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Tema nacional – El plebiscito

Publicado: Domingo, 28 de agosto de 2016  |  9:07 am
Carlos Alberto Bermúdez Cardona

Si bien es cierto la guerra era contra el Estado este se fortalecía militarmente; la verdadera guerra era contra la misma población.

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Para comprender este largo proceso de paz, hoy de cara al plebiscito, se debe mirar la historia además de tener la mente abierta para comprender que las sociedades no se crean ni se destruyen…Se transforman.

El tipo de transformación que logre la sociedad en su conjunto depende si el guía atiende al llamado y actúa en su mandato como: humanista, estadista, reformista, dictador, genocida o tirano.

Para nuestro caso, y derivado del conflicto armado que duró 52 años, el balance es pésimo; ya que en ese largo y doloroso camino se destruyeron las ilusiones de millones de colombianos que terminaron en las estadísticas como víctimas.

La irreparable pérdida de cientos de miles de vidas humanas en su mayoría humildes hombres y mujeres de origen campesino que no tuvieron otra alternativa que empuñar las armas; y abandonar la pica, la pala, el azadón y el rastrillo.

Sin cuantificar con exactitud el daño al ecosistema como consecuencia de los atentados terroristas y la megaminería legal e ilegal y por supuesto la afectación a la infraestructura productiva del país.

Los responsables, unos más que otros, que intentaron a través de reformas cerrar la brecha social, cuentan desde Lleras Camargo hasta Turbay Ayala y por supuesto que las guerrillas.

Ya en plena crisis social y con la penetración total del narcotráfico; le siguen todos aquellos que por acción u omisión no lograron detener los efectos de la corrupción y la guerra financiada por esta última y en todas sus dimensiones.

Si bien es cierto la guerra era contra el Estado este se fortalecía militarmente; la verdadera guerra era contra la misma población.

Frente a esa realidad, le siguen en responsabilidad aquellos presidentes que intentaron afanosamente buscar la paz con los grupos alzados en armas pero la mayoría fallaron y según la opinión publica estas fueron las siguientes razones: Betancur (Mucha poesía), Barco (Ausencia de liderazgo), Gaviria (Ambicioso), Samper (Falta de credibilidad), Pastrana (Débil e ingenuo), Uribe (Arrogante y manipulador) y Santos (Estratega).

Tras décadas de muerte y violencia, Colombia es una nación que a pesar de todo cuenta con una enorme riqueza intelectual, deportiva, cultural y económica basta recordar que tenemos dos océanos; ocupa según el índice de Progreso Social de 2015 el puesto 49 de 133 en el ranking mundial de PG y con una tasa de crecimiento para el 2014 del 4%, por debajo de Panamá, Perú, Chile y Costa Rica.

El próximo lunes 29 de agosto se cierra el capítulo más violento en la historia de la patria cuando se inicia el proceso del cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo. ¿Será que por pereza mental deja que otros piensen y decidan por usted?

¿No cree usted, atento y respetado lector, que los hijos de la guerra tienen la misma oportunidad de tener educación, salud, vivienda digna y seguridad alimentaria de la que hoy tienen mediana o cómodamente sus hijos?

¿No disfruta con el hecho cotidiano de llevarlos y recogerlos diariamente, en paz, en el colegio y llevarlos, cuando puede, de vacaciones a otra ciudad o a la playa?

Se le olvida que la guerra, por fortuna, nunca lo ha tocado a usted o su familia; que seguramente todas las noches cómodamente durante los últimos 50 años su abuelo, su padre y hoy usted, le dedican tiempo para ver las noticias y películas de acción; y seguramente ya nada le sorprende.

Seguro nunca se ha detenido a reflexionar sobre el terror y el dolor humano de cientos de millones de humildes compatriotas víctimas de una guerra que, solo hasta hoy, llega a su fin.

¿Qué espera ver de ahora en adelante? ¿Seguramente no lo sabe? ¿Aún cree que apoyar una nueva guerra lo hace “in” o de mejor familia? ¿En sus intimas reflexiones se considera de pensamiento liberal, conservador o independiente, manipulador o un elector adoctrinado?

