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La fatiga noticiosa

A pesar de sus falencias -entre las cuales la más evidente es que por el número de entrevistados su tamaño no refleja necesariamente la opinión del grueso de la población- las encuestas de todas maneras sirven para dar una más o menos visión de lo que se piensa en el momento. Y las encuestadoras aprovechan para hacerles a los ciudadanos varias preguntas sobre sus preferencias, como por ejemplo de algunas instituciones. Claro que siempre queda la duda… porque ellas son pagadas por quienes las contratan. Y porque varias veces han fallado en sus predicciones, sobre todo cuando de elecciones se trata, como ocurre también en otros países.

La última de esas encuestas (Invamer) registra una caída estrepitosa del respeto que en antes se sentía por dos de ellas: los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales. Los primeros perdieron 10 puntos y las otras, 20. La explicación inmediata parece ser un cansancio por la repetidera de las noticias en ambas y, además, las llamadas fakenews en las segundas. El ejemplo más reciente es lo ocurrido con la muerte del futbolista argentino: es increíble que los jefes de redacción y los productores de los noticieros no hayan caído en la cuenta de semejante exceso, porque repetir casi diez veces en cada noticiero las mismas imágenes de sus goles más famosos es el colmo no solo del fanatismo, que también de la falta de criterio y de seriedad. Solo les faltó… hablar con deje gaucho y cantar tangos. Y eso, no obstante que también tuvieron que leer las críticas y las burlas de muchísimos ciudadanos ante la cuestionada popularidad del jugador de fútbol, lo que necesariamente debió de hacerles cambiar sus propios procedimientos noticiosos.

Lo mismo ocurre con otras entidades, antaño respetadas, como la policía, los militares, la fiscalía y la procuraduría, los partidos políticos, el congreso y hasta las comunidades religiosas. El futuro de la democracia aparece así asustador, porque la desconfianza en las instituciones es el mejor caldo de cultivo para que nazcan y florezcan las dictaduras. Y lo peor: no se avizora en el horizonte la solución, el modelo de nuevos procedimientos para recuperar el apoyo de la gente. El reconstituyente, el fármaco vitamínico que les dé nuevas fuerzas… es solo la vuelta al pasado. Las prácticas tradicionales de respeto por los oyentes, los televidentes y los usuarios de las nuevas fuentes de información como lo son esas redes sociales, deben volver a primar por sobre el síndrome de la chiva. Lo mismo deben hacer los que tienen sus fieles espirituales y sus seguidores políticos. Pero esto no parece ser el interés de los responsables de esa fatiga noticiosa.

Y mientras las autoridades encargadas por las leyes de dar seguridad física a los ciudadanos y optimizar la vigilancia del destino de los dineros públicos no rescaten su importancia y respeto que tuvieron hasta años pasados, nada prometedor tampoco aparece en ellas. Los escándalos son el pan de cada día buscados con lupa por los medios de comunicación para aumentar su audiencia, que ya hasta tienen sus propias secciones de investigación y que, en muchos casos y por las torpezas de esas instituciones, obtienen más y mejores resultados. Todo está, pues, patas arriba y las funciones están trocadas. Los ciudadanos necesitamos guías ciertas para ver por cuál camino queremos continuar.

Si a esto se le suma la falta de confianza que también se han ganado los líderes políticos, la nubes oscurecen más el cielo y hay un permanente aguacero de malas noticias. Porque es el oficio de ellos orientar a la opinión con sus propuestas y esa carencia…  pues la desorienta. Hace algunos días se dijo que habría algo así como un debate ideológico tempranero entre varios candidatos que militan en el centro del espectro político, pero hasta ahora nanay cucas. No sabemos para dónde iremos. Vamos a ver si a Humberto De la Calle, Sergio Fajardo, alguno de los Galán y los otros que se muestran ya como precandidatos… les suena la flauta.

TÓXICA FATIGA INFORMATIVA nos entregan diaria y nochemente los medios de comunicación. Y su propiedad por parte de poderosos grupos económicos los hacen más sospechosos.

Coletilla 1: En donde sí hay alguna esperanza, es en la vinculación que nuestros 18 municipios norteños deben tener con el Eje Cafetero. Este mismo portal informativo nos contó que la propuesta de construir un hospital de cuarto nivel va a ser cristalizada y que su cobertura alcanzará hasta el departamento del Tolima (recientemente vinculado a esta R.A.P.) y nuestro Norte. Lo que no supimos es cuántos y cuáles de ellos recibirán ese beneficio, que facilitaría enormemente los tratamientos que necesitan niveles superiores de los que carece el hospital de Cartago.

Coletilla 2: Ésta ya oficializada aceptación por parte de los dirigentes caldenses, quindianos y risaraldenses de que nosotros hacemos parte de esa nueva Región, nos mueve a creer que también se pensará en otras soluciones a problemas comunes como el agua potable, los vertederos de desechos, la universidad pública para nuestra futura Provincia, las vías terciarias promotoras del turismo rural y salvadoras del mercadeo para las cosechas, el tercer nivel para nuestro propio hospital, etc., etc., etc.   

Coletilla 3: Hay un sistema para ver gratuitamente más de una docena de canales de televisión, cuya sigla es TDT. Por TeleCafé lo promocionan y muestran una antena con forma diferente: una pequeña caja rectangular, de color azul fuerte y sin los alambres de las otras que, de todas maneras, sirven para los aparatos nuevos que tienen ya incorporado ese sistema. Pero en Cartago ningún almacén de artículos electrónicos comercializa esa cajita. Así estamos: en poder de los que cobran por ese servicio… que es público hasta donde yo sé. Otra cosa son los canales privados, que de todas maneras utilizan el espectro electromagnético de propiedad del Estado.

Nota aclaratoria
Las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

 

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Gustavo García Vélez

Cartagüeño raizal, bachiller del colegio Liceo Cartago, egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad Libre, ex concejal liberal de Cartago, comentarista público desde hace más de 30 años en medios impresos y radiales.

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