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Vano virtuosismo presidencial

Publicado: Domingo, 07 de octubre de 2018  |  8:20 am
Gustavo García Vélez

Pero la tapa de esta olla es lo que ha pasado con los recientes atentados del tal “guacho”, porque decir sin ningún pudor ni rubor que detrás de este tipo iban tres mil soldados (alcanzaron a mencionar que cinco mil) es más que ridículo: vergonzoso... porque no lograron capturarlo.

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Todos tuvimos -sufrimos- en el bachillerato algún compañero que “se las daba”. Se jactaba de tener mejor familia que sus condiscípulos; juraba y comía mocos que nadie como él para jugar fútbol o basquetbol; que todas las niñas se derretían con sus encantos; que sabía tocar cualquier instrumento musical a la perfección. En síntesis, como decía un compañero de clase: “se creía bajado de la nalga de Apolo” o “la última cocacola del desierto”. Y, de contera, era el más lambón con los profesores... y en especial con el rector. Pero cuando alguien lo apretaba, prácticamente desaparecían como por encanto todas sus “virtudes”.

Este presidente que tenemos en Colombia se me va pareciendo mucho a esos fulanos. Intenta descrestar con un balón, haciendo piruetas delante de un renombrado futbolista. Le arrebata delante del público y en plena tarima la guitarra a un músico profesional, para dárselas de virtuoso de ese instrumento. Posa de estadista recién estrenado, buscando con desespero que lo asimilen a los líderes mundiales que tienen su misma edad, como pidiendo entrada fácil a ese exclusivo club y pagando anticipadamente la acción con la camiseta barata de un jugador criollo. Y ha sido tan obsecuente y seguro servidor del patrón que lo dio a conocer y supo vender su imagen, que ya hasta varios de sus ministros dicen públicamente que el verdadero presidente es... este mandamás de todos ellos. Y no son lapsus linguae, ni siquiera lapsus patas. Es lo que sienten los adoradores arrodillados.

El diccionario dice que la palabra vano tiene dos significados: inútil y vanidoso. Y que virtuosismo es perfecto dominio de la técnica de cualquier arte -gobernar lo es- y en especial de la ejecución musical. Esas poses rebuscadas hasta en programas humorísticos de televisión, que tal vez se justificaban en tratándose de conseguir votos, ahora como cabeza visible de 45 millones de colombianos nos dejan muy mal parados. Porque si no ha pisado ya la raya del ridículo... le falta muy poquito. Cada día demuestra que está todavía muy biche y que le faltan por lo menos tres hervores. (“Doctor aguacate” le dijeron a un político caleño, porque lo maduraron con el periódico de su familia).

Esos proyectos de ley y de reforma constitucional, sintonizados y sincronizados de manera oportunista con los escandalosos hechos noticiosos de cada día, no son más que un populismo risible por lo pendejo. Una pena de sesenta años de confinamiento para violadores y secuestradores de niños -aprobada con un simple proyecto de ley-, nos ahorraría los cientos de miles de millones de pesos que se quieren gastar en un referéndum que busca cárcel de por vida para esos delitos. Solo falta, con esta manía de copiar todo, que hablen de cadena perpetua... más dos años, tres meses, un día y cinco horas, como en Estados Unidos.

Y el control al consumo de alucinógenos en las vías públicas, ya está aprobado con el nuevo código de policía. Pero castigar también el simple porte de la dosis mínima (legal según las normas vigentes) es un verdadero exabrupto, que raya con medidas de represión fachistas. Además, es continuar con una lucha que se perdió hace años, lo que sí han entendido los países europeos, en donde se implementaron mejores soluciones: en especial, el tratamiento a los consumidores permanentes que allá son considerados enfermos. Pero claro, en su ingenuidad este señor cree que todos los colombianos somos... tan ignorantes como muchos de sus votantes.

