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Suficiente claridad

Publicado: Domingo, 03 de junio de 2018  |  9:42 am
Alejandro Samper

La entrevista que César Gaviria Trujillo dio el pasado jueves a W Radio pasó en cuestión de minutos del descaro a la risa y, finalmente, a la náusea.

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La entrevista que César Gaviria Trujillo dio el pasado jueves a W Radio pasó en cuestión de minutos del descaro a la risa y, finalmente, a la náusea. El jefe del liberalismo, que esta semana entregó los restos del partido al Centro Democrático y a Iván Duque (o sea, al senador Álvaro Uribe), arrastraba las palabras, tenía lagunas mentales sobre cosas que había dicho y hecho y, cuando se las sacaban en cara, gritaba enrabietado. Llegó al punto de pelear con una grabación.

Estaba, claramente, borracho. Si no de licor, de poder. Del poder que se le va y se aferra a este como a un clavo ardiendo. Gaviria mostró que es capaz de pisotear ideales, traicionar confianzas y arrastrar dignidades con tal de asegurarse un cupo -el que sea- en el próximo gobierno. Garantizar, al menos, un puesto para su hijo Simón.

Gaviria, quien en los 90 les prometió a los colombianos la bienvenida al futuro, ahora se refugia en la caverna del Centro Democrático. Busca arruncharse con los nietos del laureanismo y los hijos del uribismo. Una mezcla de lo más retrógrado y lo peligroso.

Detrás del candidato Iván Duque está lo peorcito de la política colombiana. Los herederos de la parapolítica, de los falsos positivos, de Kiko Gómez, de Enilce ‘la Gata’ López… Ahí están los intolerantes, los camanduleros, los fanáticos religiosos, los homofóbicos (perdón, a los que rechazan a los “no heterosexuales”), los clasistas, los racistas y, además, como influencer tienen a alias Popeye, el sicario favorito de Pablo Escobar.

En un perverso ejercicio de imaginarme el gabinete de Duque, si alcanza la presidencia, puse a Alejandro Ordóñez como ministro de Interior; a Viviane Morales en el ministerio de Educación y a alguien cercano a su marido (el tenebroso Carlos Alonso Lucio) en el ICBF; a José Félix Lafaurie como ministro de Agricultura; a fichas de María Fernanda Cabal en los ministerios de Cultura y Medio Ambiente; a Alfredo Rangel en el ministerio de Defensa; Hernán Andrade como ministro de Justicia; y a José Obdulio Gaviria como Canciller. ¡Ah! Y a Simón Gaviria en el ministerio de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones… de algo tiene que valer la voltereta de su papá, a quien le pueden dar la embajada de España.

Y todos, ¡TODOS!, bajo la disciplina para perros del senador y expresidente Álvaro Uribe.

Parecerá ridículo, pero como está de enrevesada la situación política actual, esto se podría conjurar. No le temo al castrochavismo, pero sí al uribismo y la vorágine que trae.

Esta imagen es suficiente para no votar por el candidato del Centro Democrático, de quien dicen tiene madera para ser presidente de Colombia. Puede que sí, pero concuerdo con lo dicho por el analista político Ariel Ávila: a Iván Duque solo le quedan los caminos de ser un títere o un traidor.

No hacía falta escuchar el patetismo de Gaviria para definir mi voto en la segunda vuelta. Pero sí sirvió de mucha ilustración para pillarse la ralea que sigue llegando a las huestes de Duque.

Alejandro Samper | Diario La Patria

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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