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Donde los extremos se tocan

Dice la sabiduría popular que los extremos tienden a tocarse. Que si dos personas que partieran del mismo lugar, por estar parados sobre una circunferencia, se alejaran siempre en sentido contrario, llegarían a un punto donde volverían a juntarse.

Algo similar se dice de la muerte: que ésta, parte en sentido contrario al nuestro, en el momento del nacimiento.

En la sociedad, en el campo político, es donde mejor se aprecia esta teoría actualmente.

A pesar de toda la crítica del Presidente de la República, Iván Duque, contra su homónimo de Venezuela, a quien tacha de dictador y de usurpador del poder, pese a que éste fue elegido por voto popular, lo hemos visto bastante cómodo y amañado, gobernando por decreto.

Son hasta el momento, cerca de un centenar de decretos circulando en el territorio nacional, de los cuales, al menos el 20 por ciento fueron emitidos sin control político, a causa de la inhibición del Congreso de la República, al tiempo que muchos de ellos restringieron las libertades individuales de los ciudadanos, de forma que nos sometieron como si estuviéramos en una dictadura o en un gobierno comunista.

Cuando un juez de las república , ante una tutela levantada contra la medida que prohibía la circulación de los mayores de setenta años de igual manera que los más jóvenes, falló a favor de estos, el presidente, no solo lo criticó , calificándolo de absurdo, sino que también lo impugnó.

De igual forma, criticó duramente la decisión de la Corte Suprema de Justicia, por la medida de aseguramiento dictada contra el ex presidente y senador, hasta entonces, Álvaro Uribe Vélez, al punto que amenazó con convocar a una nueva constituyente y una reforma a la justicia.

Así mismo, el partido de gobierno, Centro Democrático, fiel exponente de la extrema derecha en Colombia, tildó de castro-chavista a la Corte Suprema por la detención domiciliaria dictada contra su jefe político, Álvaro Uribe, tratando de deslegitimar una decisión tomada en derecho y largamente meditada por cinco magistrados de la honorable Corte.

Por su parte, el ex presidente Uribe, tachó de mafiosa a la Corte, por la misma causa, en un acto de irrespeto total contra una de las principales instituciones democráticas del país.

De otro lado, las masacres sucedidas los últimos días en algunas zonas del territorio nacional principalmente, en Cauca y Nariño, son atribuidas por el gobierno y las autoridades, al ELN , las disidencias de las FARC y otros grupos, dedicados a la lucha armada por la hegemonía de los corredores del narcotráfico, en esas zonas del territorio colombiano.

Sin embargo, la semana anterior se escuchó por un importante medio radial, que el ELN negaba su participación en los hechos de Samaniego, y atribuía el caso a un grupo paramilitar de reciente creación en el país.

Cierto o no, el caso es que las víctimas de Samaniego, eran jóvenes estudiantes. En su mayoría, algunos de ellos haciendo su carrera de medicina y cuyos perfiles están muy lejos de ser los de unos narcotraficantes. Además, las características militares del operativo, tienen sello propio.

Por lo pronto, la investigación de los hechos en la capital del Valle del Cauca, en donde fueron asesinados cinco menores, en un cañaduzal, al oriente de Cali, avanza hacia teorías diferentes al consumo o tráfico de drogas.

En lo referente al plano internacional, ya España anunció el comienzo de clases presenciales en escuelas y colegios. Estas clases tienen carácter obligatorio, pues parece que la constitución así lo contempla, por el hecho de que “es un estado responsable que cumple sus obligaciones con el pueblo”; como quien dice, que por cumplir con su deber, el estado puede estar por encima del derecho natural de los padres a formar y proteger a sus hijos.

De esta manera, los niños son enviados al campo de batalla en la guerra contra el coronavirus, sin más armas que los protocolos de bioseguridad; sin tener en cuenta la voluntad de sus padres y sin esperar al menos, la protección, ya sea parcial o total, de una vacuna.

Es así como los extremos, después de mucha crítica, mucho trasegar y mucho sanearse, terminan encontrándose en los mismos defectos.

Nota aclaratoria
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Diego Matís

Soy natural del eje cafetero, nací justo en la época en que se suscitó, en el mundo, un nuevo orden social. He vivido en Cartago, desde el tiempo de sus últimas casitas con techo de paja, hasta el tiempo presente, con sus más modernos edificios. Mi espíritu es a sus calles, como las aguas de la 'Vieja' son a su cauce. Fui periodista en mi juventud. Laboré en medios locales y de la capital del Valle, lo mismo que en noticieros radiales de Risaralda. Me especialicé en la modalidad de crónica y reportaje. He escrito cuentos cortos y poemas que publicaron revistas culturales de la ciudad. Actualmente me dedico a la enseñanza del ajedrez competitivo, entre los jóvenes del municipio, al tiempo que trabajo en un proyecto que busca, mediante la fotografía ilustrativa, dar mayor énfasis a la imagen poética.

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