Pero la tapa de esta olla es lo que ha pasado con los recientes atentados del tal “guacho”, porque decir sin ningún pudor ni rubor que detrás de este tipo iban tres mil soldados (alcanzaron a mencionar que cinco mil) es más que ridículo: vergonzoso... porque no lograron capturarlo. Qué oso tan enorme. Y lo anunciado con bombos y platillos acerca del rescate del niño secuestrado en Norte de Santander es de lo más incomprensible que se haya oido en esta república del sagrado corazón. Se parece mucho esto a “jugar al bobo” con un balón: el presidente no da pie con bola y los militares -ad portas de ser jubilados-... parecen entregarle esas informaciones falsas a propósito.

En resumidas cuentas: el calificativo de huevo tibio que Gardeazábal le ha dado en su “Jodario” a este presidente es acertado. Su vano y fingido virtuosismo me hace pensar que no terminará bien, porque como decían los abuelos: en el desayuno... se sabe cómo va a ser el almuerzo. Y desde el siete de agosto (cuando la banda presidencial lo apretó) lo que estamos viendo son unos increíbles bandazos de inexperto -como el cocacolo del bachillerato-, que no teníamos desde la época de otro del mismo talante: Pastranita hijo. Igualito. 

Coletilla 1.- Y hablando de culiprontos descrestadores, todo parece indicar que la decisión del Procurador General de la Nación de ordenar reversar todo el proceso de traslado de los usuarios que tenía Cafesalud a Medimás -que es un contrato civil, no un decreto-, le va a costar al fisco una cuantiosa demanda, además de los perjuicios a 520 municipios, más de 4 millones de afiliados y a los miles de funcionarios que los atienden. Es apenas lógico que esta última entidad tenga excelentes abogados especialistas en estos temas, quienes aseguran que esa decisión la debió tomar la Superintendencia de Salud, no la Procuraduría. Entonces, no se sabe quien es más peligroso: si un facho confeso como Ordóñez... o un culipronto ignorante, con ansias desaforadas e infantiles de protagonismo tonto.

Coletilla 2.- Pasó su primer debate (el de cortesía) la reforma constitucional anti-corrupción, con ponencia del senador Roy Barreras. Veremos si en los próximos siete los congresistas entienden por fin que es urgente entrar al siglo 21 y acabar con los actuales cuellos de botella, dándole a Colombia un nuevo mapa político-administrativo que le reconozca a las Regiones la importancia que de hecho tienen desde hace muchísimos años y que, por el egoísmo de los caciques politiqueros asentados en las capitales de los desuetos departamentos, se ha aplazado ya por décadas. La circunscripción regional -y no nacional- para la elección de los senadores, sería el primer paso en la dirección correcta con el propósito de cambiarle ese ridículo vestidito de primera comunión y de diez tallas menos, dentro del cual se ahoga este país. Y, también, la puerta abierta para la “reaparición institucional de las antiguas Provincias”, como lo pidió Carlos Lleras Restrepo en “Nueva Frontera” de mayo de 1984. “Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, sólo es posible avanzar cuando se mira lejos”, dijo Ortega y Gasset. Y si necesitan... los 700 mil provincianos de los 18 municipios de nuestro Norte del Valle, liderados por Cartago, les podemos dar -y gratis- unas clasecitas. Con mucho gusto y a la orden, ole.

Coletilla 3.- En el verano que acaba de finalizar, la canción de moda en España -con primer puesto durante semanas en la lista de favoritos- fue “La Cintura” del catalán Álvaro Soler, que ignoran los “sabios” discómanos de este país. Su letra es el reconocimiento de que a los europeos les cuesta trabajo bailar los ritmos caribeños... aunque el salero y la gracia en el andar y en los ademanes de los andaluces es todo un paradigma mundial: observar su baile “por sevillanas”, en el que se maneja todo el cuerpo y en especial las manos, es un verdadero deleite estético. “Mi cintura necesita tu ayuda, no lo tengo en mis venas, creo que choca con mi cultura”, canta Soler (de padre alemán con apellido Tauchert, por lo que puede decirse que es hispano-alemán) con una agradable y pegajosa cadencia. La imagen de este intérprete es la de cualquier muchacho veinteañero, pero sin ese corte de pelo de traqueto pobre que exhiben los reguetoneros, ni el vestido estrafalario de horrible mal gusto. Refrescante.

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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