Columnistas

¿Vuelven los púlpitos?

Con el imperio de la relatividad (que sí… pero que no), se observa como un intento de volver a pronunciamientos marcados y bien definidos por líneas filosóficas conocidas. Es el caso de instituciones como los partidos políticos y el triunfo de Biden en Estados Unidos podría ser uno de esos amagues, revitalizando al partido demócrata, que con el republicano son los dos tradicionales de ese país. Hasta la Iglesia Católica está enviando mensajes en el mismo sentido.

En la semana que pasó se difundió una directriz del Vaticano, en la que sugieren volver a tres cosas enantes fundamentales para los sucesores de Pedro: el púlpito como el sitio desde donde se difunda el dogma; la lectura de los textos bíblicos, evitando las improvisaciones que hoy son la moda, sobre todo entre los curas jóvenes; y ofrecer al final un silencio respetuoso para que los fieles mediten acerca de lo que acaban de oir, en lugar o antes de las explicaciones que el sacerdote haga en su homilía, que en muchas veces oscurecen el real significado de los libros sagrados.

En mi niñez todavía se usaban los púlpitos y recuerdo al padre Hernando Botero O´Byrne tronando (ese era su talante) desde allí, con la mirada muy bien puesta hasta en el vestido de las mujeres que participaban del culto. Fueron muchas las que recibieron sus latigazos verbales y delante de todo el mundo, porque al cura no le gustaron los escotes que lucían. El templo de San Jorge se caracteriza por las hermosas tallas en madera de puertas e imágenes y el sitio desde donde se leía el evangelio no era la excepción. Pero con el aggiornamento exigido después del Concilio Vaticano Segundo… lo quitaron y no sé en dónde se conserva. La elevación de esa ayuda mobiliaria le daba como cierta majestad al oficiante y, en consecuencia, a lo que decía. Los mensajes subliminales han sido siempre un factor importante para darle credibilidad a lo que se dice.

Y con la difusión de varios textos hablando de lo mismo, se necesita leer directamente de los que son aprobados por las autoridades eclesiásticas. No creo que haya nada que atente contra lo que ya se conocía, antes del hallazgo de los encontrados en el Mar Muerto en la década de los años 40 del siglo pasado. Por el contrario: creo que reitera lo que por siglos se venía afirmando y hasta con más énfasis. Es el caso de la secta a la que pertenecían esos libros, escondidos por siglos en las arenas del desierto y que confirma el mensaje y hasta el carácter de Juan El Bautista. Otra cosa son las homilías de algunos sacerdotes en las que se nota una completa improvisación, que impide la necesaria claridad del mensaje para reafirmar la fe de los asistentes… y captar la de otros.

La meditación acerca de lo que se escuchó es para mí lo más importante, no solo en el caso de las creencias religiosas, que también en las filosóficas o políticas. Comprender el mensaje es la garantía de una militancia real y efectiva. Lo contrario es recibir y tragarse un bazuco espiritual para calmar las angustias del diario vivir y convivir. Hay que digerir lo que se oye, comprenderlo muy bien para que alimente el espíritu. Todas las instituciones, pues, deberían acudir a una renovación en la praxis de la difusión de sus mensajes. Estos momentos de confusión que vivimos requieren -y de qué manera- creer en algo para buscar el futuro. Y si es necesario retroceder para avanzar después… hay que hacerlo. Hasta en el fútbol se hace eso.

En la más reciente encuesta se observan estas dudas de los ciudadanos. Que sí… pero que no. Aumenta la popularidad de dirigentes políticos, pero también su impopularidad. Los que aparecieron como los mejores alcaldes del país paradójicamente no están en los primeros lugares y la opinión pública está marcando ya la tendencia de los candidatos, aunque no concuerda con los mensajes que los mismos difunden. Por eso digo en este escrito que la claridad debe ser la norma, si queremos apuntar en la correcta dirección.

MUY PARECIDO AL PÚLPITO DEL TEMPLO SAN JORGE DE CARTAGO que estaba adosado a una columna. Con los cambios ordenados por el Concilio fue retirado. Ahora el Vaticano ha sugerido reponerlos.

Coletilla 1: Lástima que el clima haya impedido observar directamente la conjunción de los planetas Saturno y Júpiter el lunes pasado. Afortunadamente hubo ayudas efectivas como la de la Nasa, que en vivo y en directo la transmitió. Estos fenómenos celestes inducen también a la meditación y las distancias en el espacio y en el tiempo nos confirman… lo pequeños que somos. Millones de kilómetros y millones de años nos separan de esos eventos.

Coletilla 2: Las reglas de la creación y la marcha de los planetas por el espacio obedecen ciegamente a las matemáticas. Comparando lo sucedido a la gripa española de comienzos del siglo 20 con el avance de esta pandemia que sufrimos hace un año, me pregunto el porqué aquella se acabó prácticamente sola (no hubo vacunas universales), como si su mecanismo biológico tuviera la orden de autodestruirse. ¿Será posible ese “suicidio” viral? ¿Que se cansa de mutaciones y decide desaparecer… como por encanto? Dios lo quiera.

Coletilla 3: “Pásela por inocente” era otra exclamación divertida, junto con los juegos al regalo navideño y se trataba de hacerle creer al contrincante algo que era una mentira. No le encuentro relación firme con el texto evangélico que afirma que Pilatos, el procurador romano (y él mismo judío) ordenó la muerte de los niños de su propia etnia menores de dos años, apenas supo el nacimiento de Jesús, pues consideró que era un peligro para su poder. Aquí se podría adaptar a lo que dicen algunos dirigentes con sus “acciones y prevenciones”. Esto siento cada vez que escucho al ministro de defensa, repitiendo -un día sí… y otro también- lo mismo: la captura del “máximo dirigente” de algún grupo al margen de la ley. Cero y van… varias docenas. Y nada que el tal nido de asesinos se acaba.

icon-newsEntérate de las noticias de CiudadRegion en Google News

Gustavo García Vélez

Cartagüeño raizal, bachiller del colegio Liceo Cartago, egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad Libre, ex concejal liberal de Cartago, comentarista público desde hace más de 30 años en medios impresos y radiales.

Deja tu comentario

Publicaciones relacionadas