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Actualizar el mapa

Con la conmemoración de los treinta años de la caída del muro de Berlín, vuelve a nuestra memoria lo que aprendimos (geografía e historia fueron mis materias preferidas) en tercero de bachillerato de los mapas de entonces. Ya no existen la Unión Soviética, ni Checoeslovaquia, como tampoco Yugoeslavia, porque esos Estados estallaron en varios pedazos con el desmoronamiento del comunismo en el oriente de Europa. Y en ese momento se consolidó el concepto de tribu, que parece ser el que rige todavía la formación de las naciones.

Al término del Imperio Romano -por físico agotamiento, como les ha sucedido y les sucederá a todos-, las tribus germanas que lo rodeaban y que fueron una de las causas de su derrumbe, se convirtieron en Estados. Tales son los casos de Francia, Alemania y casi todos los europeos, incluida España. Y, a propósito, Cataluña fue “propiedad” de los galos desde Carlomagno (era una de las marcas de su imperio) y un rey posterior se la “regaló” a su vecino en 1250. Esa puede ser la razón de sus conatos de independencia, porque se creen todavía franceses.

Con las sucesivas guerras, los límites fueron cambiando a favor de los vencedores: el norte de Italia llegó a ser francés, parte de Polonia de Alemania y Rusia, el noroeste de Francia de Inglaterra… en fin. Después de la Segunda Guerra Mundial, el mapa europeo se dividió entre los aliados, quedando el occidente con la influencia del capitalismo y el oriente bajo la égida comunista… hasta la caída de ese muro, construido por los rusos en la que había sido la capital de los germanos, desde que Bismarck reunió a todas esas numerosas “tribus” en una sola nación, a finales del siglo 19: Alemania.

En nuestra América los mapas también han tenido muchos cambios. Buena parte del sur y todo el occidente de Estados Unidos fueron de México e inclusive hay un estado gringo que se llama New Mexico; y los nombres castizos de San Francisco, Los Ángeles, San Diego, Santa Mónica, El Paso son la comprobación de que allí el dominio hispano se impuso por años y marcó la topografía con su idioma. Centro-América fue por corto tiempo un solo Estado, reuniendo a todos esos pequeños países que, después, quisieron continuar siendo cabezas de ratón… y no cola de león.

Por estos lados de Suramérica sucedieron cosas parecidas y no es sino ver los mapas antiguos de Colombia: buena parte de su antigua frontera sobre el río Amazonas pasó a ser peruana o brasileña, sin contar a Panamá que se separó de nosotros con la complicidad de los gringos. Recientemente, ha habido inclusive encuentros armados entre varios países del cono sur para dirimir sus límites, caso Chile y Argentina. O los permanentes reclamos de Bolivia, exigiendo que le devuelvan su antigua salida al océano Pacífico. En resumen: todavía en este siglo 21 se observa la necesidad de actualizar los mapas.

Y aquí, entre nos, también miramos que aún se conservan restos de cosas que ya no son -verdaderos fósiles- como la pertenencia de nuestro Norte a un departamento cuya sede administrativa, su capital, nos queda “en la quinta con porra”, cuando a escasas cuatro cuadras de la sala de recibo de Cartago, su capital natural, comienza no solo otra ciudad, sino otro departamento y hasta otra Región. En mi sitio en facebook (tocó abrirlo… que hacemos pues) incluí en la portada una hermosa foto satelital de lo que era la jurisdicción de Cartago hasta mediados del siglo 19, cuando la colonización antioqueña fue encogiendo a nuestra ciudad, porque todos los municipios cordilleranos que la rodean son fundación de paisas.

Así lo enseñaron en las escuelas de entonces y existen copias del texto “Geografía e Historia de la Provincia del Quindío, capital Cartago”, escrito por el educador cartagüeñísimo Don Heliodoro Peña Piñeiro e impreso en Popayán, que era la capital a la que entonces pertenecíamos, porque el Valle del Cauca no había sido creado. Los niños cartagüeños de esa época aprendieron de memoria que nuestra geografía iba por el norte hasta el río Chinchiná entre Villamaría y Manizales; y por el sur hasta el río La Paila, en Zarzal. (A propósito, ole Don Gardeazábal: ¿cómo va tu intención de publicar otra edición de este texto, para que las nuevas -y hasta las antiguas- generaciones conozcan lo que fuimos?).

Coletilla 1: El doctor Uriel Orjuela, ex funcionario de la gobernación del Quindío, ha sido nombrado -por decisión unánime y oficial de los tres gobernadores de la RAP del Eje Cafetero (Caldas, Quindío y Risaralda)- como director de esa entidad, ya constituida por ley de la República, siendo la cuarta creada, a la par que la Caribe, la del Pacífico y la del Centro del país. Además, han acordado -también por unanimidad- que la nueva sede sea Armenia. Una pregunta inocente: ¿quiere esto decir que Pereira ya ha dejado de ser la “Capital del Eje”, como lo sentenció desde su posesión y sin consultar con nadie su alcalde, hoy destituido y que tanta molestia causó a sus vecinos? Es que los codazos y las zancadillas nunca han sido de buen recibo… entre las personas decentes, claro.

Coletilla 2: Y hablando del feisbú: A mí me atropella la “tenología” y, por eso, pregunto a ver si alguna alma caritativa me lo explica, sin necesidad de acudir a míster Google, que siempre me manda a donde misiá wikipedia… que me parece como muy descrestadora y que habla de lo que no sabe: ¿Qué es un algoritmo? Es que oigo que a las tales redes sociales las conduce y las maneja esa cosa. Y me asombra que me aparezcan, como por encanto, parientes y amigos a los que hace muchísimos años no veía. ¿Coincidencia? No creo, porque son miles, millones los que están suscritos. “Tonces, ole”: ¿cómo los encuentra ese algoritmo? Magia.

Nota aclaratoria
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Gustavo García Vélez

Cartagüeño raizal, bachiller del colegio Liceo Cartago, egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad Libre, ex concejal liberal de Cartago, comentarista público desde hace más de 30 años en medios impresos y radiales.

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