Columnistas

Lo insoportable como efecto del aislamiento

“El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas procedentes ni enmendarla en sus vidas posteriores”, Kundera.

Insoportable, es quizás la palabra que mejor describe los efectos de un aislamiento que supera las expectativas de los gobiernos y  rebosa la realidad de quienes la viven en condiciones desfavorables,  aquellos a quienes sorprendió en un estado de vulnerabilidad, que no solo puede ser reducida al estrago económico; sabemos que el mundo está cambiando, que el mundo ya cambió y que las cosas, tal vez sean  diferentes, pero no es realmente eso lo que golpea.

El sentimiento de inseguridad atiborró tan rápido el mundo, inclusive mucho antes de que el virus llegara a muchos lugares. El no poder anticipar estos eventos, pudo haber producido una disonancia entre los pensamientos y los actos, de un gran número de personas, generando un malestar psicológico que para reducirlo, se puede llegar hasta el punto del autoengaño.  ¿Pero por qué un autoengaño? A pesar de toda la información que se ha recibido de lo que hasta hoy son fuentes confiables, sustentadas en la evidencia,– la ciencia, se ve interceptada por teorías conspirativas que finalmente quedan en la especulación y el dramatismo. El intento por mantener la coherencia de la vida como la conocíamos, a muchos los arrastra a otorgar y someterse a las conductas que auspician estas teorías. Gente sin tapabocas, sin el distanciamiento, y la desinfección, refuerzan cada día la negación de la realidad “esto no me afectará, eso no existe”.

Muchos en silencio absorben cuanta información les llega, sin un discernimiento claro, se dejan sucumbir por las mal intenciones finales que tienen estos mensajes; ansiedad, depresión, rabia, perdida del sueño, tristeza, paranoia, brotan simultáneamente con el virus, la salud mental se ve sacudida con mucha más contundencia por la desinformación, pensamientos obsesivos llevan a cumplir rituales que exceden la razón y el juicio, y ponen aún más en peligro la vida.

Las manifestaciones de lo insoportable ha llegado hasta el punto de tener ideas de muerte, intentos suicidas y el suicidio. En Medellín por ejemplo, se reporta un aumento del 26% de suicidios durante el aislamiento, señalando que al menos una pérdida de vida diaria se está dando por esta causa, igual que en Bucaramanga se manifiesta que la intensión de suicidio aumento en un 40% de la misma manera que la violencia intrafamiliar, solo por mencionar algunos datos de los que reporta las noticias nacionales y gobierno a través del  incremento de llamadas a la línea 155 dispuesto para atender estos hechos asociados a la violencia intrafamiliar.  

Noticias como la del seis de mayo, son desgarradoras, escalofriantes, que relatan como una mujer joven de 28 años, decidió ponerle fin a su vida luego de que se encontrara en una situación económica calamitosa. A causa del aislamiento, no pudo volver a trabajar cantando como lo hacía cotidianamente en los buses y restaurantes para llevar el sustento a sus tres hijos y su mascota que consideraba como un hijo más; relatan además las noticias, que la mujer pidió ayuda a través de sus redes sociales, y denunciaba que había sido acosada y humillada por el arrendador de la casa para que le pagara. Indignación, enojo, y hasta maldiciones se emiten hacia personas que llegan a cometer estos actos, quizás, desde un pedestal moral o de la posición de un equilibrio mental.  Este tipo de actos, me recuerda aquella frase que leí en el vendedor de sueños de Augusto Cury, que dice  que: “quien se suicida, realmente no quiere matarse, quiere es matar su dolor”.

Estos son hechos, que indudablemente, nos apenan, nos entristecen, pero que son el reflejo de la precariedad mental que están viviendo miles de Colombianos, que no se resuelve con la apertura de una sola línea telefónica a nivel nacional, para atender la salud mental de miles,  se necesita de una verdadera transformación en  la importancia de la salud mental, del papel fundamental de la ciencia y del verdadero sentido de la empatía. Este sentimiento de inseguridad, no solo está arrebatando vidas de manera catastrófica, como es un suicidio y el duelo  para las familias que quedan, lo insoportable, se vuelve cada vez más pegajoso, manifestaciones públicas, con aglomeraciones, ponen en riesgo la salud de quienes salen a reclamar sus derechos, una dicotomía que no es fácil de luchar, me quedo en casa y muero de hambre, o salgo y me contagio.

Lo insoportable se expande ahora tan rápido como el virus, se contempla la posibilidad de deserción escolar más grande durante los últimos años, los papás no soportan la idea de continuar todo el año con las dificultades académicas y tampoco quieren mandar a sus hijos de nuevo al colegio para contagiarse, médicos son amenazados de muerte por no salvar las vidas de los infectados, otros, porque temen ser contagiados por ellos, artistas, se lanzan a las calles a esperar la reprocidad del público al que le han dado tantas alegrías. Lo insoportable, es, a mi manera de ver, el efecto que se ha producido durante el aislamiento y, del como lo regulemos, será el camino que nos permitirá retornar con bienestar físico, mental y emocional a nuestras actividades.

Nota aclaratoria
Las opiniones de los columnistas son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.

icon-newsSíguenos: Entérate de las noticias de CiudadRegion en Google News

Santiago Rubiano Gutiérrez

Nacido en la ciudad de Manizales Caldas en el 24 de diciembre de 1992-- hijo de Carlos Alberto Rubiano y Mónica María Gutiérrez. Llegué a Cartago Valle a los tres meses de nacido, donde estudié en la escuela Roberto Delgado parte de la primaria y posteriormente continué mis estudios en el Colegio Antonio Holguin Garcés donde recibí el título de bachiller técnico en administración de empresas y en alianza con el Sena, el título de técnico en creación de empresas y su plan de negocios. Mientras estaba en el colegio estudiaba música con mi Padre quien se desempeñó como trompetista durante muchos años en la banda municipal de Cartago, aprendí a tocar el Trombón, donde participe desde el año 2008 hasta la fecha en grupos musicales de la ciudad, orquestas, chirimías, mariachis, también como trompetista. En el año 2015- 2, comencé mis estudios en Psicología en la Universidad Católica de Pereira, donde recibí el título de psicólogo con honores por trabajo de grado -En discapacidad- estrés postraumático y autoconcepto el 13 de marzo del 2020.

Deja tu comentario

Cerrar