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El satánico “doctor No”

Publicado: Domingo, 29 de julio de 2018  |  9:22 am
Gustavo García Vélez

Pensé decir también que ese era un trabajo para James Bond -el Agente 007-, que fue personaje de una famosa serie policíaca, escrita por el inglés Ian Fleming a comienzos de la década de los años 60´s y que fue llevada varias veces al cine. Recuerdo a “Goldfinger”, película que fue excelente hasta por su tema musical, basada en una de las primeras de esas novelas.

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En una de las coletillas de mi artículo “RAP... idito”, publicado en esta misma página hace poco (todavía aparece en el archivo, que se encuentra haciendo clic en “+ columnistas” al final de la misma) dije que: “(...) Creo que Putin descansó con la pérdida, en el último cobro de la última opción, de Rusia ante Croacia. Uno se imagina los movimientos debajo de la mesa de Scotland Yard y el M-I5 para arrancarle a la KGB -de la cual fue director el presidente ruso hace varios años- la “orden” para que los rusos se dejaran ganar de los desteñidos ingleses esta semana, en la semifinal del campeonato mundial. De lo contrario... revelarían el cuándo, el cómo y el porqué del envenenamiento del ex espía ruso y su pariente asilados en Londres (...)”.

Pensé decir también que ese era un trabajo para James Bond -el Agente 007-, que fue personaje de una famosa serie policíaca, escrita por el inglés Ian Fleming a comienzos de la década de los años 60´s y que fue llevada varias veces al cine. Recuerdo a “Goldfinger”, película que fue excelente hasta por su tema musical, basada en una de las primeras de esas novelas. Todo el argumento era el enfrentamiento entre los servicios de inteligencia ingleses encabezados por el MI-5 y la tenebrosa KGB rusa y el clima era propicio, pues estábamos en plena “guerra fría” entre el capitalismo occidental y el comunismo de Nikita Krushev, jefe del politburó soviético.  

Pero no lo mencioné porque creí que esa era ya una exageración, ya que no solo este personaje es una ficción, sino que no podía ser creíble -ni siquiera en una novela- que una mera persona fuera capaz de hacer “entrar en razón” a los rusos de hoy, que son muchísimo más sofisticados que los muy rudos de hace 55 años. Lo que ni siquiera sospeché es que ahora James Bond sea otra vez famoso, pero no en Inglaterra o Rusia... sino en Colombia, por obra y gracia de las acusaciones de un ex presidente de esta república en el sentido de que los espías ingleses participaron en una manguala con el presidente Santos... dizque para hundirlo. Habló concretamente del MI-6, pero en las novelas es el MI-5 y yo ignoro cuál es la diferencia o el error.

Yo no sé hasta que punto la gente crea este cuento chimbo del quejoso de marras, pero lo cierto es que el agente 007 llenó en esos años horas y horas del tiempo de mucha gente. (Abro paréntesis: en mi 4º de bachillerato levantaba la tapa del pupitre, porque allí tenía la última novela publicada, suministradas por un primo hermano paterno mayor, quien fue además la persona que me dio a conocer esa serie. Esa encarretada fue una de las causas (pero sobre todo, la culequera de la rebeldía en la adolescencia, que no soportaba la mediocridad de la mayoría de los profesores y prefería esa “catarsis” de novela) de la pérdida de seis materias al entrar a los exámenes finales, que sumada a un tifo poco antes logró que, convaleciente, solo recuperara tres -aunque pedí revisión del exámen de algebra, pues estaba seguro de haberlo ganado- y la consecuencia fue... la pérdida definitiva del año en el Colegio Académico. Terminé en el Liceo Cartago. Cierro paréntesis.)

Y con esta destapada de la Corte Suprema de Justicia -a través de su Sala Penal-, llamando a indagatoria a ese ex presidente por los presuntos delitos de fraude procesal y falsos testigos (entre otros), cometidos después de febrero de este año, estoy recordando otra de esas novelas de James Bond: “El Satánico Doctor No”. Pasados tantos años, no me acuerdo con detalle de su argumento, pero recientemente le achaqué esa “chapa” a un contertulio que siempre contradice: si uno dice hoy es lunes, él dice que no y que no, que es el día posterior al domingo... o anterior al martes. Yo no sé si sea ya por lo abultado de su edad, o puro “gadejo”, pero la verdad es que se volvió mamón.

