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Con ritmo de RAP

Publicado: Sábado, 30 de septiembre de 2017  |  11:04 pm
Gustavo García Vélez

Tenemos que estar muy “pilosos” con esta nueva época que ha nacido. Porque aunque los caribeños fueron pesimistas con los contenidos de la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial, prevista en la Constitución de 1991 y aprobada solamente en este gobierno, su aceptación de que ya tenemos un principio legal nos hace pensar que el mapa de Colombia va a cambiar.

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Con este titular recibió el diario “El Heraldo” de Barranquilla la noticia del avance del proceso de creación de la Región Administrativa de Planeación (RAP) para la Costa Caribe. En efecto, el pasado 27 de septiembre la Comisión de Ordenamiento Territorial del Senado aprobó por unanimidad la constitución de esa entidad administrativa, que contó con la aceptación previa de los gobernadores de Atlántico, Bolívar, Magdalena, Sucre, Córdoba, Cesar y La Guajira, quienes desde meses atrás se unieron para conseguir este propósito.

Es un anhelo aplazado, pues no obstante que para las elecciones de congresistas en 2010 los costeños, en acto histórico, respaldaron con más de dos millones de votos la creación de la Región Caribe, la desidia de los “señoritos satisfechos” (como llamó Ortega y Gasset a los herederos de cosas conseguidas por sus antepasados) asentados en Bogotá -pero también en la Costa Atlántica- impidió ese surgimiento hasta esta definitiva aprobación.

El pronunciamiento de los costeños hace 7 años “es la manifestación pacífica más importante que se ha celebrado en el país en defensa de la autonomía regional”, dice el citado diario. Y también ha advertido que “la RAP es solo un paso para la construcción del proyecto regional. Colombia sigue siendo un país altamente centralizado, hasta el punto de que mecanismos concebidos para fomentar la descentralización, como el Sistema General de Participaciones o las regalías, son férreamente controlados desde Bogotá”.

Pero la cosa no para allí, pues los mismos gobernadores aludidos ya presentaron un proyecto legislativo para que el gobierno nacional aumente sustancialmente los recursos que trasfiere a las regiones. Esta sería la Ley de Regiones para darles vida como entidades territoriales y no solo unidades administrativas, como son las Rap, pues lo que se pretende es otorgar plena autonomía jurídica y presupuestal a esa regionalización. (Para que no pase lo de Cataluña... o Antioquia se emberraque).

Se tiene ya previsto que el próximo 19 de octubre, en Barranquilla, se suscribirá la constitución  de la RAP Caribe. Y desde ya se considera que ese acto será como el catalizador, o el reactivo, para que su ejemplo cunda por toda Colombia. Ya Bogotá y su entorno tiene funcionando su propia Rap, que fue la primera en constituirse. ¿Cuáles siguen? ¿Antioquia y el Eje Cafetero... se irán juntos?

Tenemos, pues, que estar muy “pilosos” con esta nueva época que ha nacido. Porque aunque los caribeños (como a ellos les gusta que se les denomine) fueron pesimistas con los contenidos y posibles alcances de la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial -L.O.O.T.-, prevista en la Constitución de 1991 y solamente aprobada en 2011 en el gobierno del Presidente Santos, después de más de 18 intentos durante casi veinte años (“nos metieron conejo”, editorializó El Heraldo el día de la sanción presidencial en Cartagena), su aceptación de que al menos ya tenemos un principio legal que podemos mejorar, nos hace pensar que el mapa político-administrativo de Colombia va a cambiar. Ojalá en muy poco tiempo. Es que se habla, por Dios, del principio de gradualidad... cuando llevamos más de 26 años esperando.

En este orden de ideas, en esta misma página web expresé, como interesado (doliente... o víctima, sería mejor decir) de este tema algunas opiniones, contenidas en artículos que titulé “Primero las Provincias”, “Provincias = Círculos electorales” y “Provincias en el pos conflicto” -que todavía están en el archivo de esta página, al cual se puede acceder haciendo clic en la palabra “columnistas” que aparece al final- y que son como el destilado de 35 años de reflexiones acerca de nuestra vocación autonómica.

