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La violencia química

Publicado: Domingo, 26 de noviembre de 2017  |  9:11 am
Rubén Darío Franco Narváez

La contaminación ambiental, a pasos agigantados, está acabando con la vida humana que requiere  aire, agua y alimento para satisfacer las necesidades primarias.

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Hace más de medio siglo estamos sufriendo una guerra mundial oculta que ha dejado más de cuatrocientos millones de víctimas, superando la cifra de muertos registrados en la historia: en la primera, entre el 28 de julio 1914 y el 11 de noviembre 1918, con cuarenta millones de víctimas; y en la segunda, entre el 1 de septiembre 1939 y el 2 de septiembre de 1945, con setenta millones de víctimas.

Con frialdad se mencionan los genocidios de la primera y segunda guerra mundial; pero, los campeones de la muerte, secretamente, han impedido revelar la Guerra Mundial más destructora y fatídica en el Planeta Tierra, ocasionada por la Violencia Química, donde los responsables hacen parte del Círculo  hacinador de riquezas, despreciando la vida humana.

El trofeo mayor de muerte lo llevan los fabricantes de alimentos chatarra, golosinas e infinidad de productos con gran proporción de elementos químicos para el  consumo humano como embutidos, confites, galletas, gaseosas, enlatados, conservas, queso tipo americano, carnes procesadas, margarina, refrescos, palomitas de microondas, pan y galletas hechas con bromuro de potasio, tortillas de maíz y pastelillos hechos con propilparabeno, alimentos enlatados, barras energéticas, chocolate blanco, alimentos congelados. Como si esto fuera poco, para la elaboración de recipientes como botellas de plástico, vajillas y el cubrimiento de las latas para evitar que se oxiden, utilizan  químicos altamente peligrosos para la salud.

La contaminación ambiental, a pasos agigantados, está acabando con la vida humana que requiere  aire, agua y alimento para satisfacer las necesidades primarias. Los países industrializados generan miles de toneladas de contaminantes como son el monóxido de carbono, el dióxido de azufre, los óxidos de nitrógeno, el ozono, el dióxido de carbono o las partículas en suspensión.

La tierra es contaminada constantemente por operaciones industriales con productos tóxicos; entre ellas: la minería al usar metales pesados, la fabricación de papel blanco utilizando cloro, los plaguicidas aplicados en cultivos agrícolas, etc.

Hoy, cuando la vida no vale nada, comprendo las palabras del escritor argentino Jorge Luis Borges, diez días antes de morir en junio de 1986: “¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte? Lo interesante, lo original, sería que alguien lo amenace a uno con la inmortalidad”.

Rubén Darío Franco Narváez | El Diario

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

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