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Sin sentido del humor

Publicado: Domingo, 20 de mayo de 2018  |  9:26 am
Alejandro Samper

A veces siento que los arranques de indignación de algunas personas son puras ganas de llamar la atención. Como para ver quién le agarra el cañazo y se suma a su emoción.

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A veces siento que los arranques de indignación de algunas personas son puras ganas de llamar la atención. Como para ver quién le agarra el cañazo y se suma a su emoción.

Uno los ve, los lee, en las redes sociales, con la intención de armar ejércitos de ofendidos bajo un ‘hashtag’ (#). A veces con causas justas, como #MeToo; a veces bien intencionadas pero fuera de proporción, como #donjosé; a veces simplemente ridícula, como la que quisieron hacerle al humorista británico John Oliver.

En su programa Last Week Tonight, en el que repasa asuntos mundiales con mucha guasa, Oliver habló de la crítica situación de Venezuela. Mencionó que actualmente es el país más corrupto del continente y, para dimensionar el asunto, dijo que era peor que Colombia: “un país donde la única ley de financiación de campañas (políticas) es que, por favor, reporten cualquier soborno que sea superior a 10 kilos de coca”.

Esta hipérbole tocó las sensibles fibras de Camilo Reyes, embajador colombiano ante la Casa Blanca, quien envió una carta al programa de televisión rechazando los “desconsiderados comentarios”. “Para nosotros (los colombianos) el azote de las drogas no es un asunto de risas. Colombia y los colombianos han pagado el más alto de los precios -el de vidas humanas- en la lucha global contra este flagelo”, dice la nota. Y el ejército de indignados se armó en Twitter: “#JohnOliver un hombre que lo único que sabe es ridiculizar a mi país, solo por hacer reír a unos cuantos”, trinó una ofendida.

Se nota que Reyes no es seguidor de John Oliver. Es probable que con esa nota lo único que logró es echarle más leña al fuego. El equipo de escritores e investigadores de Last Week Tonight son conocidos por meter el dedo en yaga y hurgar cuando el señalado se queja. Además lo hacen con tino y saña. Por ello se han ganado casi todos los premios a los que han sido nominados (27 de 30, según el portal IMDB).

Tal vez sea por la distancia con el país, tal vez sea por el mensaje constante de las “fake news” de Washington D.C., tal vez sea por el impulso y la rabia, pero Reyes sacó de proporción el comentario que, dada las circunstancias de Colombia, pudo ser mucho peor.

Reyes parece olvidar que aquí, en Colombia, arrestaron al director de la Fiscalía Nacional Especializada contra la Corrupción, Luis Gustavo Moreno Rivera, por corrupto. Que esta semana lo extraditaron a los Estados Unidos donde deberá responder por los delitos de conspiración para lavar dinero, conspiración para cometer fraude en giros bancarios y fraude bancario.

Olvida que en el reciente Índice de Percepción de Corrupción, elaborado por Transparencia Internacional, Colombia cayó seis posiciones. Estamos en el puesto 96 entre las 180 economías que se analizan.

Y, si es por la ligereza de Oliver al relacionar la cocaína con la financiación de las campañas políticas, el embajador sufre de amnesia selectiva. En nuestra historia reciente tenemos el Proceso 8.000, cuando el Cartel de Cali financió la campaña presidencial de Ernesto Samper. Está la parapolítica, en la que grupos paramilitares, que se financiaban con dineros del narcotráfico, apoyaron a decenas de políticos. Al menos 51 congresistas fueron investigados por esto.

También olvida que hace poco detuvieron por narcotráfico a Jesús Santrich, guerrillero desmovilizado y con curul en el Congreso. De repente los 10 kilos de coca de los que habló Oliver en su monólogo, palidece ante las 10 toneladas que este personaje al parecer pretendía enviar a los EE.UU. con ayuda de carteles mexicanos.

El embajador Reyes olvidó que hay que saber cuándo y por qué indignarse. Que en Colombia hay que tomarse las cosas con más humor, porque de lo contrario la realidad nos aplasta. Además, en vez de quejarse, actúe. Podría comenzar por buscarle solución a la corruptela burocrática que existe en las embajadas y consulados.

El político y escritor checo Václav Havel ya lo había advertido: “Cualquiera que se tome demasiado en serio corre el riesgo de parecer ridículo”. Saben que: #ReyesRidículo.

Alejandro Samper | La Patria

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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