¿Le molesta que la Farc entregue las armas, y a lo mejor le aterra y no sabe que hacer con una de ellas? A parte de ser un sujeto pasivo social y tal vez políticamente… ¿Por qué razón pretende votar para que se reinicie una guerra que usted, erróneamente, cree que no es la suya ni la de sus familiares y amigos?

¿Sabía usted que durante la última década se destinaron 230 billones de pesos para la guerra en Colombia?

¿Ha calculado usted cuantas aulas escolares, puestos de salud, acueductos veredales y vías terciarias, por mencionar algunas inversiones sociales, se construirían con lo que se ha destinado para sostenerla?

Le sigo escribiendo a usted que no quiere el cambio…Para alcanzar, esa transformación, es fundamental el cambiar de actitud, para lograrlo es necesario avanzar en la dirección correcta; negarse a mejorar, tal vez por miedo u obstinación - o porque las cosas no sucedieron como esperaba, su “líder”, hace ya casi 6 años, es decir gobernar en cuerpo ajeno – lo anterior significa seguir percibiendo en blanco y negro el mundo que le rodea.

¿O lo hace por venganza? Sea lo que fuere, no cabe en una mente sana que un solo hombre, líder indiscutible como lo fueron muchos en la oscura y pasada historia de la humanidad, pretenda alimentar un conflicto armado por 20 años más que es lo que le resta de energía vital y vida útil; so pretexto que la paz no es como el país y los niños ya la pintan, sino como “el” se la imagina.

Negarse al cambio es creerse único e irremplazable, máxime cuando la bandera que enarbola es la del justiciero, que a sangre y fuego intenta redimir los pecados del adversario… ¿O serán sus propios pecados que ve en los supuestos enemigos de la patria?

Otros, los más comunes y algo taimados, frente al irrepetible momento histórico que vive el país, acostumbrados y acomodados en su zona de confort, siempre con la intención de darle gusto a todo el mundo, y cuando intentan tomar una posición, porque en su alrededor se lo exige, siempre atinan a repetir la ya popular frase que no significa otra cosa que la de lavarse las manos – como lo hizo hace más de 2000 años el gobernador Poncio Pilatos.

Hoy en el lenguaje del siglo XXI de manera maniquea comparten en las redes sociales… “No soy Santisa, mucho menos Uribista, no soy guerrillero y tampoco paramilitar, soy colombiano, soy demócrata… anhelo la paz y creo en el proceso de la habana”.

A partir de hoy, si verdaderamente anhela la paz, debe abandonar las aguas tibias, recuerde la enorme responsabilidad de empezar a construir un mejor país para nuestros hijos, nietos o biznietos.

Como parte del acuerdo final, los últimos pasos hacia el postconflicto, se están dando con la implementación de las zonas veredales; que son aquellos lugares distantes del país urbano donde se van a concentrar los guerrilleros.

Es allí donde la Farc y los militares van a trabajar junto con los observadores internacionales estos últimos encargados del monitoreo y la verificación que en un principio garantizaran, estos últimos, en el cese de hostilidades.

También significa que los militares creen firmemente en unos acuerdos que beneficiaran no a la Farc, sino a la patria y en especial al país rural.

Lo que será una realidad, mediante la aplicabilidad de la Reforma Rural Integral que es el punto uno (1) “Hacia Un Nuevo Campo Colombiano” acordado el pasado 26 de mayo de 2013.

Finalmente el próximo 2 de octubre se votará el plebiscito e independiente de la decisión que tome…Hágalo a conciencia, lea, pregunte, compruebe; abandone la resignación o esa zona de confort en la que ha vivido durante toda su vida; eso sí evite como siempre que todo le llegue “molidito” a sus manos; recuerde que no solo está en juego su situación actual o comodidad; sino el destino de la patria… Amanecerá y veremos.

Carlos Alberto Bermúdez Cardona

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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