Columnistas

Filtros a falsedades

La gente de mi generación creció sin incertidumbres informativas. Los diarios, las emisoras y luego la televisión estaban dirigidas por profesionales bien formados… y sin requerir pergaminos escritos con tinta china (colgados en la pared para descrestar tontos) que les acreditaran sus conocimientos. Su propia vida era la mejor carta de presentación. Parece que desde entonces todo lo que huela a chino ha tenido muy mala fama.

Cada partido político tuvo en esas épocas -no tan lejanas, ole- sus diarios preferidos, que eran como las biblias regidoras de sus procederes públicos… y hasta privados (llegó a decirse que los conservadores iban a misa de ocho y los liberales madrugaban a la de cinco para que no los vieran). Pero creo que al escondido todos también leían los diarios de los opositores y se aceptaban como verdades de a puño lo que allí se contaba acerca de sus actos, aunque claro que no de sus ideales, por ser sus contradictores políticos. En resumen: todo el mundo se sentía bien informado.

Todavía ignoro el porqué mi papá (que militaba en el partido conservador como su padre y todos sus hermanos y hermanas mayores) cambió de periódico. Inicialmente llevaba a la casa El País de Cali, vocero de la godarria vallecaucana, pero al final de su vida compraba El Tiempo y luego El Espectador. Sospecho que la influencia de mi mamá -hija de un antioqueño que llegó a este Norte enrolado en los ejércitos liberales al final de la guerra de los Mil Días- tuvo algo o mucho qué ver con esa “voltiada”. De manera que dejé los crucigramas facilones del primer diario (recuerdo que mi primo Ernesto Gutiérrez García fue quien le recomendó ese periódico para que yo aprendiera a hacerlos) y me trastié a los liberales, mucho más difíciles.

Pero resulta que ahora las cosas cambiaron casi radicalmente. Esos diarios dejaron de ser propiedad de familias adeptas a partidos políticos y fueron comprados por poderosos grupos económicos. Pero aunque juran casi arrodillados que respetan la independencia de los periodistas, es difícil de creer que, en las horas de nonas, no prime el bolsillo de los nuevos dueños. Y desde hace diez años, la entrada casi abrupta de la internet a los hogares dificultó aún más la credibilidad de la información diaria que recibimos todos. Lo asombroso es que ahora los periodistas serios están valiéndose de algo así como un antivirus para esta otra pandemia. En efecto, esta semana comenzó a difundirse un espacio a manera de cuña radial, que pone en su sitio a las noticias falsas que difunden masiva y rápidamente por ese internet. La locutora tiene un nombre muy bien puesto: Vera, que es el calificativo de veracidad.

Los primeros de esos filtros a falsedades se dieron con la descarada promoción del Ingreso Solidario por unos avivatos, que lo hacen con la sola intención de robar los datos de quienes lo reclaman casi con desespero, no obstante las inexactitudes del Departamento Nacional de Planeación. Como por ejemplo, que ese subsidio o ayuda no se concede a los usuarios del Sisbén que estén calificados en el tercer nivel, cosa que su director nunca dijo en los espacios a él concedidos en el ya aburridor programa de las 6:00 p.m., transmitido por todas las cadenas de televisión casi como un acto de lambonería con el mandamás. Y la otra noticia falsa: el pronto regreso de los estudiantes a sus colegios y universidades, asunto todavía sin decidir, como lo ha reiterado la ministra del ramo en su entrevista concedida a Yamid Amat.

Este tatequieto a las fake news es una buena noticia para quienes estábamos pensando en retirarnos de facebook, porque ya no aguantamos tanta falsedad. Ni los horrores de ortografía que se tienen que soportar y que para quienes tratamos de escribir con más o menos propiedad… son una verdadera tortura. Por ejemplo, soy incapaz de leer un escrito con errores de ortografía y/o de puntuación. Tengo primero que corregirlo.

Coletilla 1: Hablando de informaciones veraces, me quedé sin saber más sobre dos que escuché: la primera, difundida por el muy serio periodista Mauricio Gómez en el noticiero de Caracol-TV hace ya varias semanas y extractada de un periódico europeo, en el sentido de que la nicotina es una excelente defensa contra el virus que nos amenaza. Ningún otro medio recogió esa noticia. Y la segunda: entrevista a la alcaldesa de Guayaquil contando cómo logró controlar la pandemia en esa ciudad ecuatoriana y que tampoco recibió la atención que se merecía. Tan raro, ole.

Coletilla 2: Pero mi amigo Juan Carlos Pérez Buitrago -una de las personas más y mejor informadas que conozco- me aseguró que los fumadores sí estamos protegidos, explicándome las bases químicas de esa aseveración. Vea pues. Algo así pensé al comienzo de estos encierros obligatorios. No sé si la ley que mandó colocar avisos tétricos en las cajetillas y prohíbe la publicidad al consumo del tabaco en los medios de comunicación, sea la responsable de este silencio pendejo.

Coletilla 3: Fue elegido como presidente de la Comisión Especial de Ordenamiento Territorial del Senado el congresista Miguel Amín Escaf, quien con esos apellidos debe ser costeño. Es una buena noticia, pues todos sabemos que las gentes de esa parte del país han sido muy receptivas a la modificación de las formas de administrar a este país, entre ellas, las que se refieren con la creación de las Regiones y las Provincias, como nuevas entidades territoriales. Precisamente, el actual gobernador del Atlántico Eduardo Verano De la Rosa se destacó en las sesiones de la Asamblea Nacional Constituyente en 1991 como un férreo defensor de avanzar en este proceso. Si alguno de mis lectores conoce al doctor Amín, por favor dígale de mi parte que… “muchas saludes”, como decía mi abuela.

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Gustavo García Vélez

Cartagüeño raizal, bachiller del colegio Liceo Cartago, egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad Libre, ex concejal liberal de Cartago, comentarista público desde hace más de 30 años en medios impresos y radiales.

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