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Refranes que duelen

Publicado: Domingo, 18 de junio de 2017  |  10:03 am
Eduardo Cardona Mora

La raíz del problema está en la educación que es diferente a la ilustración, está en el lenguaje y en el discurso que con su fuerza crea realidades.

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Me temo que el concejal de Santa Rosa de Cabal quien se hizo famoso por pronunciar la frase “la ley es como las mujeres, se hizo para violarla”, no es el único que debe ser reprochado, la lista de acusados debería crecer no solo con vivos sino con muertos, los mismos que hemos admirado y estudiado por siglos y quienes sembraron la semilla de la discriminación: “la mujer es por naturaleza inferior al hombre, debe pues, obedecer (…) (Aristóteles); “el marido tiene derecho a matar a su mujer (…)”(Confusio); la mujer es mala, cada vez que se presente la ocasión, toda mujer pecará” (Buda). Otros pensadores como Santo Tomás de Aquino fueron más directos y coincidieron en que las mujeres son para violarlas: “no veo la utilidad que puede tener la mujer para el hombre, con excepción de la función de parir hijos”, o la biblia “(…). Tu deseo será para tu marido y él tendrá dominio sobre ti” (Génesis 3:16); “La mujer debe aprender a estar en calma y en plena sumisión (…)” Timoteo 2:11-14.

La frase que sacudió no solo a las Araucarias sino a Colombia, la encontramos en muchas otras como cuando el presidente del país más poderoso del mundo dijo: “las mujeres son, en esencia, objetos estéticamente agradables” una manera más sofisticada de afirmar que son para violarlas. Todo esto, nos regala la oportunidad para preguntarnos ¿Dónde está la semilla de esa distorsión frente a la mujer? ¿Qué lleva a la política, a la tradición oral, a la filosofía, a la literatura y a la religión a programarnos para pensar así?

Lo primero es reconocer que no es la primera vez que oímos la desafortunada frase, solo que la investidura del transmisor y las redes han amplificado la indignación, irnos contra el edil que por lo menos se autoimpuso una justicia restaurativa pidiendo perdón y que sin duda debe ser castigado, es la vía fácil; lo difícil y lo que mejor saldo pedagógico nos dejaría, sería combatir las razones que dan origen a esas expresiones que encontramos en boca de sabios e ignorantes. La raíz del problema está en la educación que es diferente a la ilustración, está en el lenguaje y en el discurso que con su fuerza crea realidades.

Nadie mejor que Gandhi para explicar los efectos del pensamiento y la palabra: “cuida tus pensamientos, porque se convertirán en tus palabras. Cuida tus palabras, porque se convertirán en tus actos. Cuida tus actos, porque se convertirán en tus hábitos. Cuida tus hábitos, porque se convertirán en tu destino”.

El antídoto está entonces en proscribir estos refranes que duelen y derrotar la programación mental que nos lleva a apelar a lugares lamentablemente comunes aprendidos desde el hogar, el colegio, la política y el entorno. Una comunicación limpia modificando el discurso sexista que nos ayude a crear otra realidad debe ser compromiso de todos. El discurso precede nuestros actos y es la piedra angular de la realidad que nos rodea.

Eduardo Cardona Mora | El Diario

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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