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Vidas Paralelas

Publicado: Domingo, 04 de noviembre de 2018  |  8:43 am
Gustavo García Vélez

Por eso, queridas, hay que conocer el pasado... y no solo el siguiente capítulo de esas telebobelas mejicanas, en las que nadie ríe, todos lloran, hacen mala cara y gritan. Un señor griego que vivió a comienzos de esta era cristiana y que se llamó Plutarco, dejó una obra de biografías: “Vidas Paralelas”.

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Ortega y Gasset (el inefable Don José), en su obra “La Rebelión de las Masas”, bautizó con el calificativo de “señoritos satisfechos” a las personas que creen que las cosas que encontraron ya hechas al momento de su nacimiento estaban ahí porque sí, al igual que esos hijos de la nobleza o de la oligarquía que no tienen ni idea -ni les interesa- saber desde cuándo, cómo y de dónde llegó eso que hoy disfrutan. Por eso son solo masa. Y un dirigente sindical, de origen no tan preclaro, pero que cuestiona a la sociedad en la que le tocó vivir... no es masa. Es un líder. Ese es el verdadero sentido de esta obra -que apenas conocí en la universidad- y no lo que al pronto puede parecer: la revolución del pueblo.

Esos señoritos satisfechos pululan por doquier. No tienen ni idea de quiénes fueron los antepasados que lograron construir las sociedades que ellos encontraron cuando los parieron... y tampoco les interesa salir de su supina ignorancia. Pero disfrutan de los avances de la civilización, de la cual apenas son parásitos. Y cuando esas masas adquieren conciencia de su propia realidad, de su poder, buscan con decisión -en veces afanosamente y sin orden- rebelarse ante lo que existe y tratan de mejorarlo... o cambiarlo radicalmente. Lo primero se llama evolución; y lo segundo, revolución.

Las consecuencias de ambas son diferentes... y siempre fracasan los movimientos revolucionarios, por la potísima razón de que, como lo dijo también el mismo Ortega y Gasset: “El pasado no está ahí y no se ha tomado el trabajo de pasar para que lo neguemos, sino para que lo integremos”. Y también dijo que: “El pasado tiene razón, la suya. Si no se le da esa que tiene, volverá a reclamarla y, de paso, a imponer la que no tiene (...) “Con el pasado no se lucha cuerpo a cuerpo. El porvenir lo vence porque se lo traga. Como deje algo de él fuera, está perdido.” Las revoluciones rusa y china son la prueba... y para allá van Cuba, Venezuela y Nicaragua. El capitalismo y la religión ortodoxa volvieron a Rusia con más fuerza. Y en China hay hoy ese híbrido incomprensible entre comunismo en el gobierno... pero capitalismo en la economía. Como quien dice, intentan mezclar el agua y el aceite que, según las leyes de la química, tienen algo así como vidas paralelas, que no pueden juntarse.

Por eso, queridas, hay que conocer el pasado... y no solo el siguiente capítulo de esas telebobelas mejicanas, en las que nadie ríe, todos lloran, hacen mala cara y gritan. Un señor griego que vivió a comienzos de esta era cristiana y que se llamó Plutarco, dejó una obra de biografías -“Vidas Paralelas”-, en la que cuenta la historia de personajes que iniciaron la civilización occidental. Por parejas (uno griego y otro romano) alcanzó a escribir 22 de esos paralelos: Alejandro y César, que fueron militares ambos; Demóstenes y Cicerón, políticos y oradores famosos... y así. Ese procedimiento histórico fue copiado por algunos autores, entre ellos el español Hernán Pérez del Pulgar.

Y recientemente (por regalo del ingeniero Rodrigo Echeverri Isaza, mi condiscípulo de algunos años de bachillerato) me enteré de otro, Nicolás González Ruiz quien, en la década de 1950 -o sea, en plena época franquista- relató varias de estas vidas paralelas. Me leí las de Hernán Cortés y Francisco Pizarro, ambos oriundos de Extremadura, en  España, de donde llegaron casi todos los conquistadores a esta América. Sebastián de Belalcázar también fue extremeño. (Mi antepasado Don Miguel De la Yuste, Tesorero de Caja Real de Cartago de 1570 a 1585, parece que lo era, porque su apellido es la toponimia del sitio -a 70 kilómetros de Trujillo, la cuna de Pizarro- en el que Carlos I ordenó construir el monasterio a donde, al abdicar en su hijo Felipe II, se retiró). Y leí igualmente las de San Ignacio de Loyola y Martín Lutero. También escribió las de Cervantes y Shakespeare y no sé cuáles más. Este autor presenta sus versiones con el espíritu no solo ortodoxo, sino ultragodo, de extrema derecha, que imperaba en la España de entonces, la que precisamente había tenido que desocuparle Ortega y Gasset al facho de Francisco Franco y a la que regresó en esa misma época... para morir en su tierra en 1955.

