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Terapia de grupo

Publicado: Domingo, 11 de septiembre de 2016  |  8:34 am
Gustavo García Vélez

No sé porqué (¿tal vez reacción mental protectora?) me he acordado por estos días de las metidas de pata de algunas mujeres, profesionales en los medios de comunicación. Son temas “deliciosos”, como llaman las señoras pelimoradas a los chismes de salón de belleza.

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Según la última encuesta sobre el plebiscito del 2 de octubre -contratada por le revista “Semana” y RCN-, dada a conocer este viernes, solamente el 38% de los entrevistados aseguraron que votarán (por el sí o por el no) y un 14% dijo que “tal vez” lo harán. Entre todos estos, el “sí” barre. El resto, o sea medio país, dejó en claro que no lo harán en ningún sentido. Y hay que recordar que, hace muy poco, esa misma firma encuestadora había dicho que el “no” ganaría. O sea… que corrigieron su embuchado.

Esto demuestra que, a pesar de tanta cantaleta -o tal vez por eso mismo-, este proceso no le produce “ni frío ni calor” a la mitad de los colombianos y que esa onda emocional que reflejan la publicidad “ventiada” a través de los medios de comunicación social, como también las entrevistas a todos los representantes del gobierno en los “diálogos de La Habana” (muy didácticos, hay que reconocerlo, por su misma experiencia de primera mano), le ha pasado por encima, o por debajo, o por un lado a ese 50% de los ciudadanos aptos para votar, pero no le ha entrado ni a su cerebro, ni a su corazón.

Como ya lo expresé en artículo anterior, yo me cuento entre los que estamos hastiados (“estragados”, decían nuestros mayores), por esas arrobas, toneladas de mecato que nos están ofreciendo desde hace 4 largos años (vuelvo a preguntar: ¿todo este tiempo para discutir sobre 6 temas concretos, ninguno de ellos de cambio del modelo económico o de la propiedad privada? ¿8 largos meses para cada asunto?).

Entonces, a manera de terapia -y de grupo, si los lectores están en las mismas- decidí ocupar este espacio para contar cosas sin tanta bulla, sin esa megalomanía fastidiosa que ya nos satura y que solo ha logrado que, sobre el plebiscito, la mitad de los colombianos “oigan de eso… como quien oye llover”.

Y, no sé porqué (¿tal vez reacción mental protectora?) me he acordado por estos días de las metidas de pata de algunas mujeres, profesionales en los medios de comunicación. Son temas “deliciosos”, como llaman las señoras pelimoradas a los chismes de salón de belleza.

Por ejemplo: cuando la televisión era en blanco y negro, recuerdo una entrevista que Gloria Valencia de Castaño le hizo a Sonia Osorio, directora del “Ballet de Colombia”, hija de un panegirista del dictador Rojas Pinilla y mujer del pintor Alejandro Obregón, con el que tuvo varios hijos. Sonia llegó estrenando una manta guajira y Gloria opinó que estaba disfrazada como una mujer de esa etnia. No lo hubiera dicho. La entrevistada respondió más furiosa y altanera de lo que comúnmente era y le cantó la tabla a la entrevistadora. Y todo “al aire”, porque en esa época no había pregrabado. No recuerdo sus palabras exactas, pero fue algo así como “yo no tengo sus oportunidades de comprar ropa de modistas famosos”. Gloria se hizo “la manuela” y prosiguió la entrevista, como si nada. Ignoro si fue por sacarse un clavo. Y que se lo sacó… se lo sacó.

Otra metida del “piecito” fue el de la hoy locutora de Caracol-Radio, Erika Fontalvo, enviada especial por un noticiero de televisión para cubrir las consecuencias del terremoto de Armenia. Dijo que había ya muchas edificaciones sostenidas con varillas de bambú. “Qué ignorante. Eso se llama… guadua”, pensé inmediatamente. A propósito de ella, me parece que hoy no lee las noticias. Las “ladra”.

(Y no quiero dejar pasar este recuerdo: hace años, estaba en el Parque de Bolívar de Cartago con un amigo, cuando se nos arrimó uno a quien le decían “el paisa”. Había una venta ambulante de calzado y señalando con su dedo, preguntó: “¿a cómo son esas chanclas de cabuya?”. Mi amigo soltó la carcajada y le dijo: “Ole, paisa: esas chanclas de cabuya… se llaman alpargatas”. Ni que decir que este “paisa reencauchado” se fue inmediatamente. Quien sabe que otras bestialidades le habrá preguntado ya a San Pedro, porque hace tiempo falleció. Es que este parque es un fogón y el que no pase por ahí y se siente a tertuliar… queda crudo, no se cocina).

Y la hija de Gloria Valencia, Pilar Castaño, le respondió a Juan Gossaín muy temprano en la mañana del día del atentado a las Torres Gemelas en Nueva York y desde allá mismo que: “aquí no pasa nada, yo no he visto eso, debe ser una falsa alarma”. No sé si por eso, poco después… ya no hacía parte del grupo de periodistas de RCN. Y se dice que esta misma “periodista de modas” le mentó la madre al humorista Jaime Garzón, cuando este comenzó a remedarla en su programa de televisión, “voliando” la peluca que se ponía, tal cual ella lo hacía con su propio largo cabello. Pero el “oso más peludo” lo hizo cuando, recientemente, saludó a los Príncipes de Gales en su visita a Colombia… con doblada de rodilla, casi genuflexión y agachando la cabeza, como si fuera súbdita inglesa.

Otra a la que se le va la lengua, es la integrante del grupo de “La Luciérnaga” de Caracol y, además, directora de noticias desde Armenia y cuyo nombre no recuerdo. Un día sí y otro también dice que detesta a Santos y a Vargas Lleras, violando flagrantemente la ética profesional periodística -que la obliga a ser imparcial- y como si a los oyentes les interesara su “trascendental” opinión. Y el día en que el Consejo de Estado echó al santurrón Procurador Ordóñez (a pesar de sus triquiñuelas de leguleyo barato, porque predica pero no practica y que convirtió a ese despacho oficial -en esta ya república laica desde la Constitución de 1991- en una peligrosa secta religiosa), ella no fue al programa… porque ya había apostado públicamente que “nada pasaría”.

Ni qué decir de las ya históricas, pero “catredalicias”, metidas de “pierna” de la cartagüeña Virgina Vallejo García (que no es mi pariente) quien, en una muy repetida pauta publicitaria de televisión, lucía sus extremidades inferiores forradas con medias de nylon de una conocida fábrica… que después se supo “quién” se la regaló.

O Vicky Dávila, que “atarzanaba” a sus entrevistados, buscando a la brava una declaración comprometedora, un titular de noticia… hasta que se le fue uno de esos tiros por la culata.

Para terminar, mucho le agradeceríamos los oyentes de Caracol -que no vivimos en Risaralda- a la directora del noticiero local de esa cadena radial en Pereira, que no interrumpa a cada momentico la transmisión nacional de la mañana… para repetirnos por enésima vez las mismas noticias del día en su jurisdicción. Es que trata a los oyentes como si fueran sordos, o débiles mentales… o con Alzheimer.

Les confieso, amables lectores -y lectoras- que pensé inicialmente ponerle como título a este escrito, éste: “… Y no es misoginia”. ¿Qué tal? ¿Les sirvió la terapia de grupo?

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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