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Sotará y Tribugá: solo contentillos

Mafalda pregunta: ¿por dónde hay que empujar este país para llevarlo adelante? El mismo interrogante funciona con todo el planeta, especialmente en los países del Tercer Mundo del cual Colombia es todavía integrante. Aunque en los ya desarrollados la paquidermia del Estado también logra paralizar -o al menos retrasar- el desarrollo. Y de ello es responsable la burocracia oficial.

Desde 1953 se viene hablando de otro puerto marítimo en la Costa Pacífica, alterno a Buenaventura. Y hoy, con el crecimiento de las exportaciones e importaciones, todo indica que se necesita más darle a nuestra economía esa ganga. Tribugá es una bahía en jurisdicción chocoana y allí han puesto los ojos inversionistas privados, agrupados en la empresa Eureka con sedes en Bogotá y Manizales. Estudios contratados por ellos indican que es muy factible y que para nada atenta contra el medio ambiente, como es la acusación principal de los enemigos de ese proyecto. Solo abarcaría una parte mínima del bosque nativo, mucho menor que la empleada por las dos muy amplias vías carreteables ya construidas y que vienen desde Arauca y los Santanderes en el oriente del país. Acaban de suspender la realización de esa idea, en la que ya se han invertido ingentes recursos. Todo parece indicar que al Arquímedes de esta empresa todavía no se le ha prendido el bombillo para poder gritar… “eureka, encontré la solución” como lo hizo este sabio griego.

Y aquí no más, en la otra margen de río “De La Vieja”, desde hace 12 años (empezando el gobierno de Juan Manuel Santos) se ha buscado unir a las troncales Panorama y Panamericana, sin entrar a Cartago para no congestionar su zona urbana con tractomulas. La idea es construir una vía de 25 kilómetros desde el sitio Sotará -en la carretera a Pereira, antes de Cerritos- y hasta la hacienda El Badial, en la orilla del río Cauca, al frente del aeropuerto Santa Ana. Y desde allí un puente sobre este afluente con la intención de que, pasando por nuestro aeródromo, siga al corregimiento de Zaragoza para conectar con la carretera que conduce al centro y sur del Valle del Cauca. A mediados de 2016 se volvió a hablar de este proyecto, que en esa época costaba $100 mil millones. “En un año comenzará la construcción de esa vía”, se dijo a través de las redes sociales.

No recuerdo la fecha exacta, pero en la Cámara de Comercio de Cartago hubo una reunión presidida por el entonces ministro de obras públicas Andrés Uriel Gallego, quien reafirmó el propósito del gobierno nacional de llevar adelante este proyecto para el cual -dijo- ya se contaba con los recursos en el presupuesto nacional. Pero hasta hoy nada de nada. Parece que una mano negra se metió y atrancó esta idea redentora. Y creo que reconozco el “olorcito”… y de donde sale. En la semana que termina leímos en este mismo portal informativo que tuvimos la visita de funcionarios caleños, quienes trajeron la chiva de que la gobernación de este departamento tiene entre ceja y ceja la vía Sotará-Santa Ana-Zaragoza. Todo indica que no tenían otro tema para proponernos, escarbaron en los archivos olvidados y encontraron éste. Contentillo se llama eso.

Uno no entiende el porqué en este Norte nuestro -con más de 600 mil habitantes- no aparece el líder que empuje esta parte del país. Tribugá tiene sus dolientes… y con poder. Al menos se sabe que allí sí hay luz en la poterna y guardián de la heredad. No dudo que llegarán hasta agotar los recursos que tienen para lograr que finalmente se acepten sus criterios. Pero a Sotará le falta quien siga insistiendo, sin importar con quienes tenga que casar la pelea para defender los intereses de los cartagüeños y de todos los norteños, porque el funcionamiento del aeropuerto de Santa Ana es una necesidad para toda Colombia, que nosotros podemos ofrecer. Esa vía sería como una arteria por donde circule la sangre oxigenada que reviva a la capital natural de esta parte de nuestro país.

EUREKA, que en griego significa “lo descubrí”, es la exclamación que esperamos oir si se concretan los proyectos de Sotará y Tribugá. El sabio Arquímedes la pronunció al comprobar que la corona de un rey sí era de oro puro, pues el volumen del agua que desplazó en una bañera fue igual al que contenía una réplica vacía de la corona con el mismo líquido. Hoy este Principio de Arquímedes se aplica en el flotamiento de los barcos y el vuelo de los aviones.

Dice mi amigo Héctor José Sánchez Gil -quien hace años quiso ser alcalde de Cartago y lanzó su candidatura- que los electores parecen no tener sentido de pertenencia y les entregan su voto a unos perfectos desconocidos, que ni nacieron, ni se criaron, ni residen en este Norte. Eso es cierto y todos los hemos visto antes de las elecciones paseándose por el Parque de Bolívar, inclusive con actitudes desafiantes como la de un pereirano candidato al Congreso al que seguían sus escoltas… con caras de drogadictos. Termino con la frase con la que comencé este artículo, adaptándola: ¿Por dónde hay que empujar este Norte para llevarlo adelante? Mafalda también dijo que: “Tenemos hombres de principios, lástima que nunca los dejan pasar del principio”.

Coletilla 1: Vergonzoso el espectáculo de Trump en el debate con Biden. Los medios de comunicación de ese país publicaron el número de las mentiras que dijo, sin ningún rubor. Por ejemplo: el moderador le preguntó cuánto había pagado de impuestos y contestó que millones, cuando toda la opinión pública mundial ya conocía la denuncia de uno de los diarios más importantes dando la escasa, ridícula cifra. No es más que un pobre diablo, empresario fracasado, con inmensas deudas… y alma arribista. Su llegada hasta donde está demuestra la decadencia de esa potencia mundial.

Coletilla 2: Terminó una excelente serie por RCN, grabada el año pasado: La Cara Oculta, basada en un novela de Germán Castro Caicedo. Con muy buenos actores colombianos no muy conocidos, es la radiografía de lo que está pasando aún con la alianza entre narcos, paramilitares y los que extraen ilegalmente oro en Urabá. Mientras tanto, en Caracol continúa el bodrio que refleja su mediocridad en el argumento, los diálogos… y la vulgaridad de una ninfómana.

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Gustavo García Vélez

Cartagüeño raizal, bachiller del colegio Liceo Cartago, egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad Libre, ex concejal liberal de Cartago, comentarista público desde hace más de 30 años en medios impresos y radiales.

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