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El síndrome del oro robado

Publicado: Domingo, 11 de junio de 2017  |  9:19 am
Eduardo Cardona Mora

Una explotación responsable del subsuelo por máximo 20 años, permitiría al país prepararse para reemplazar estas rentas participando en el “mercado de cuotas de emisión de gases”.

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Alfonso López Michelsen, descubrió una enfermedad colombiana que denominó: “Síndrome de Panamá”. De esa manera explicó el dolor que sentimos todas las generaciones por haber perdido ese “tesoro” a comienzos del siglo XX. Siguiendo esa misma lógica, me aventuro a calificar la abominación que siente la sociedad colombiana a la explotación minera (particularmente del oro) como el “síndrome del oro robado”.

La convicción que nos acompaña de que fuimos asaltados por los españoles en la colonia, podría darnos una explicación sociológica, al fin y al cabo, ambos “síndromes” son alimentados desde las primeras clases de historia en el colegio y nos acompañan con nostalgia en las conversaciones al interior de los hogares colombianos.

Utilidades desproporcionadas de multinacionales, corrupción, minería ilegal y la certeza de que en Colombia se cumple al pie de la letra el adagio popular: “pueblo con mina, pueblo en ruina” son razones que refuerzan la idea que en el país nos siguen robando el oro.

Las consultas populares como canalizadoras del “síndrome del oro robado”, pueden ser si las miramos con respeto una oportunidad para el sector minero, derrotar algunos mitos que lo han satanizado, pero sobre todo, sirven para equilibrar las cargas a favor de los territorios que han sido manejados por dos capataces: el gobierno nacional y las empresas mineras. Reivindicar el papel de las comunidades y de los entes territoriales es la manera de reconciliar la cadena: territorio- estado- empresa. Que la oposición se haga con constitución en mano y participación ciudadana es motivo para celebrar.

Una explotación responsable del subsuelo por máximo 20 años, permitiría al país prepararse para reemplazar estas rentas participando en el “mercado de cuotas de emisión de gases”, que consiste en que los países en vía de desarrollo, no produzcamos algunos bienes y nos paguen por ello con el compromiso de conservar sitios de interés ambiental. De allí la importancia que las actividades industriales no se realicen en cualquier parte sino en aquellos lugares que no pongan en riesgo los mayores activos naturales.

Sería la oportunidad de poner a rentar nuestros bosques, páramos y la diversidad biológica que nos ubica como el país más rico en aves, el segundo en plantas, el tercero en agua y el cuarto en mamíferos; y por la calidad de nuestra tierra convertirnos en el seguro alimentario de muchas naciones. La minería responsable que honre ese adjetivo y se le exija tecnología no contaminante no nos quita esa posibilidad y por el contario, distribuye riqueza y paga impuestos.

La minería legal de oro representa solo el 15% de la producción nacional, sin embargo, significó para el estado $10 billones en los últimos 60 meses. La única manera de curarnos del “síndrome del oro robado” es viendo que en esta ocasión sí es para nosotros. La preocupación debería ser el otro 85% conformado por la minería informal, procurando su subsistencia y formalización y combatir la ilegal, que no paga impuestos, mata y contamina con mercurio y cianuro.

Eduardo Cardona Mora | El Diaro

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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