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La tercera vía

Publicado: Domingo, 11 de marzo de 2018  |  1:16 am
Gustavo García Vélez

¿Cuál candidato a la presidencia representa hoy, de verdad, esa Tercera Vía? Porque aquí todavía la hay: nada de ese populismo trasnochado... y peligroso por lo irresponsable. Pero tampoco esa “mano enguantada” de los poderosos grupos económicos, que puede ser un representante de la derecha.

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En junio de 2001, los ingleses decidieron -por una muy respetable mayoría- que el primer ministro Tony Blair continuara al frente del gobierno, en nombre y representación del Partido Laborista, que es de tendencia centro-izquierda y tiene afinidades con todos los partidos afiliados a la social-democracia.

Esta victoria del laborismo en Inglaterra, sobre todo después de haber estado rigiendo los destinos de esa nación desde hacía varios años tuvo -a no dudarlo- sus consecuencias, no sólo en Europa sino en todo el mundo occidental, incluyendo -por supuesto- a América Latina.

El mundo ya había vivido la desbaratada de la Unión Soviética. Y China daba los primeros pasos para convertirse en esa cosa que todavía no se entiende: un Estado comunista con una economía capitalista. A sus líderes les están dando en estos mismos momentos los títulos que tuvieron sus antiguos gobernantes: zar al de Rusia y emperador al chino.

De manera que la propuesta de la Tercera Vía tuvo su futuro para los que no querían nada de comunismo, pero tampoco de ese capitalismo salvaje, que se llama neoliberalismo. Ambos nacieron en cuna inglesa, porque hay que recordar que Marx escribió “El Capital” en Londres, patrocinado por Engels.

Y es que en Inglaterra han comenzado todos los procesos socio-económicos y políticos de importancia, tal vez por razón de ser una isla -por su “aislamiento” del resto del continente europeo- lo que la hecho más o menos inmune a las influencias externas, aún hoy en día, cuando la globalización tiende a uniformar costumbres y hasta tendencias políticas.

Esta originalidad de los ingleses, esta característica de ser los primeros en poner a prueba muchas cosas, los ha vuelto especialmente odiosos para el resto de los europeos, que no los ven con muy buenos ojos, actitud que es ampliamente correspondida por ellos, que tampoco es que se traguen mucho a los continentales. “La Pérfida Albión” -como llaman a Gran Bretaña los otros europeos- ha sido, por ejemplo, la cuna de procesos políticos ya tan arraigados como la monarquía constitucional, cuando los nobles lograron lo que se llamó “La Carta Magna”, en la que el rey Juan Sin Tierra les otorgó los derechos que ellos reclamaban. Me atrevería a decir que ésto no fue más que la culminación de un sentimiento nacional, que venía desde la leyenda del rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda, mueble que, aún hoy, se utiliza cuando se quiere que no existan privilegios entre los contertulios porque, por ser eso, redonda, no tiene cabecera, ni lugares de preeminencia.

Pero dejemos a un lado estas letras menudas -que pretenden demostrar erudición para descrestar calentanos- y concentrémonos en la importancia que tuvo ese hecho político de la victoria del laborismo en Inglaterra. (A propósito, Don José Ortega y Gasset decía que el conocimiento en algunos no es más que “un vano amontonamiento de datos inútiles”; y que esa erudición es “la retórica de los mismos hechos”. Más o menos como los intentos de descrestar de algunos politólogos de cafetería…o de banca de parque.)

Pero sigamos. Fue precisamente Don José Ortega y Gasset quien hizo notar a los europeos esa originalidad de los ingleses, la que todos ya comprobamos además con lo que hoy se llama neoliberalismo, que no apareció (como a veces erradamente se cree) con el gobierno de Ronaldo Reagan en Estados Unidos, sino con el de Margarita Thatcher en Inglaterra.

El partido laborista, que nació como una de las consecuencias de la revolución industrial del siglo 19, la cual -como cosa rara- también comenzó en Inglaterra, recoge el querer de los que, allá, piensan que el Estado debe regular las relaciones socio-económicas, evitando así que el pez grande se coma al chico, que es la premisa sustancial del neoliberalismo. Nos debe importar pues -y mucho- que la tendencia acogida por los ingleses, que por el llamado “efecto dominó” fue acogida en todo el mundo, sea la contraria a la tal “apertura económica”, que aquí comenzó con el funesto mandato de César Gaviria Trujillo, paradójicamente, en nombre y representación del Partido Liberal Colombiano que -al menos en el papel- está todavía inscrito hoy en la social-democracia, al lado del laborismo al que pertenece Tony Blair, el entonces flamante y victorioso primer ministro inglés.

La Tercera Vía (que no es otra cosa que el mismo intento de siempre de la social-democracia por mostrar un camino diferente al del capitalismo salvaje o al del totalitario comunismo) fue, pues, la tendencia a seguir en todo el mundo. Y los neoliberales -privatizadores de los servicios públicos y sepultureros de la agricultura- se asustaron. Dígalo sino, la caída notoria que tuvo la moneda inglesa (la libra esterlina) en la bolsa de Londres, al día siguiente de esa victoria laborista.

Y en Colombia ¿cuál candidato a la presidencia representa hoy, de verdad, esa Tercera Vía? Porque aquí todavía la hay: nada de ese populismo trasnochado... y peligroso por lo irresponsable. Pero tampoco esa “mano enguantada” de los poderosos grupos económicos, que puede ser un representante de la derecha.

Coletilla: Ningún candidato a la Cámara de Representantes por el Valle del Cauca ha dicho “ni mú” con respecto a la creación de Provincias y de Regiones, en este departamento compuesto por, al menos, tres provincias que representan otras tantas identidades socio-económicas y culturales: las negritudes de la costa pacífica, la zona de la caña de azúcar... y el paiserío del extremo norte. Son una lista de perfectos desconocidos para nosotros, que no saben en donde queda el Parque de los Brujos en Cartago... ni cómo se va a El Cairo, por ejemplo. De manera que ninguno de esos aspirantes seduce el voto. Al menos el mío. Claro que en las de senado tampoco es que aparezcan candidatos que se caractericen por ser defensores de la descentralización política, administrativa y fiscal. Qué vaina, ole.

Gustavo García Vélez | CiudadRegion.com

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.