Este señor escribió cosas como ésta: “El conquistador de Méjico no tiene en el mundo más paralelo que el conquistador del Perú. Ambos con un puñado de hombres, derribaron fuertes imperios desconocidos y vastas provincias destinadas a ser un día florecientes naciones en cuya independencia nos recreamos”. Esto puede ser cierto y es hasta normal que un español se sienta orgulloso de compatriotas suyos, como Cortés y Pizarro. Pero agrega esta otra opinión, que sí es la tapa del criterio más godo: “Y si ha podido decirse que después de la Redención del mundo, obra de Dios humanado, no ha habido en la Historia otra más trascendental que la realizada por España en América, puede afirmarse asimismo que después de los milagros, obra también de Dios, no ha habido hechos más sorprendentes y maravillosos que los realizados por los conquistadores españoles”. Ehhh Avemaría. Tampoco, ole.

Recordamos que, para la celebración del quinto centenario del descubrimiento de América en 1992, hubo una controversia mundial sobre esta conquista. El colombiano Germán Arciniegas, a sus casi 100 años de edad, planteó la tesis de que la cosa fue de doble vía y que las culturas indígenas autóctonas de esta parte del océano también habían dado un gran aporte, no solo a la misma España, sino a toda Europa. Hasta con sus productos agrícolas -la papa y el maíz-, que le calmaron el hambre a buena parte del otro continente, como a Irlanda. Ni que decir de las toneladas de plata del Potosí... que financiaron las guerras europeas en las que se metió Carlos I, el rey español.

Y con el nihil obstat del censor y el imprimatur de un obispo, González Ruiz publicó sus “vidas paralelas” entre San Ignacio y Lutero, con este antetítulo: “Dos hombres: el santo y el hereje”. Y dice que: “Toda la Historia de la Edad Moderna está comprendida en el antagonismo fundamental entre el monje excomulgado de Turingia y el capitán de Guipúzcoa”. Gasta páginas y páginas para decirnos... que dizque Lutero conversaba con el demonio. Recuerdo que recientemente en Suecia, en la inauguración de la conmemoración de los 500 años del cisma luterano -cuando este monje agustino alemán clavó, el 31 de octubre de 1517, en la puerta de la capilla de Wittenberg las famosas 95 proposiciones con las que comenzó su lucha en contra de las creencias de la Iglesia Católica Romana- el Papa Francisco dijo allá mismo (invitado por todos los dirigentes protestantes a ese acto) algo así como que “Lutero tuvo razón en varios asuntos”. ¿Por ejemplo, su feroz crítica a la venta de las indulgencias? Tal vez por eso hay una corriente ultra conservadora en el Vaticano que califica al pontífice... de hereje. Con ese mismo criterio fue escrito este libro: olor, sabor, visión, insinuaciones y manoseo franquista. Hasta la calle de la editorial que lo editó en Barcelona se llamaba “Avenida del Generalísimo Franco”. Virgen, San Pedro.

Coletilla 1: Nadie sabía -al menos yo no- que el muchachito James Rodríguez es también un excelente pintor. Eso da a entender el hecho de que este presidentico que tenemos le regaló al Papa Francisco uno de sus cuadros. ¿Será que lo exponen en la Capilla Sixtina? Y a propósito: ¿quién paga lo que costó ese “paseo de olla” (como lo calificó Gardeazábal), en el que hasta la suegra fue incluida? Y cuándo respetará la dignidad presidencial y dejará de hacer el oso este señor, porque eso de presentarle su hijito a los funcionarios portugueses que lo recibieron allá cuando hizo escala técnica, como si fuera personaje importante de su gobierno... es el colmo de la ridiculez. Solo faltó que llegara al despacho papal de sombrero “vueltiao” o con tocado de plumas de indio amazónico.

Coletilla 2: Qué pesar: no viene Trump. El canciller Trujillo García se quedó entonces sin exhibirle su peinado “a lo Brigitte Bardot”: alta moña partida a la mitad en la coronilla... y capul tapándole hasta los ojos. Muy lindo. Le toca seguir repartiendo mermelada diplomática... aunque el candidato solo sepa hablar en chibcha, como el godo que nombraron para Suecia. Y destituir a Pacho Santos, embajador en Washington, por bocón. Con la tal reforma tributaria, criticada ya hasta por los furibistas ¿qué estará pensando en la tumba su padre, un liberal izquierdoso que estudió y fue locutor en Cartago (la cuna de su madre Genoveva García Echeverri) y le enseñó a hablar con esa voz impostada? O estará ya creyéndose socio del Jockey Club... y no heredero de clase media y hasta popular.

Coletilla 3: Mi profesor de “no-me-acuerdo-qué” en el bachillerato, abogado Darío Delgado Arango (que dizque ya agregó a su nombre -y por documento notarial- el de “Bolsonaro”), me dijo que él va a escribir unas vidas paralelas entre Alberto Lleras y Laureano Gómez. Ojalá las complete... con las de Garzón y Collazos, Silva y Villalba, Ríos y Macías, Espinoza y Bedoya... y Batman y Robin, Mandrake y Lotario, entre otros.

Gustavo García Vélez

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.