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“The economy, stupid”

Publicado: Sábado, 28 de octubre de 2017  |  11:08 pm
Gustavo García Vélez

Algo parecido se le puede decir a Gaviria, mandamás del Partido Liberal. Una consulta entre dos precandidatos, aún rebajando 50% su costo, es una estupidez. Y más, gastar en una colectividad que con el lánguido Rafael Pardo como candidato... casi queda enterrada.

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El presidente de Estados Unidos George Bush (padre), en 1992 contaba con una favorabilidad en las encuestas del 90% y tenía asegurada su reelección. Había colaborado exitosamente para la terminación de la “guerra fría” con los países de la Cortina de Hierro y, además, demostró con la del Golfo Pérsico todo el poder militar y, sobre todo, tecnológico de su país. La televisión se encargó de volver ese enfrentamiento con Sadam Hussein un completo show mundial diario de televisión, haciendo uso de la información a través de los satélites de comunicaciones, que estrenaban sus servicios para todo el planeta.

El gobernador del estado de Arkansas, Bill Clinton -prácticamente un desconocido a nivel nacional- lanzó su candidatura presidencial. El enfrentamiento entre ambos se vislumbraba como una reedición de la pelea entre David y Goliat. Sin embargo, al final de las cuentas Clinton derrotó al presidente y fue elegido como nuevo mandatario de los Estados Unidos.

¿Qué pasó para que “la torta se volteara”? Pues que Bush cometió el error garrafal de contentarse con sus triunfos guerreros, creyendo que con haberle dado ese “circo” a los electores, bastaba. Porque los gringos son así: se solazan viendo la destrucción de vehículos (terrestres, aéreos o marítimos) y creyéndose los dueños del mundo. No es sino ver las tontas películas de Hollywood: carros estrellados a toda velocidad, naves supuestamente de extraterrestres vueltas añicos por el genio y la “valentía” de ellos. Y antes, en los años 50´s y 60´s, los vaqueros con sendos revólveres al cinto... matando indios sioux, cheroquees, apaches y comanches, solo por tener la piel roja. En la práctica, hacía ya décadas que habían acabado con casi todos. Porque la cosa era entre los buenos y los malos. Y, claro, para estos pistoleros los buenos eran -y siguen siendo- los descendientes de los padres peregrinos llegados de Inglaterra... aunque por dentro estén podridos. Los irlandeses, italianos, alemanes y polacos llegaron después.

A un asesor de la campaña del gobernador se le ocurrió meter la mano y colocar en la cartelera de la sede política una lista de las prioridades en los temas. Una de ellas, el bolsillo de los contribuyentes, interpretando fielmente la certeza de que eso es lo que más les duele a los gringos. “The economy, stupid” (Es la economía... estúpido) escribió este ayudante y de allí arrancó la campaña triunfante de su jefe. La pedrada con cauchera que dio en plena “totuma” de Bush, para volver al símil de David contra Goliat. Esta frase fue prácticamente el lema publicitario, que inundó todos los estados de esa nación, con los resultados conocidos.

He recordado esta anécdota, porque eso mismo se le puede decir al ya “quemado” (lo van a barrer en las elecciones convocadas por el gobierno español para el 21 de diciembre en Cataluña), presidente de la Generalitat, Carles Puig “no-sé-qué”. Porque el retiro de ya casi mil empresas que tenían su sede en Barcelona, incluyendo catalanas, indica que -como siempre- la economía manda. No las ideologías. Por ella hasta las guerras siempre se comienzan... y se terminan.

Lo único que este miope logró (como se lo dijeron este viernes en el parlamento sus mismos paisanos) fue dividir a los catalanes. Ni la Comunidad Europea, ni la OTAN, ni las potencias occidentales apoyan esta “calentura de horqueta” de la minoría catalana -apenas el 35%- que, por esas cosas de la democracia, de la abstención de los buenos ciudadanos, ha logrado decidir sobre tamaño asunto que tiene que ser voluntad de la absoluta mayoría.

Para entenderlo mejor: es como si los habitantes de los 18 municipios norteños, por minoría nos autoproclamáramos como Provincia, pero no solo como unidad administrativa sino como entidad territorial con gobernantes y presupuesto propios, afirmando nuestra vocación autonómica que, como lo he dicho hasta el cansancio (hasta la náusea) es inclusive precolombina. Y así no es. El respeto por las identidades culturales -que es el “quid” de la protesta catalana... y de la nuestra- tiene que ser el resultado de un consenso, no de imposiciones, que lo único que demuestran es la inmadurez, el “culiprontismo”, de quienes promueven esas vías a la brava.  

Y algo parecido -o lo mismo- se le puede y debe decir al ex presidente Gaviria, que posa como el mandamás del Partido Liberal. Porque una consulta interna entre solo dos precandidatos, aunque hayan rebajado en un 50% sus costos... es una estupidez. Cuarenta mil millones de pesos todavía es mucha plata, sobre todo para gastarla en una colectividad que con el lánguido Rafael Pardo como candidato... casi queda enterrada.

Claro que Gaviria demostró en su mandato que le importa un pito (una mierda de gato) el bolsillo de los colombianos. Recordemos no más su “apertura económica”, que postró al agro y a la industria con las importaciones inútiles y masivas de lo que aquí ya estábamos produciendo.

Coletilla: Con una muy profesional asesoría de Artesanías de Colombia y de Museos Nacionales, se abrió en Cartago el “Museo del Bordado Calle Real”, dirigido sobre todo, pero no exclusivamente, a los turistas. Su propósito es “la conservación, protección y proyección del patrimonio cultural, histórico y artístico de una de las artes más antiguas de la humanidad en la Capital Nacional del Bordado: Cartago”. Hay recorridos guiados paso a paso por la historia del bordado en todo el mundo y no solo en nuestra ciudad. Información turística sobre Cartago y su entorno. Capacitaciones. Artesanías, postales locales... y café exprés. Dirección: carrera 4ª (nuestra otrora Calle Real), número 9-31, en una tradicional casa cartagüeña, muy bien restaurada para este efecto. “Con tu visita vives Cartago”, es el afortunado lema. Felicitaciones a la empresa “Scape”, auspiciadora de este “cabezazo” y a su asesor, Luis Carlos Franco.

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.