimas”, como en este del gobierno Santos y las farc? Tal vez esta guerrilla no hubiera prosperado, ni  siquiera nacido… y hoy Colombia sería bien, pero bien diferente.

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.