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Trece millones de ideas y de votos

Publicado: Sábado, 19 de agosto de 2017  |  9:57 pm
Uriel Salazar Ceballos

Los jóvenes indiferentes no deben ser marginados sino motivados hacia el logro de bienes mayores y, para alcanzarlo, deben emplearse las vías preferidas por ellos.

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Según el Departamento Nacional de Estadística, en Colombia hay trece millones de jóvenes con edades comprendidas entre los 14 y los 18 años, los cuales conforman una cantidad nada despreciable para el más ingenuo aspirante a cualquier cargo de representación.

Lo dramático de esta cifra es que se refiere a una población indiferente a la política, apática en asuntos de gobierno y desinteresada en materia de participación electoral.

Ellos están ahí, desaprovechados e improductivos políticamente, porque las circunstancias históricas los han arrinconado.

Uno de los antecedentes que explica esta actitud de los jóvenes es el haber sido considerados como franja de población y no como parte activa y decisiva de la sociedad.

Auscultando mejor este comportamiento, puede deducirse que los jóvenes responden más a tendencias coyunturales, que a situaciones permanentes, argumento que justificaría el cambio de estrategia en el modo de convocarlos.

Otro aspecto que amerita reflexión es el relacionado con los motivos por los cuales los jóvenes esquivan los asuntos públicos, a pesar de reflejar en otras actuaciones un gran potencial de sensibilidad que los conecta con los más débiles, los menesterosos, los indefensos y los animales.

Se me ocurre creer que esa indiferencia hunde sus raíces en la insensibilidad de su medio familiar, la indolencia de sus grupos de relación, la falta de compromiso y en el desmoronamiento institucional que los deja sin puntos de referencia confiables.

Presidentes, magistrados, ministros, senadores, representantes, diputados, concejales, funcionarios, contratistas y proveedores del Estado en muchos lugares del mundo, salpicados por abusos de poder y grandes escándalos de corrupción que atemorizan y previenen a los jóvenes, hasta el punto de no atreverse a participar de semejante berenjenal.

Así como las “disputas interclases o intercolegiadas” se convocan a través de las redes y, muy seguramente las “barras bravas” también recurren a ellas, ¿no será que las causas socio-políticas podrían atraer a las nuevas generaciones si se las convocara por estos medios?

Debe recordarse que la educación y la formación no se hacen con sustracción de materia y, que según este precedente, los jóvenes indiferentes no deben ser marginados sino motivados hacia el logro de bienes mayores y, para alcanzarlo, deben emplearse las vías preferidas por ellos.

Si los grandes acompañamientos surgen del encanto de la seducción, los jóvenes seguirán a quienes logren seducirlos, efecto para el cual se hace indispensable replantear estrategias que permitan visualizarlos como forjadores de futuro, luego de corregir los residuos de una memoria histórica fallida.

Uriel Salazar Ceballos | Crónica del Quindío

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.