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Senegaleses criollos

Publicado: Domingo, 01 de julio de 2018  |  8:22 am
Gustavo García Vélez

¿Qué dicen los godos? Nada, porque si los liberales son bipolares, los herederos de Caro y Ospina (y de monseñor Builes; de Jacinto Cruz Usma, alias “sangrenegra”; y de León María Lozano, “el cóndor”)... tienen todos los síntomas del autismo: no dicen “ni mú”.

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“Al desayuno se sabe lo que será el almuerzo”, decían los abuelos. Cada vez me sorprende más la sabiduría de estos dichos ancestrales. Y con los primeros pasos del nuevo gobierno, a través de sus congresistas, ya conocemos lo que nos viene pierna arriba.

El talante altanero, revanchista y agresivo, se notó en la intervención de la senadora Paloma Valencia... que más bien parece un halcón. Qué paradoja, porque Guillermo León Valencia -su abuelo paterno- fue calificado como “El Presidente de la Paz”, por hacerla posible en los duros enfrentamientos entre godos y cachiporros en la llamada “Violencia”.

Uno no cree que esta gente carezca de calificados asesores jurídicos, que les hayan advertido sobre la clara inconstitucionalidad de las modificaciones a la reglamentación de la JEP que, por iniciativa de los “furibistas”, fueron aprobadas por la mayoría de los congresistas... incluidos los conservadores, que se han presentado siempre como los defensores del orden, de la legalidad.

Lo que sí sabemos todos es que, dentro de ese grupo y con perrero, ha importado muy poquito el criterio legal. Intentaron llevarse por delante a todas las Cortes... cuando estas cuestionaron sus barbaridades. Hasta micrófonos ocultos instalaron en los despachos de los magistrados.

Todos los que saben de derecho constitucional han expresado ya su opinión: no solo van esas modificaciones en contra de la Constitución Nacional (que ya tiene blindado por doce años todo el proceso de paz), sino que los temas aprobados en la última sesión ni siquiera fueron debatidos en las tres anteriores... lo que vicia de nulidad ese remiendo.

Como si esto fuera poco, los mismos militares procesados -a quienes, se supone, quieren proteger- han manifestado que la JEP les brinda seguridad jurídica y que esas modificaciones lo único que lograrían será un futuro incierto y peligroso para ellos. Y todo el actual mando militar desaprobó las intenciones de cambiar lo que ya estaba aprobado por la Cámara de Representantes.

Y si hasta la comunidad internacional le ha dado todo su apoyo a los desarrollos del posconflicto, entonces ¿a quién pretenden amparar? Esto ya pasa de castaño a oscuro... y huele a podrido. Las acusaciones de Petro en ese sentido nos dejan perplejos.

Se parece -casi calcada- esta actitud a la de los bárbaros senegaleses, que repartieron pata ventiada en el partido con Colombia. Las repeticiones de esas escenas en la TV lo dicen todo. Que horror. A la brava, en contra de los reglamentos, intentaron ganar... y les salió el tiro por la culata. Esas tarjetas amarillas de más los sacaron del mundial de fútbol, porque los japoneses se portaron con plena legalidad.

El “fair play”, el juego limpio, no fue precisamente la característica de los senegaleses... como tampoco lo ha sido de los uribistas. Recordemos no más todas las zancadillas, empujones y patadas que le dieron al referéndum. Llenaron de noticias falsas todas las redes sociales. Y, a pesar de eso, solo ganaron por el 0.42%.

Y a todas estas: ¿qué han dicho, o dicen, o dirán los godos? Nada, porque si los liberales -como lo expresé en mi anterior artículo- sufren de bipolaridad, los herederos de Caro y Ospina (y de monseñor Builes; de don Jacinto Cruz Usma, alias “sangrenegra”; y de don León María Lozano, “el cóndor”)... tienen todos los síntomas del autismo: no dicen “ni mú”. Ni siquiera candidato a la presidencia han tenido en las cuatro últimas elecciones. ¿Se enfrentarán ahora a la Corte Constitucional, si les tumba ese bodrio?

Lo dicho: ya sabemos a qué atenernos. Las palomas y las cabales -con los “osos tan peludos” que ofrecen, un día sí y otro también- están más gritonas y más ojibrotadas. Vamos a ver en que quedan... después de la calificación final. Su juego sucio ya las tiene marcadas.

Coletilla 1: La O.M.S. (Organización Mundial de la Salud) ha dictaminado -con todo el rigor científico  requerido- que el uso exagerado de los juegos electrónicos generan muy graves daños en la salud, mental y física, de los niños y adolescentes. Y me parece que, por extensión, esto se está dando ya también en los que abusan de los celulares inteligentes, que en veces lo son más que sus dueños. Ya van quedando como autómatas... perfectos “celu-bobos”.

Coletilla 2: Me pregunta Gardeazábal, a raíz de mis conceptos sobre el lamentable estado del Partido Liberal, si yo se de alguien que sea capaz de sacarlo de esa postración. Le contesté: “Sí. Vos... y yo”. En serio: me parece que nuestro rebelde escritor bien podría hacer parte de un equipo de lujo, integrado por los hijos de Galán, el ex ministro Cristo y todos los que quieren trabajar para que nuestro liberalismo no desaparezca como partido. Es que nunca ha sido de garaje, como sí lo fueron todos los creados como mampara de un liderazgo provisional. Eso era el “Unir” de Gaitán, el “M.R.L.” de López Michelsen, la “Anapo” de Rojas Pinilla. Hasta el “Nuevo Liberalismo” de Galán lo fue, porque nunca pasó de ser un movimiento caudillista: su logotipo fue el afiche del jefe, con la boca abierta... y de pelo oscuro. Me quedó un saborcito “maluco” cuando lo conocí en persona. Me lo tuvieron que señalar. Casi no lo reconozco.  

Coletilla 3: Risible el oso del candidato de Uribe en su visita a Estados Unidos. Habló solamente con el representante de las derechas cubanas de Miami... y dice que todo el congreso lo respalda. Trump lo llamó a duras penas una larga semana después de su elección... y asegura que este respalda su agenda. Hace mucho tiempo que Colombia no daba esta imagen de república bananera.

Coletilla 4: En la selección argentina el que decide no es Sanpaoli, que es apenas un pobre muñeco, un títere. Quien manda es “el jefecito”, el bravucón Macherano. Por eso salieron como pepa de guama. Cualquier parecido con lo que pasa “en otras latitudes” es apenas... pura coincidencia. Y Uruguay sacó la cara por Latinoamérica, con todo y el sol de su bandera... que es el mismo del escudo de Cartago: con ojos, nariz, boca y seis rayos rectos y seis ondulantes. Vea pues. Ojalá este martes a Colombia no le vuelvan a armar el equipo esos fastidiosos argentinos que rodean a Pékerman, como asegura Hernán Peláez que lo hicieron contra Japón.

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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