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Santos hipócritas

Publicado: Domingo, 12 de noviembre de 2017  |  1:13 am
Alejandro Samper

¿Cuántas veces no hemos escuchado a un político o a una figura pública posar de transparente para luego verla desfilar por un juzgado y finalmente a la cárcel?

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La reciente investigación de lo que llamaron Paradise Papers, y que expone a poderosos personajes como posibles evasores de impuestos, no reveló nada nuevo. Una vez más, los más ricos haciendo trampa para hacerse más ricos. Como escribió en The New York Times el cronista argentino Martín Caparrós: es sacar a la luz “eso que todos sabemos pero tantos deciden no ver” (¡Oh, qué sorpresa, aquí se roba!, http://nyti.ms/2jdXglQ).

Tal vez la única sorpresa para algunos fue descubrir que Bono, el cantante de la banda irlandesa U2, se llama Paul David Hewson. No que evade impuestos.

Bono tiene una imagen positiva en casi todo el mundo, para muchos es casi que un santo. Él, que durante el jubileo del año 2000 buscó que se le perdonara la deuda externa a algunos países africanos. Él, que señala a las multinacionales abusivas. Él, que denunció el dumping que hacen algunas empresas para acabar con mercados emergentes. Él - tan bueno, tan humanitario, tan carismático - es la doble moral encarnada.

Varios textos e informes publicados en la Gran Bretaña en los últimos años revelan la hipocresía de este personaje. Mandy Calder Humphreys, analista financiera experta en famosos y medios de comunicación, lo dejó al desnudo hace un par de años luego de que el carismático cantante apoyó un incremento del 12,5% en las tasas de interés en Irlanda, alegando que traería prosperidad si todos contribuían.

Calder Humphreys, quien es citada en el artículo The Hypocrisy of Saint Bono (http://bit.ly/2zsqpjM), demostró que la banda dublinesa llevaba más de 20 años haciéndole trampa al fisco irlandés. Usaban una figura que beneficiaba a artistas nacientes, cuando ellos ya eran ultra famosos y llenaban estadios por todo el mundo. Y cuando decidieron ponerlos en cintura, en 2006 trasladaron sus negocios a los Países Bajos, donde pagan menos impuestos.

Y ríase, usaron la misma estrategia y firma inversora de Exxon Mobil, compañía denunciada por Bono por empobrecer al África al explotar sus recursos sin dejarle ganancias o invertir en las comunidades que viven en esos territorios.

Es como si a Bono se le hubieran pegado las malas mañas de los políticos con los que entabló amistad en los últimos años. Se convirtió en la caricatura de lo que él mismo denunciaba en los 90. Hoy es tan mesiánico como el telepredicador del que se burlaba en la gira ZooTV. Y tan megalómano y falso como el escenario de Popmart.

Esta semana Bono dijo sentirse compungido por la denuncia de los Paradise Papers. Que lo asaltaron en su buena fe con unas inversiones en Malta e invitó a los periodistas a seguir investigando. Pero es carreta. O al menos en Colombia lo es porque, ¿cuántas veces no hemos escuchado a un político o a una figura pública posar de transparente para luego verla desfilar por un juzgado y finalmente a la cárcel? El mismo discurso hipócrita de Andrés Felipe Arias, de Luis Alfredo Ramos, de Marta Lucía Ramírez, de Óscar Iván Zuluaga, de Juan Manuel Santos, de Musa Besaile.

Es que eso es lo que más me molesta, el tonito. Ya sabemos que evaden, por lo legal o lo ilegal. Pero no nos metan los dedos en la boca. Guárdense sus explicaciones para los fiscales. Ya sabemos que detrás del discurso en defensa de los pobres, hay un yate de 18 millones de libras esterlinas donde la humanitaria humanidad del irlandés se pasea por el Mediterráneo junto a otros VIP, como Paul Allen o George Soros (ambos filántropos), también incluidos en los Paradise Papers. Y, vuelvo y cito a Caparrós, “los muy ricos son muy ricos y quieren ser más ricos todavía y no piensan detenerse ante nada para serlo”.

Así sea posando de santos.

Alejandro Samper | Diario La Patria

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.