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La puerta giratoria del cuestionado ministro Carrasquilla

Publicado: Domingo, 02 de diciembre de 2018  |  8:39 am
Ariel Fernando Ávila Martínez

La política es servir a los demás, al colectivo, pero hacer política para hacer plata no es ético y para beneficiar a unos pocos, tampoco

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Los bonos de agua han sido el tema central para cuestionar al ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla, pero la historia es un poco más compleja, representa el mejor ejemplo de las democracias corporativas, la puerta giratoria que destruye las conquistas públicas para beneficiar a unos pocos ricos. Tal vez el mejor ejemplo de esto lo señaló el senador Alexander López, quien dijo que Carrasquilla tenía la política de “socializar las pérdidas y privatizar las ganancias”. La historia es la siguiente:

Colombia vivió durante la administración de Andrés Pastrana una fuerte crisis financiera, varios bancos, corporaciones financieras y cooperativas quebraron. El gobierno, entonces, acudió a un rescate para evitar un desastre mayor. El ministro de Hacienda de ese momento, Antonio José Urdinola, promovía el salvamento a los bancos, pues un país sin banca era impensable. Una vez el país rescata la banca, con la llegada de Álvaro Uribe y de Carrasquilla como ministro de Hacienda, comienza una operación en la cual se venden los bancos rescatados a precio de huevo a entidades financieras que luego contratan a Carrasquilla para que asista a sus Juntas Directivas.  

El senador Alexander López logró recoger datos increíbles, por ejemplo Granahorrar se vendió en 970.000 millones, 434.000 millones más barata de lo esperado. Megabanco se vendió en 808.000 millones de pesos, una vez vendido, José Elías Melo quien era presidente de Megabanco, pasó a la nómina del Grupo Aval y luego Carrasquilla hizo lo mismo, pues pasó a la junta directiva del Banco de Bogotá propiedad del Grupo Aval y también fue asesor del grupo para negocios en el exterior. Es decir, la puerta giratoria en su máximo esplendor. “yo te ayudo y luego tú me contratas”. También vendió Bancafé en 2,2 billones, aunque en su rescate y mantenimiento el gobierno invirtió 2,96 billones. Además era uno de los bancos más prósperos del país a la hora de su venta.  

La política se basaba en la concentración de la propiedad del sistema financiero: pocos dueños y muchos bancos. No hubo, por ejemplo, una política  de democratización para que los ciudadanos del común lograran se accionistas y por ende tener miles de dueños y no concentrar los bancos en 6 o 7 propietarios. Además, Carrasquilla, destruyó la banca estatal, beneficiando a la banca privada que maneja una gran parte de los recursos públicos.

El hecho de que hubiera vendido bancos a precio de huevo a empresas privadas que luego lo contratan en sus Juntas Directivas, deja ver la puerta giratoria de Carrasquilla, muestra su falta de ética para ser un funcionario público. Pero lo mismo hizo con los bonos de agua. El ex alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, es la prueba reina de la otra Puerta Giratoria del Ministro de Hacienda. Como se sabe Carrasquilla fue el promotor de la ley de los bonos de agua. Es cierto, que él salió antes de que la misma fuera aprobada, o en otras palabras, la ley se aprobó cuando él ya no era ministro. Pero el testimonio de Ospina muestra la prueba reina de que Carrasquila como exministro sí participó en la venta de estos bonos de agua, era un lobista. Ospina dice que siendo alcalde de Cali lo llevaron a una oficina al norte de Bogotá, a una reunión con el exministro Alberto Carrasquilla, quien le ofreció los bonos de agua y la gestión de recursos. Es decir, el señor Carrasquilla sí planeó la ley y sí se benefició de ella.

El argumento de quienes lo defienden es que esto no es ilegal, tal vez una ligereza, pero no estaba prohibido por la ley. En otras palabras, si no está en la ley no hay problema. Pero en la vida real es un acto de corrupción trabajar en puestos públicos para beneficiar a unos pocos.  La política es servir a los demás, al colectivo, pero hacer política para hacer plata no es ético y para beneficiar a unos pocos, tampoco.

Ariel Fernando Ávila Martínez | Revista Semana

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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