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Ya de frente

Publicado: Sábado, 01 de abril de 2017  |  11:28 pm
Gustavo Duncan

No es un capricho exigir pronunciamientos a los radicales de izquierda. Es la forma de evitar que usen a los votantes como idiotas útiles para sus aspiraciones autoritarias.

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Hasta el pasado jueves la situación en Venezuela era de una dictadura solapada. Los chavistas, en cabeza de Nicolás Maduro, se pasaban por la faja los derechos básicos de la oposición y, sobre todo, las funciones de la Asamblea Nacional. El control político de la rama legislativa era en la práctica más simbólico que real.

Pues bien, con el cierre de la Asamblea por el TSJ, la cabeza de rama judicial, el chavismo asumió el control del estado de manera abierta y aceptó ya de frente que desconoce los derechos políticos de la oposición obtenidos a través de las urnas. Todo indica que la razón para cerrar la Asamblea fue la necesidad de anular los últimos mecanismos de control que tenía la oposición. Para obtener nuevos créditos internacionales y entregar concesiones a empresas petroleras a dedo era necesario quitarle esas funciones a la Asamblea. Sin esos recursos los márgenes de maniobra para evitar que la crisis de alimentos y medicina se profundice en el corto plazo se estrecharían aún más.

No es, de todos modos, una dictadura severa. Continúa siendo lo que se conoce como una dicta-blanda. Existen libertades para la protesta, es posible expresarse libremente pese a los obstáculos que impone el chavismo y aunque existe un centenar de presos políticos la oposición mal que bien puede hacer proselitismo político.

Pero no debe haber lugar a duda, lo ocurrido el jueves fue un golpe de Estado por el oficialismo y cualquier país sin rama Legislativa bajo ninguna forma puede considerarse como una democracia. Y es una situación que exige de la comunidad internacional no solo pronunciarse sino tomar medidas efectivas para restaurar el orden democrático. Con mayor razón la OEA debe ahora aplicar la carta democrática a Venezuela.

En Colombia es hora también que los principales líderes políticos se pronuncien al respecto. En particular aquellos que en el pasado han simpatizado con el chavismo. Importa que lo hagan porque es una señal de hasta qué punto están en verdad comprometidos con la democracia y hasta qué punto la competencia en las elecciones para ellos es solo un medio para llegar al poder y luego desde allí clausurar la democracia.

Hasta ahora solo Petro se ha pronunciado en Twitter en un tono muy sobrio: “Solo el poder constituyente puede superar el parlamento. Tengo que rechazar por tanto la acción del gobierno venezolano contra su parlamento”. Otros como Iván Cepeda y Piedad Córdoba han mantenido un prudente silencio. Al no condenar los hechos su mensaje pareciera ser que están de acuerdo con el cierre, pero prefieren no admitirlo. De todos modos, deben ser ellos los que sienten sus posiciones al respecto. Ojalá lo hagan pronto, ya es tarde.

Los líderes de las Farc, ahora que van a hacer política legal, son otros que deben pronunciarse. Es cierto que tienen una deuda con los líderes chavistas, quienes los albergaron en Venezuela, pero eso no da pie para que no se vean obligados a decir si condenan o no los hechos. Está en juego su posición sobre el respeto a un fundamento básico de la democracia como es la rama legislativa. El país merece saber si al menos, de labios para afuera, estarían comprometidos con preservar esa institución en caso de llegar al poder.

No es un capricho exigir pronunciamientos a los radicales de izquierda. Es la forma de evitar que usen a los votantes como idiotas útiles para sus aspiraciones autoritarias.

Gustavo Duncan | El País | @gusduncan

Nota aclaratoria: las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.