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Galán y su mortuoria

El proceso de repartir la herencia de un difunto se llamaba mortuoria y así aparece en documentos antiguos. Hoy se habla de sucesión, que se adelanta en un juzgado del sitio donde el desaparecido efectuaba su actividad económica, no necesariamente el de su residencia. O ante un notario, si los herederos no tienen peleas entre ellos.

El 18 de agosto se cumplieron 31 años del asesinato de Galán y se repitió una vez más que su legado -su herencia- es muy grande y tan importante… que cambió el rumbo de Colombia. Se está de acuerdo en que la Constitución de 1991 fue su “mortuoria”, hábilmente tramitada por el militante de su movimiento político que se convirtió en el beneficiado, porque obtuvo la presidencia de la República a la que el jefe del Nuevo Liberalismo no alcanzó a llegar. Todavía es un misterio el porqué uno de sus hijos lanzó en pleno cementerio la candidatura de Gaviria, por encima de otros nombres que inclusive sí habían acompañado a Galán desde el mismo comienzo de su actividad política.

El cansancio ante “los mismos con las mismas”, las manipulaciones de la entonces dirigencia del Partido Liberal que le tenía cerrada y trancada por dentro la puerta a las nuevas generaciones. Pero sobre todo el fuerte olor a corrupción que salía de ese partido -conducido por López Michelsen y Turbay Ayala, de quienes se aseguró tener nexos con el narcotráfico- y el grito de batalla heredado de su antepasado José Antonio Galán (“Ni un paso atrás, siempre adelante y lo que sea menester, que sea”) motivaron que muchos de sus militantes, entre los cuales me cuento, decidieran darle todo su apoyo a las aspiraciones de Galán para cambiar radicalmente ese estado de cosas. Con fe y con ganas enarbolamos esas banderas en Cartago y todo nuestro Norte, abriendo sede e intentando hacer lo mejor posible esa actividad, praxis en la cual no teníamos la más mínima experiencia. Era el comienzo de la década de los años 80´s y aquí estaba en plena vigencia, con todo su peligroso poder… el cartel que marcó injustamente el nombre de nuestro Norte.

1982 en Cartago. Antes del multitudinario desfile automotor que recorrió casi todos los barrios de Cartago y terminó con la inauguración de la sede del Nuevo Liberalismo. Galán inició sus visitas al Valle del Cauca por esta ciudad.

Pasó lo que pasó. Y en esta semana se conoció la reiteración de la propuesta para conformar un frente de centro-izquierda, que señale esos caminos en la búsqueda del futuro de nuestro país. Mucha gente de mi generación está en la primera línea de los que aparecen como sus abanderados y coincidencialmente… todos militaron en el movimiento del asesinado líder: Iván Marulanda Gómez, Rodrigo Lara Restrepo, su hijo mayor Juan Manuel Galán Pachón, Sergio Fajardo y hasta Gustavo Bolívar -hoy militante del partido de Petro- aparecen confirmando esa necesidad de resucitar las propuestas de cambio que lideró Galán.

Este proceso de sucesión apenas comienza. Todos afirman que debe haber primero un pacto programático, más importante que el mismo nombre del candidato que finalmente sea escogido. Y como parece que no hay diferencias insalvables, ni menos enfrentamientos entre ellos, pues un simple notario podría darle el visto bueno a esa mortuoria. ¿Quién podría ser?  No es fácil que los diferentes y nuevos partidos políticos en los que hoy militan los nombrados se acojan a esta propuesta… aunque no es imposible. Tanto Cambio Radical, como La U y los Verdes se nutrieron con simpatizantes de las ideas liberales, que fue la cuna del Nuevo Liberalismo. Y hasta puede existir la posibilidad de que el Partido Liberal -que acaba de celebrar su convención, concluyendo en la necesidad de abrirle nuevamente las puertas a sus bases- acoja y arrope la candidatura presidencial que salga de esas coincidencias… porque en sus propias filas no aparece una figura que tenga el suficiente bagaje para esa aspiración.  

La militancia galanista es, pues, una tarjeta de presentación: su base son las ideas liberales, que no siempre coinciden con partidos así denominados. Y entre sus vertientes está la línea de conexión con los ex presidentes Alberto y Carlos Lleras, que apoyaron de frente la renovación no solo en la conducción del liberalismo colombiano, sino en su propia ideología para adecuarlo a los nuevos tiempos. Parte de esa “mortuoria” son los Documentos del Nuevo Liberalismo, en los que está plasmado lo que Galán planteó para buscar esa nueva Colombia. En el primero se habla de la creación de las Regiones y las Provincias como la mejor manera de lograr una real descentralización política, administrativa y fiscal.

En los últimos años se han conocido comportamientos de Galán, que son criticados: uno muy publicitado, como su paternidad de un hijo con la empleada del servicio. Otro es la queja de la familia de Lara Bonilla, en el sentido de que lo dejó solo cuando este también asesinado ex ministro fue acusado de recibir dineros de un narcotraficante, lo que fue completamente aclarado. Pero estas cosas no empañan el mensaje político. 

 Coletilla: Tal vez una mujer sea el fiel de esta delicada balanza, como fórmula vicepresidencial del candidato demócrata. Esto dije en mi artículo del 14 de junio, que titulé Negreros… “negriados”, comentando las protestas ante el asesinato de un afro-descendiente por policías de Estados Unidos. Dije que sería Michelle Obama. Pero la escogida sí es una representante de esa raza, Kamala Harris, quien atraerá buena parte del voto femenino y masivamente el de los negros. Y han dicho que su vestimenta, con zapatos tenis, atrae a los jóvenes. Triunfo asegurado de Joe Biden, candidato del Partido Demócrata, tan parecido a nuestro liberalismo. Allá también hay “mortuorias” pendientes: no olvidan a Franklin D. Roosevelt, que los sacó de varias crisis, como la depresión económica de los años 30´s y la Segunda Guerra Mundial. Ni el tan popular John F. Kennedy, que atrajo la esperanza de las juventudes gringas.

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Gustavo García Vélez

Cartagüeño raizal, bachiller del colegio Liceo Cartago, egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad Libre, ex concejal liberal de Cartago, comentarista público desde hace más de 30 años en medios impresos y radiales.

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