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¿Qué pasó con los líderes comunitarios?

Publicado: Sábado, 05 de agosto de 2017  |  10:53 pm
Eduardo Cardona Mora

El mejor líder es el que más personal vincule, atrás quedaron los dirigentes barriales que sudaban la camiseta al sol y al agua, desapareció del léxico político la palabra voluntario y nació así la nueva forma de comprar votos.

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Fue en el año 2005 cuando escuché por primera vez la figura del sueldo, consiste en pagarles a los líderes comunales una mensualidad durante la campaña electoral, esta innovación que al parecer llegó para quedarse cambió para siempre la manera en que se relacionaban los dirigentes de los barrios con sus candidatos.

En adelante, ha sido una práctica aceptada y exigida por muchos imponiéndose hasta hoy en las costumbres políticas. Esa fue la semilla que marchitó el liderazgo popular, algunos de los mejores líderes sucumbieron, dejaron de importar las ideas, el compromiso y el respeto por la gente.

La política jamás ha sido una actividad de ángeles. Los tamales, los ladrillos y las tejas siempre han existido para cautivar voluntades, pero hay una realidad inocultable, la corrupción ha descendido en los últimos años en Pereira y Risaralda hasta permear como nunca antes las bases en las que descansa la democracia participativa. La dirigencia comunitaria ha perdido su rumbo desde que empezaron a recibir remuneración a cambio de su liderazgo, lo que antes hacían por vocación pasó a hacerse por un pago, entrar a la nómina de los candidatos los desnaturalizó, desequilibró la balanza en favor de quienes más dinero gastan para ser elegidos e impusieron prácticas ajenas al espíritu cívico con el que se fundó el departamento y se construyó la ciudad.

Quienes pusieron en venta su talento como líderes, ampliaron su influencia dando vida a otro monstruo llamado los “electoreros”: opera cuando el líder comunal le dice a su jefe político de turno que no puede afrontar el día de las elecciones sin sus más leales y firmes colaboradores que le ayuden a garantizar la “logística” del día en que los votos se cuentan, todo por una módica suma para cada uno de ellos. El mejor líder es el que más personal vincule, atrás quedaron los dirigentes barriales que sudaban la camiseta al sol y al agua, desapareció del léxico político la palabra voluntario y nació así la nueva forma de comprar votos, más estética, más presentable, más hipócrita.

Cuando llega el momento de reclamar victorias, viene la otra parte del acuerdo: ya el líder no pide obras para su barrio, ni dotación escolar, ni oportunidades de empleo para los suyos, solo quiere un pedazo del pastel de la contratación estatal para sostener la nueva lógica en la que funda su liderazgo comprado. Seguro existen líderes buenos pero están arrinconados por quienes han preferido ser peajes y no puentes entre sus comunidades y los gobiernos.

¿Qué pasó con los líderes comunitarios? Algunos optaron por marginarse antes de enfrentar esa realidad, otros buenos permanecen allí pero los hemos dejado solos, se la dejamos fácil a los traficantes de votos a quienes no les interesa la participación de ciudadanos informados para comodidad de ellos y de sus candidatos quienes ya aprendieron que lo único que necesitan es tener contento a algunos de los mal llamados “líderes” para conservar sus privilegios.

Eduardo Cardona Mora | El Diario

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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