El ex presidente “conocido de autos” es famoso por eludir sus responsabilidades y hasta en las ruedas de prensa evita contestar en temas que lo pueden comprometer: “siguiente pregunta” es su manida respuesta. Y hasta esta semana tenía un teflón en su hoja de vida, porque nada lo quemaba, aunque varios de sus ministros están en la cárcel por delitos cometidos durante el ejercicio de sus cargos como tales... recibiendo órdenes de su patrón. Y han preferido tragarse esos sapos, antes que contar el cuento completo. Lo que pase de ahora en adelante, no lo sabe ni Mandrake, porque este caso es apenas uno -y el menos grave- de entre varias docenas de denuncias por delitos... que incluyen hasta genocidios. “Diamonds are forever” (Los diamantes son eternos) es otra de esas novelas. Afortunadamente ningún  humano, ni siquiera los dirigentes, lo son.

Coletilla 1: Los noticieros televisivos de Caracol y RCN ya parecen el boletín de prensa de la policía... o una botica. Noticias de los últimos atracos, de los recientes accidentes vehiculares y de los atentados sexuales en contra de menores de edad, se suman a las quejas de una señora que dice tener fuertes dolores de espalda y de cabeza por atender a jóvenes adolescentes madres de familia; de otra que sufre de hongos en sus pies; la de más allá, se siente muy incómoda por su mal olor axilar; un señor lanza su gargajo, gracias a un medicamento milagroso; y la tapa de la olla es la que confiesa que padece de... flujo vaginal. Cuando no es que muestran a una madre besando grotescamente la cola de su hijo. Solo les falta la alimentación de bebés “a teta voliada”, pero de madres de varias razas... porque hay que acatar la prohibición de la segregación.

Coletilla 2: Este fin de semana se produjo algo apenas lógico: reventaron las burbujas de “feisbú” y “tuiterio”. Esas llamadas redes sociales tuvieron estrepitosas pérdidas en la bolsa de Nueva York. La primera, 120 mil millones de dólares. Es que la saturación de “celu-bobos” ha demostrado que en todo el mundo hay arribistas, que quieren hacer aparecer sus nombres -sin ningún mérito- en letras de imprenta, contando hasta que desayunaron... y de que marca es el papel higiénico que usan. Que osos tan peludos. Y que la gente ya se mamó de tanta basura que les mandan por esas mismas vías.

Coletilla 3: Cuenta Gardeazábal en uno de sus últimos “Jodarios”, que los habitantes de Calima-Darién acusan a la empresa Cartón de Colombia por sus reiterados atentados al medio ambiente y a la economía de ese municipio vallecaucano con la siembra de coníferas. Increíble: al comienzo de la década de los años 80´s desvirgué como concejal de Cartago (elegido por el galanismo) con la invitación al grupo ecológico “El Bosque” para que, en sesión plenaria, informara a la corporación edilicia -con sonovisos incluidos- acerca de los peligros de arrasar los cafetales norteños (base del empleo y de gran parte de las economías familiares y municipales) que implicaba esa reforestación con especies extrañas a nuestro clima, por parte de esa misma empresa caleña... que desde hace 35 años sigue en las mismas. Cuando se acabó la presentación de los videos y prendieron las luces, varios concejales dormían a pierna suelta, casi roncando, incluida una señora quien de pronto creyó que “Las Coníferas” era una telenovela con María Luisa Landín, Toña La Negra y Celia Cruz y al ver que se trataba de la siembra de unos palos, como que dijo “que pendejada” y bostezó. Tal vez la única diferencia entre estos dormilones y algunos concejales de hoy... es que nuestra labor fue ad-honorem. Por eso, para debates como éste, era difícil conseguir el quórum: ahora se lo inventan hasta con innecesarias sesiones extras, para redondear sus honorarios.

Gustavo García Vélez | CiudadRegion

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.