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Su frivolidad lo desnudó

Publicado: Domingo, 18 de noviembre de 2018  |  9:07 am
Gustavo García Vélez

Es la foto del momento (la radiografía que muestra los entresijos) de este gobierno. Y si al desayuno es ésto, uno ya se imagina cómo será en el almuerzo y la cena. Muy mal futuro se le augura a este señor que, por arte de las mañas de su patrón, llegó a donde está... sin merecerlo.

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Mi diccionario Larousse dice que el sustantivo “encuesta” significa reunión de opiniones recogidas por medio de un cuestionario para aclarar un asunto; y aparece después del verbo “encuerar”, una de cuyas acepciones es desnudar. Las encuestadoras Invamer y Datos y Mensajes entregaron las suyas con respecto a la favorabilidad de este gobierno. Ambas coinciden: solamente la cuarta parte de los colombianos (27.2 %) dice que es buena... y su patrón aparece con parecido porcentaje -en barrena, que el mismo diccionario define como “empezar a descender verticalmente y en giro un avión”- cuando hace cuatro meses aparecían como los mesías, los salvadores de la catástrofe en la que (según ellos) dizque Santos dejó a este país.

Es que una cosa es aparecer vestidos (o disfrazados) y otra, desnudos. Y los desfiles estudiantiles exigiendo más recursos para la educación pública; y los sindicatos protestando por la intención de meterle IVA a todos los productos básicos de los colombianos... mostraron en cueros a este par de frívolos. Porque, más que farandulero, títere, hipócrita y mentiroso -calificativos que le dan los encuestados a este presidentico-, es su frivolidad lo que más llama la atención y repugna. Y frívolo quiere decir fútil (insignificante), ligero, pueril, superficial, anodino (ineficaz). La respuesta dada por el jugador del Real Madrid ante la tonta pregunta de cuántos cabezazos podría darle al balón -mientras hacía piruetas-... lo dejó también desnudo: “Utilizo mi cabeza solo para pensar”, dijo el ese sí experto futbolista.   

En mi artículo “Vano virtuosismo presidencial”, publicado hace varias semanas (y que todavía aparece en el archivo de www.ciudadregion.com, haciendo clic abajo en “+ columnistas”), dije que en nuestra adolescencia  todos compartimos aulas con unos que se creían bajados de la nalga de Apolo y la última cocacola del desierto, tal cual este presidente recién posesionado. Y, de contera, eran los más lambones con los profesores... y en especial con el rector. Pero cuando alguien los apretaba, prácticamente desaparecían como por encanto todas sus “virtudes”. Me acuerdo ahora de un calificativo popular en ese entonces: “fullero”, que quiere decir presumido, relamido, atolondrado, aturdido, fanfarrón. Todos estos sustantivos -cuya definición exacta establezco con el diccionario en la mano- debieron de estar en la cabeza de los entrevistados por ambas firmas encuestadoras, al momento de dar su opinión.

Esta es, pues, la foto del momento -o mejor, la radiografía que muestra hasta los entresijos- de este gobierno. Y si apenas al desayuno es ésto, uno ya se imagina cómo será en el almuerzo y la cena. Muy mal futuro se le augura a este señor, que por arte de las mañas de su patrón (las noticias falsas, además de los peores defectos de algunos paisas que creen con ellos demostrar el espíritu de esa cultura: como la marrullería, la mentira, el ventajismo) llegó hasta donde está... sin merecerlo. Porque está muy biche-viche. Y parece que la opinión pública ya se está dando cuenta de la realidad de las cosas, de que no hay tal “presidente-eterno”. No me acuerdo en este momento quien dijo que se puede engañar a alguna gente durante cierto tiempo... pero que es imposible hacerlo con todo el mundo y para siempre.

Y en España también se está produciendo algo que tiene que ver con el verdadero sentir de los ciudadanos. Con el cuento de desenterrar los huesos del dictador Franco y llevarlos a una fosa común (porque ni siquiera se los entregarían a sus descendientes), lo único que está logrando el gobierno de Sánchez es... resucitar al difunto, que estaba bien muerto. Es apenas lógico suponer que aún existen -además de sus familiares- españoles para quienes el nombre de ese señor despierta lealtades. Al fin y al cabo fue su mandamás durante décadas y, por ese solo aspecto, es “más mejor” dejar las cosas de ese tamaño. Porque, entonces, se podría alegar que con ese mismo criterio también se deberían sacar los restos de Felipe II de “El Escorial”... ya que mandó a asar vivos -en hogueras y en actos públicos llamados autos de fe- a miles de españoles, a quienes la Inquisición calificó como herejes.

Y en Colombia, con eso de la “Memoria Histórica” se puede llegar a algo parecido. Gardeazábal en uno de sus “Jodarios”, dice que se leyó un mamotreto de esos y que solamente aparecen las versiones de las víctimas, faltando las de sus victimarios, las que al fin y al cabo son parte fundamental de la historia (igual a lo de los libros sobre el holocausto cometido por los nazis con los judíos: parecen fotocopias solamente de los dictámenes de medicina legal). Y así, cualquiera se puede preguntar: ¿hasta dónde se corre el velo? ¿Quién puede determinar que las víctimas solo son las desde cierto día, mes y año en adelante? ¿Qué pasa con las de la violencia partidista de los años 50 y 60 del siglo pasado? ¿O con la masacre ordenada por Bolívar en Pasto? 

Coletilla: Pensé que la aflicción por la muerte de los padres es la mayor que podemos sufrir los humanos. Pero el fallecimiento de mi primo hermano Alberto Serna Vélez en Medellín este miércoles, me demostró hasta donde los afectos de los familiares más cercanos nos han llenado el alma. Gracias por todos tus consejos recibidos en mi niñez y mi adolescencia (y tus bromas ya en mi edad adulta)... querido hermanito mayor.

Gustavo García Vélez | CiudadRegion

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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