Para mí debe de estar de primera la creación de las Provincias (su reaparición institucional, como la denominó el ex presidente Lleras Restrepo, en editorial de “Nueva Frontera” de mayo de 1984), porque esa  construcción del nuevo mapa de Colombia será como un edificio al que hay que ponerle fuertes cimientos y un excelente primer piso -que serían esas Provincias- y luego “echar el segundo piso”, que son las Regiones. Además, me parece que hay que darles dientes y convertirlas en círculos para la elección de los Representantes a la Cámara, las primeras; y de Senadores, las segundas.

Las Provincias pueden reaparecer con una simple ley, haciendo obligatoria su creación en los departamentos que lo ameriten por su extensión territorial, pero especialmente de acuerdo con su población. Es decir, en las dos costas, la zona andina y el pie de monte llanero. La extrema Orinoquia y la Amazonía no necesitan de esa provincialización porque, aunque son enormes, están prácticamente despobladas; y ya es un verdadero desperdicio de recursos otorgarles gobernadores, secretarios de ese despacho, asambleas departamentales, contralorías, etc., porque todavía son “menores de edad”.

Y con una reforma constitucional muy sencilla, cambiar la destinación de las regalías, para que se utilicen en la construcción de obras o en la solución de problemas intermunicipales -como por ejemplo, acueductos provinciales, bancos de maquinarias para la construcción y el mantenimiento de carreteras terciarias que fomenten la producción agraria y el turismo rural, universidades públicas en el centro de cada Provincia, etc.- y no para los municipios individualmente considerados. Esto mermaría sustancialmente la posibilidad de la corrupción en el manejo de esos dineros públicos, al ser más los ojos puestos en ellos. Y obtener también recursos del orden departamental, volviendo forzosa la presentación por provincias de los proyectos de presupuesto y plan de desarrollo departamentales.

En nuestro caso, tenemos que estar muy atentos, pues la capital de la Región Pacífico sería Cali, en “la quinta con porra”, mientras allí no más, a escasas cuatro cuadras, a metros de la sala de recibo de Cartago -nuestro Parque de Bolívar- comienza no solo otro municipio (Pereira), sino otro departamento (Risaralda) que hace parte de la que será, con toda seguridad, la Región del Eje Cafetero. Como quien dice: estamos en “sándwich”... no somos “ni chicha, ni limoná”. Y esto sucede en otras partes del país, como el sur de Bolívar, el norte del Cauca, el Urabá antioqueño, los municipios del Magdalena medio -que tienen más afinidades con sus vecinos de la otra orilla, porque el río no los divide, por el contrario, los une-, el sur del Chocó, etc., etc., etc. (muchos etcéteras).

Esto se solucionaría con una adición de cuatro palabras a la norma de la Constitución, que dice que las regiones se constituirán con dos o más departamentos (se supone que completos). Solo habría que agregarle “o parte de ellos”. Y así, en nuestro caso, los dieciocho municipios que integran lo que se conoce como Norte del Valle podrían ingresar, como miembros de pleno derecho, a la región de nuestros vecinos y colindantes. Que es lo más lógico, porque con el resto del Valle del Cauca nuestras relaciones son ya casi inexistentes, hasta el punto de que por aquí a nadie la interesa saber quién es el gobernador. Nuestra vocación autonómica ha sido centenaria... inclusive precolombina. Fuimos asiento de la cultura quimbaya, con lengua diferente a los calimas. El enfrentamiento entre Robledo y Belalcázar nos distanció aún más. Y la colonización paisa modificó sustancialmente la identidad cultural de Cartago, a la que he denominado “La Madre del Centro-Occidente Colombiano”. Porque lo es.

Por último (last but not least), quiero dedicar este escrito al actual gobernador del Atlántico, doctor Eduardo Verano De la Rosa quien, desde la Asamblea Constituyente de 1991, se ha dedicado a no dejar morir este anhelo de autonomía, que es de todos los colombianos. Él ha sido como el motor, el corazón de este proceso. Gracias a su tesonera labor -más ahora, que tiene el poder de convocatoria como primer mandatario del Caribe-, al menos ha renacido la esperanza de que el mapa político-administrativo de Colombia deje de ser esa caricatura de señora sesentona y jamona, que luce un ridículo vestidito de primera comunión... de diez tallas menos. Felicitaciones, señor gobernador.

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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