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#tienehuevo

Publicado: Sábado, 29 de julio de 2017  |  11:14 pm
Alejandro Samper

Las cosas tampoco se dicen de frente sino que se abren cuentas y perfiles falsos en las redes sociales con el fin de atacar y acabar con la reputación de alguien.

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Muchas personas me han preguntado por qué no tengo Twitter. Que debería estar trinando mis opiniones y compartiéndolas en las redes sociales. Entonces me animo y cuando estoy a punto de darle click a que acepto integrarme a la bandada, algo sucede…

Analistas y usuarios aseguran que esta plataforma creada para compartir información en 140 caracteres, es una cloaca donde abunda la desinformación.

Famosos, como los cantantes Adele y Ed Sheeran, se maman del matoneo y cierran sus cuentas. Y, para rematar, un expresidente usa este espacio para difamar y manipular a sus legiones con el fin de acabar con la moral y la imagen de sus opositores.

Le pregunté a un amigo que trabaja en Twitter si al hoy senador Álvaro Uribe lo podrían sancionar por lo que escribió en contra del columnista Daniel Samper Ospina. Cerrarle la cuenta por un tiempo como han hecho con otros infractores de sus políticas de contenido. Me confirmó que al líder del Centro Democrático ya lo habían denunciado, pero que bloquearlo sería muy difícil por el personaje que es, por el número de seguidores que tiene (4,79 millones) y porque “legalmente es un tema complejo de justificar. Hay calumnia, pero no hay invitación a la violencia”.

¿Acaso calificar públicamente de “violador de niños” al humorista ante un auditorio de millones, en un país donde el abuso sexual a los menores de edad es un tema delicado, tanto que hasta se propone la pena de muerte a estos sujetos, no es una incitación a la violencia? Así, con qué ganas queda uno de unirse a Twitter.

Vivo tranquilo sin Faceboook, Twitter, Snapchat o demás plataformas. Algo que para muchos puede considerarse un suicidio profesional en un mundo donde hay que estar hiperconectado. Ahora que estoy repartiendo hojas de vida, en algunas entrevistas me han mirado rayado por no estar en las redes sociales. Me dicen que es importante para mover los índices de audiencia. También para que la empresa pueda conocerme un poco más. Entonces les digo que por qué no me preguntan de frente lo que quieren saber de mí… y miran para otro lado. Los entiendo. Tal vez no sea el más atractivo, pero créanme que tampoco soy el más fotogénico como para preferir verme en Instagram, en fotografías de encuentros familiares o fiestas, a hablarme cara a cara.

Las redes sociales nos acobardaron. Ya no se pregunta por la vida de alguien, sino que se le espía. Como Gerd Wiesler, ese agente de la Stasi que dedica horas a observar y registrar la vida de un dramaturgo en la película alemana La vida de los otros.

Las cosas tampoco se dicen de frente sino que se abren cuentas y perfiles falsos en las redes sociales con el fin de atacar y acabar con la reputación de alguien. Un método sistemático, eficaz y agobiante, como se evidenció hace poco con Samper Ospina, y con otros que sucumbieron ante los ataques de intolerancia, como le ocurrió al periodista Felipe Zuleta que recientemente cerró su cuenta.

Diego Santos, quien hasta hace poco fue director de noticias y política para Twitter Colombia, dijo en entrevista para Vicky Dávila, en La W Radio, que esta plataforma digital tiene 3,7 millones de usuarios en Colombia, de los cuales un millón es activo. O sea, 2,7 son personas inexistentes; usuarios creados por agencias con el fin de mover la cuenta de alguien… o para atacar. O sea, casi dos terceras partes son robots que trinaron un par de veces y no pasaron de ser unos huevitos en Twitter, que es como identificaban hasta hace poco a las cuentas nuevas.

Dadas las circunstancias, Twitter puede esperar. No me interesa entrar en los terrenos de expertos camorreros del trino como el expresidente Ubérrimo, mucho menos enfrentarme a sus tres huevitos. O, como lo estableció Diego Santos, a una tercera parte de ellos porque el resto son de mentiras. En efecto, Uribe tiene huevo.

Alejandro Samper | Diario La Patria

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.